21 VOCES PODEROSAS QUE DESAFÍAN Y REDEFINEN LA ARQUITECTURA DESDE LA COLECTIVIDAD. REFLEXIONES QUE OFRECEN LUCES A LAS NUEVAS GENERACIONES Y SEÑALAN LOS RETOS PENDIENTES HACIA UNA ARQUITECTURA MÁS INCLUYENTE, SOLIDARIA Y CRÍTICA.

Durante cinco años, Acto de Protesta ha sido mucho más que un movimiento: ha dado voz a historias invisibilizadas y se ha convertido en un espacio vital para repensar la arquitectura desde una perspectiva feminista, ética y colectiva. Vincula a destacadas mujeres arquitectas, diseñadoras y artistas de México, Latinoamérica e Iberoamérica. Por ende, la consolidación de este movimiento en la publicación Acto de Protesta 2020-2024 representa no sólo el registro impreso de un proceso de lucha, sino también una apuesta por redefinir el papel de la mujer en la profesión y en la sociedad, abriendo nuevos horizontes para la práctica arquitectónica.

Este libro, coordinado por Gabriela Carrillo, Zaida Muxí, Sofía Valenzuela y Gonzalo Mendoza Morfín, reúne las voces y reflexiones de 21 mujeres que ofrecen un enfoque renovado para repensar la arquitectura como acto político, social y cultural. Pero, ¿qué significa realmente este movimiento? ¿Qué significa para estas voces la consolidación de esta publicación? ¿Qué aprendizajes extraen para las generaciones futuras? ¿Qué impacto buscan y qué falta por hacer?

Esta nota examina el significado profundo de este proceso a partir de las voces de sus protagonistas, cuyas reflexiones ofrecen luces para las nuevas generaciones y señalan retos pendientes hacia una arquitectura más incluyente, solidaria y crítica.

La materialización de la protesta: Un tejido simbólico y afectivo

Acto de Protesta se define primordialmente como una comunidad comprometida con la visibilización y valorización de las experiencias de las mujeres en la arquitectura, reconociendo que construir memoria es un acto político fundamental. 

¿Por qué es tan importante preservar la memoria? Porque cada historia invisibilizada es una voz que se apaga. Es aquí donde cobra especial relevancia la insistencia en preservar la historia a través de un registro tangible, material y duradero, una respuesta consciente a la invisibilización sistemática que ha sufrido la producción femenina en la arquitectura.

Loreta Castro señala que el proyecto representa “el testimonio de cinco años de reunir a mujeres que queremos alzar la voz por todas las que nos dedicamos a la arquitectura”. Este gesto de unión no solo visibiliza, sino que legitima una manera alternativa de hacer arquitectura, basada en la colectividad y la ética feminista. En este sentido, el acto de registrar y publicar es en sí mismo una forma de protesta y resistencia.

Para Gabriela Etchegaray, el movimiento ha trascendido la dimensión simbólica para construir “una comunidad crítica y propositiva” sostenida en la constancia y el diálogo. Esta construcción colectiva, independiente de estructuras institucionales rígidas, permite imaginar otras formas de practicar y pensar la arquitectura desde un lugar que prioriza la horizontalidad y el cuidado mutuo.

En continuidad con esta idea, Zaida Muxí resalta la importancia de contar con registros materiales, en papel, que garanticen la persistencia de estas reflexiones y luchas más allá del tiempo inmediato y de las tecnologías digitales efímeras. La publicación funciona así como un archivo vivo, una herencia crítica para las nuevas generaciones que buscan comprender las tensiones y estrategias que atravesaron a sus antecesoras.

Por su parte, Rozana Montiel plantea que Acto de Protesta evidencia que “las ideas se materializan y nuestros pensamientos se vuelven tangibles cuando se intersectan, comunican y transmiten”. Esta materialización no es sólo física, sino simbólica y comunitaria, construida a partir de redes invisibles de colaboración y afecto que sostienen el movimiento.

Desde esta perspectiva, la protesta se entiende como un acto de cuidado: no se limita a manifestaciones visibles, sino que se extiende a la creación de redes que sostienen a quienes participan, fortaleciendo el compromiso y la coherencia para mantener vivo el potencial transformador del movimiento.

La protesta como espacio de creación: tejer horizontalmente la arquitectura

Es fundamental subrayar que Acto de Protesta redefine la protesta más allá de su comprensión tradicional como mera oposición o rechazo. En el marco de este movimiento, la protesta se convierte en un espacio fecundo para la creación y la imaginación política.

Gabriela Etchegaray explica que “la protesta no es solo un acto de oposición, sino también un espacio donde se pueden imaginar otros futuros y ensayar maneras alternativas de habitarlos”. Esta afirmación revela un cambio paradigmático: la protesta deja de ser solo una reacción para convertirse en una fuerza productiva que genera nuevas formas de entender y habitar el mundo.

Loreta Castro describe cómo esta nueva arquitectura propone “tejer en horizontal”, vinculando ámbitos diversos —lo ambiental, lo urbano, lo social, lo cultural, lo económico y lo político—. Esta horizontalidad rompe con la lógica tradicional que entiende la arquitectura como arte del objeto y del autor, para concebirla como práctica inserta en complejas relaciones humanas.

Tatiana Bilbao aporta una dimensión ética y temporal al señalar que la resistencia es “un compromiso a largo plazo, una entrega de por vida”. Esta resistencia prolongada exige paciencia, constancia y profunda responsabilidad política, y redefine la arquitectura como disciplina que debe incorporar el cuidado y la justicia social como pilares fundamentales. Así, reconoce que la labor de la arquitectura debe estar inseparablemente vinculada a la defensa de la dignidad y los derechos de los cuerpos y los territorios.

Cuidado, desaprendizaje y comunidad: el poder transformador de la sororidad

La fuerza del movimiento reside en su capacidad para construir comunidad y practicar el cuidado mutuo como un acto político radical. Alessandra Cireddu sintetiza este aprendizaje al decir que “hacer comunidad, cuidarnos y caminar juntas es lo que marca la diferencia”.

Este proceso comunitario implica también un profundo acto de desaprendizaje. Ana Elena Mallet reflexiona y reconoce la complicidad inconsciente en sistemas violentos,  al comprender que a menudo se es “cómplice sin querer de un sistema que ya existe y está establecido porque así lo aprendimos”. Esta introspección evidencia que la transformación no solo debe ser hacia afuera, sino también desde adentro, exigiendo revisar y cuestionar nuestras prácticas, discursos y posturas dentro de un sistema que reproduce desigualdades, para desaprender hábitos y así transformar nuestras prácticas. 

Elena Tudela destaca que, además del aprendizaje profesional, Acto de Protesta ha generado redes de amistad y complicidad que sostienen a quienes deciden unirse a este movimiento. En este sentido, Gabriela Etchegaray señala que el éxito y la duración del movimiento dependen menos del tamaño cuantitativo y más de “la calidad de las relaciones”, donde “el respeto, la escucha y el disenso” se vuelven herramientas para mantener la cohesión sin homogeneizar las diferencias.

Este reconocimiento del conflicto como parte natural y necesaria del proceso fortalece la comunidad y abre la puerta a la autocrítica y la evolución constante.

Los retos que persisten: inclusión real y justicia de género en la arquitectura

A pesar de los logros evidentes, el camino hacia una arquitectura plural y equitativa sigue plagado de desafíos. La subrepresentación y la invisibilización de las mujeres en espacios de decisión y reconocimiento siguen siendo un problema grave. 

Zaida Muxí lamenta que los foros de arquitectura continúan siendo mayoritariamente masculinos o con una presencia muy simbólica y minoritaria de mujeres”, lo cual implica una pérdida “de otras maneras de expresarse y producir”.

En la misma línea, Tatiana Bilbao advierte que “la revolución feminista no ha sido suficiente para lograr los derechos y privilegios para todas”, por lo que la lucha debe persistir con mayor intensidad y compromiso.

Desde una mirada más amplia, Elena Tudela invita a extender la transformación hacia sociedades más incluyentes, “con todes, incluyendo otras especies”, entendiendo que el cambio en la arquitectura es parte inseparable de una transformación social profunda, que no sólo involucra a lxs seres humanos. 

Finalmente, Gabriela Etchegaray vislumbra el libro como “un punto de partida”, una invitación a que cada contexto encuentre “formas de protesta, cuidado y creación propias”, evitando la imposición de un modelo único y abriendo la puerta a la diversidad y al cuestionamiento constante.

Un legado vivo: pequeñas acciones, grandes cambios

Acto de Protesta 2020-2024 es mucho más que una publicación: es un archivo vivo, un cuerpo de pensamiento y acción que abraza la complejidad, la diversidad y la contradicción. Es la expresión de una resistencia persistente que sabe que no será rápida ni lineal, pero que apuesta por la fuerza colectiva, el cuidado mutuo y la creatividad para transformar la arquitectura y la sociedad.

En palabras de Gabriela Carrillo, “cada pequeño paso es una acción que se multiplica invisiblemente en algún lugar y en algún tiempo”. Este libro es uno de esos pasos: una invitación a seguir moviendo montañas juntas, con la firme convicción de que otra arquitectura es posible y urgente.


Fecha de Publicación:
Martes 12/08 2025