UN ESPACIO DE RELAJACIÓN, TRADICIONES Y PRÁCTICAS SUSTENTABLES EN EL PUEBLO MÁGICO DE TEPOZTLÁN, MORELOS.

Dentro de una selva que se calcula tiene 300 años de edad –según nos cuenta Maritere Zaballa, Gerente General, en Tepoztlán, muy cerca de la Ciudad de México, se encuentra lo que hasta hace unos años era la casa de descanso de una familia, y que ahora es Amomoxtli

Un pavimento empedrado da la bienvenida a la antesala al edificio principal. La propiedad hoy pertenece al grupo hotelero mexicano Hamak, quienes la convirtieron en un hotel boutique, adecuando sus espacios, pero manteniendo la esencia. Por ejemplo, la casa aún conserva la sala de estar de manera original. Hoy funge como estancia y también como punto de reunión de eventos televisados, pues es el único lugar que cuenta con televisión.

Siguiendo el recorrido, encontramos el estanque, que es otra de las partes originales de la finca. Cuenta con ecosistema perfecto. Lo habitan goldfishes, no hay mosquitos, y el agua se recicla utilizándola para regar. Esta parte también es la zona de relajación después del spa.

Amomoxtli es naturaleza. Está rodeado de montañas. Los jardines llenos de plantas endémicas de la región, como ahuehuetes o amates; cactáceas, buganvilias y hierbas que pe usan en la cocina y tratamientos del spa.

Spa

Es totalmente abierto. Está rodeado por un río; un brazo de éste corre por un lado y el otro recorre la propiedad para ambos terminar en el jacuzzi. Con ello podemos deducir que aquí es el “amomoxli” por definición, porque esa palabra significa “lugar entre dos ríos”, precisamente.

Cuenta con una gran oferta de masajes, temazcal y otras terapias. Todo inspirado en el legado medicinal ancestral. Reúne tradiciones prehispánicas de miles de siglos en diferentes ámbitos para aplicarlas a experiencias de bienestar, mezclando ingredientes locales y técnicas de prácticas antiguas con los avances y terapias contemporáneas, logrando de esta forma transmitir los beneficios energéticos de este lugar místico.

Alberca

Seguimos caminando. El siguiente espacio que nos llena la vista es la alberca. El agua está templada y en sus extremos tiene dos tinas de hidromasaje. Muy cerca se encuentra un bar y cuenta con servicio de alimentos durante el día. No necesitas alejarte de aquí para nada, lo tiene todo.

En el jardín también se encuentra un salón para yoga y meditación, que también se usa para eventos varios.

Habitaciones

Llegamos a los espacios privados. El hotel cuenta con 34 llaves. Todas las habitaciones están integradas al ambiente natural que se vive en Amomoxtli. Por dentro son de estilo mexicano rústico, con detalles que te recuerdan que estás en Tepoztlán. El interiorismo estuvo a cargo de Nicolás Domínguez, uno de los directivos del grupo Hamak Hotels. El mobiliario fue pintado a mano para personalizar los espacios. Los tapetes son de productores oaxaqueños que trabajan por pequeños lotes. Igual que los objetos de barro negro que adornan el baño, en donde destaca la regadera y su diseño con mosaicos.

Cada habitación cuenta con su propia terraza. En ella hay un sillón, una fogata que se enciende con bioetanol y el techo es una celda solar con efecto pérgola. Durante toda la estancia encuentras ese olor único de Amomoxtli que también está presente en las amenidades como el shampoo y jabón. Estas colocadas en tamaños grandes con el fin de reducir residuos plásticos con las miniatura.

La atención es muy buena. Desde el recibimiento de Maritere con quien platicamos de todas los detalles del hotel, tradiciones y algunas historias de quienes laboran en Amomoxtli; hasta pequeños detalles como el eye opener (una canasta que llega a la puerta de la habitación a las 7:30AM con café y panecito recién hecho. O regresar por la noche y encontrar mazapanes en los burós.

Mesa de Origen

Su restaurante, Mesa de Origen, es un imperdible. No solo si eres huésped, sino también como visitante de Tepoztlán. Aquí se honra la cultura y la cocina regional.Trabajan muy de cerca con el comercio local. Productos y productores no solo del pueblo en el que están, sino de todo Morelos, un estado que tiene desde alta montaña hasta clima muy frío. Es decir, cuenta con una riqueza natural muy vasta.

Cada detalle ha sido cuidado. Como las vajillas. En la alberca, te servirán con la vajilla azul, original de la casa, honrando precisamente la historia de la hacienda. En el restaurante, por la mañana tus alimentos estarán en una tradicional vajilla de barro. Por la noche, en una selección más ecléctica en su mayoría del taller de Cerámica Experimental, de Coyoacán.

En su mayoría de comida mexicana, con algunos guiños a la cocina internacional coo pizzas, pasta, la carta estuvo a cargo del chef corporativo del Eder Cervantes. Jesús, es el chef ejecutivo. El menú no tiene mayor complicaciones, es sencillo, rico y con porciones bien servidas.

¿Qué comer? Los tacos de jamaica, se han convertido en un clásico. Sin duda la cecina, las sopas. Los esquites. Por supuesto los postres, como el tamal de chocolate o los churros. Por la mañana no debes dejar de comer pan recién hecho.

Tradiciones como inspiración de sus actividades

Honestamente, si vas a Amomoxtli podrías quedarte todo el día disfrutando de sus espacios y las diferentes actividades que ofrecen. A través de ellas buscan compartir un poco de historia. Por que Tepoztlán tiene muchas.

Por ejemplo. Según cuenta la leyenda, el pulque nació en Tepoztlán. Por ello tienen una cata para re-conectar con el esta bebida y quitarnos falsas ideas que se han construido en torno al líquido. Las fiestas del pueblo son otra inspiración. En nuestra visita el panadero, Jonathan Ortiz, nos enseñó a hacer pan de feria.

También hay experiencias más sensoriales como recolectar hojas y flores para preparar tu propia infusión. Descanso con aromas bajo el árbol. Meditación al despertar. Y muchas más.

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Una buena opción para salir de la ciudad, disfrutar de momentos de relajación y conectar con la naturaleza.



  • TEXTO: Abigail Quesnel

  • FOTOS: Cortesía

Fecha de Publicación:
Martes 05/10 2021