EL MARTINI SUCIO DE TOMATE CHERRY CON MEZCAL SE CONSOLIDÓ COMO LA BEBIDA ESTRELLA DE UNA EXPERIENCIA SENSORIAL

En la Ciudad de México, entre velas, aromas y sabores inesperados, vivimos Anthema, una propuesta de cenas inmersivas que desdibuja los límites entre lo culinario, lo artístico y lo introspectivo. Su primera edición, titulada “Una noche de verano”, nos invitó a explorar cinco actos donde cada plato era un puente hacia lo efímero y lo perdurable.

Una bienvenida al ritual

El ingreso ya anunciaba que no se trataba de una cena convencional. Una escalera iluminada por velas guiaba hacia el espacio, donde la penumbra, las instalaciones florales y las proyecciones cromáticas envolvían a los asistentes. Las mesas, dispuestas con invitaciones personalizadas y menús, marcaban la pauta de un recorrido íntimo. Un bacanora de bienvenida abrió la experiencia, recordando que el tiempo en Anthema se mide más por sensaciones que por relojes.

El viaje de los cinco actos

La cena se articuló como un guion performativo dividido en cinco momentos. Cada plato llevaba nombre y narrativa propia, combinando ingredientes de temporada con un trasfondo de memoria, territorio y sustentabilidad.

  • Acto I. Lo sutil: Una ensalada de tomates de Oaxaca que revelaba variedades poco comunes, con formas casi florales y sabores que sorprendieron por su frescura.
  • Acto II. Lo oculto: Betabel cocido en miel con puré amarillo e infusión de cacao. Un bocado que evocaba al mole, intenso y profundo, considerado por muchos el favorito de la noche.
  • Acto III. Lo que respira: Zanahorias en distintas preparaciones —crudas, encurtidas, caramelizadas— que resaltaban la diversidad del mismo ingrediente.
  • Acto IV. Lo sublime: Hongos de lluvia con curry elaborado a partir de ingredientes reutilizados, ejemplo de la visión sustentable de Anthema.
  • Acto V. Lo que permanece: Un bizcocho de chocolate con frutos rojos y crema de limón, donde hasta la cáscara del betabel encontraba un nuevo destino.

Cada acto se acompañó de atmósferas visuales y sonoras diseñadas por imgn, mientras teresita flowers aportaba instalaciones florales que seguían el pulso estacional. El hilo conductor estuvo a cargo de mmmesa, integrando lo culinario, lo espacial y lo performativo.

Bebidas que cuentan historias

Entre los maridajes, destacó un Martini sucio de tomate cherry con mezcal, preparado con la salmuera de tomates encurtidos, aceituna y pimienta. Una bebida inesperada, fresca y compleja, que muchos consideraron la joya líquida de la noche. También hubo vinos de pequeños viñedos y licor de café producido localmente, reforzando el vínculo con la comunidad.

Una reflexión sobre el tiempo y el consumo

Más allá de lo gastronómico, Anthema propone detenernos. Cada edición es una invitación a la pausa, a vivir lo efímero como si fuera eterno y a cuestionar nuestra relación con el consumo. Los ingredientes de temporada, el trabajo con productores locales y el énfasis en el aprovechamiento total de los alimentos refuerzan una ética sustentable que dialoga con los sentidos y la memoria.

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La primera edición se llevó a cabo el 28 de agosto en la Colonia Condesa, en una locación secreta que integraba arte, diseño y comunidad. Con su carácter itinerante, Anthema promete futuras entregas en distintos escenarios, siempre fiel a su búsqueda: transformar una cena en un relato sensorial donde el tiempo deja de ser lineal para convertirse en experiencia. Te invitamos a estar pendiente de su próxima cena.


Fecha de Publicación:
Jueves 04/09 2025