LOS ANTROS DE LA COMUNIDAD LGBTTTI+ DE LA CIUDAD DE MÉXICO SON MÁS QUE UN ESPACIO DE ENTRETENIMIENTO.

Es el 2009, una fuerte escena creativa está en ascenso en la Ciudad de México. Diseñadores de moda, músicos, editores, fotógrafos, publirrelacionistas y muchos inventados se congregan en diferentes lugares para fiestear. El patio de mi casa, Pasagüero, Pasaje América y poco después el MNRoy, eran los espacios en dónde se gestó una generación de talento que a diez años ha transformado la ciudad. Cada personaje se representaba libremente. Se experimentaba con la moda y el maquillaje para capturar la atención de los primeros fotógrafos de streetstyle locales quienes subían todo a sus blogs.

En otros estados del país la situación era distinta. Los espacios de fiesta para la comunidad LGBTTTIQ+ tenían una connotación de ser espacios prohibidos. Era vergonzoso ser visto entrando o saliendo de alguno de ellos y casi estaban limitados a la población de hombres homosexuales. Era impensable que aliados heteros asistieran. En la Ciudad de México, ninguno de los antros antes mencionados era 100% gay, pero sí eran espacios seguros para la comunidad.

De la Bomba al Rico

Entre esa generación de jóvenes que veían la fiesta como un espacio creativo estaba David Alcantar, quien hizo una larga trayectoria en la producción de fiestas LGBTTTI+. “Nosotros no teníamos un proyecto específico pero perseguíamos la fiesta, nos gustaba la música y el ambiente.” En ese momento junto a sus amigos empezó a tocar en fiestas y luego a hacerlas. De un duelo de DJs nació la idea de Bomba, un proyecto de fiestas itinerantes que destacó por incluir a figuras de la cultura popular que se volvían memes. Carmen Campuzano, Pedro Sola y Niurka tuvieron un espacio como DJs en estos eventos.

Después la comunidad drag creció, influenciada en gran parte por la popularización de Rupaul’s Drag Race. En un principio Paris Bang Bang, Yolanda y Debra Men animaban las noches Bomba. A medida que el fenómeno del programa de televisión creció, las concursantes vinieron a México y Bomba fue la primera fiesta que las trajo. Muchas iniciativas alrededor de la república han hecho plataformas para divulgar esta forma de expresión, hasta un par de programas por internet en que diferentes drag queens locales compiten.  

Las fiestas necesitaban una sede fija y Beef/Puerca, un sótano en la calle de Independencia sirvió como anfitrión de éste y otros eventos. Al final clausuraron el espacio y en 2017, surgió Baby. El éxito fue inmediato y estos jóvenes que estaban más acostumbrados a salir a los antros de República de Cuba, La purísima y Marrakech, volvieron a la Zona Rosa. A finales del año pasado los socios del lugar se separaron y David creó Rico.

Rico, en la calle de Niza, tiene dos pisos y una terraza. Generalmente la planta baja está dedicada al reggaeton, la de en medio a los éxitos pop y la más alta hace un mix de ambas o algunos días, se vuelve más techno. Basta con pasar a las 11 de la noche de martes a domingo para darse cuenta del éxito que tuvo a menos de un año de apertura.

Los procesos de integración

La historia de Henri Donadieu y su mítico antro en la calle de Londres, El Nueve (que revivió y sigue activo ahora en Amberes), ha sido documentada a profundidad. Lo interesante es que este espacio abiertamente gay fue el primero que atrajo a los creativos de la década de los ochenta y mediados de los noventa. Fue una plataforma de difusión musical y cultural y este fenómeno se repite ajustándose a las necesidades de cada generación.

Ese Nueve que pisó Grace Jones, Sean Connery y que frecuentaba María Félix, Juan Gabriel y Sasha Montenegro, coincidió con un momento de aparente evolución ideológica en México. El activismo LGBT+ apenas comenzaba, las primeras marchas del orgullo se organizaban y la epidemia del sida hizo que de putazo, la comunidad se uniera y exigiera derechos antes negados. Xóchitl, una travestí que Guillermo Osorno documenta en Tengo que morir todas las noches, llegó a ser una figura con poder político en la capital, que avocó desde su trinchera por la creación de espacios diversos.

Hoy en Rico las chicas heterosexuales perrean junto a maricxs que voguean haciendo de su feminidad un estandarte político. Los hombres heterosexuales sujetan a su novia buscando evidenciar que no forman parte de la comunidad y hay los muy contados que disfrutan y aplauden a las drags que bailan subidas en diferentes plataformas alrededor del club.

Alberto Rebelo, fotógrafo y editor digital de la revista 192 comenta: “Al día de hoy, aunque la oferta parece vasta, y existe una creciente tendencia a que los espacios sean cada vez más inclusivos, estos siguen limitados a: los géneros musicales y  las preferencias sexuales (de una manera burda lugares para homosexuales y lugares para lesbianas). Pero pienso que los espacios LGBTTTIQ+ no tendrían que limitarse a la fiesta, sería interesante encontrar un restaurante, una cafetería, un centro de espectáculos… que no sólo tengan una leyenda de “aquí no se discrimina”,  sino que sea la misma comunidad el pilar de los mismos. La idea es que nosotros le enseñemos al mundo heterosexual a ser inclusivos y recibirlos en nuestros espacios para que en un futuro -reservadas las fijaciones de cada quién-, existan lugares dedicados exclusivamente a la convivencia humana.”

Estos espacios que deben de ser seguros para que la comunidad se exprese sin miedo a ser juzgada o discriminada, a veces no lo son. En lugares tan concurridos las miradas y empujones involuntarios pueden escalar a confrontamientos. Rico hace su parte. Las drags constantemente anuncian con el micrófono que es un espacio LGBTTTI+, que somos nosotros quienes debemos enseñar al “buga” a divertirse en nuestros espacios y el staff recibe cursos de sensibilidad. Saben que están en el ojo del huracán y que siempre están a una mala reseña o una publicación viral de perder la clientela que han logrado.

Redescubriendo la colonia

Cuando le pregunto a David si quisiera que Rico alcanzara niveles masivos de popularidad me dice que no. “Quiero que sea un espacio en el que todos nos sintamos cómodos y me da gusto que más gente heterosexual lo conozca. Era impensable que cuando yo empecé a salir mis amigos hetero vinieran a la zona rosa.”

Las filas para entrar a estos nuevos antros de jueves a sábado casi ocupan una cuadra completa. Quienes buscan vivir la experiencia deben de ser pacientes, pero seguro logran entrar. El formato de cadena no existe. Este fenómeno ha hecho que los jóvenes que no quieren esperar descubran otros espacios históricos de Zona Rosa que valen la pena ser visitados: el mítico Nichos que reúne a la comunidad de osos o el Vaqueros.

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El antro gay es un espacio que debe de ser cuidado y procurado. Ciudades enteras han encontrado en el comercio rosa y sus lugares de convivencia fuentes de ingreso y turismo excepcionales. También es verdad que otros lugares de reunión son necesarios para además de entretenernos entablar diálogo. Acá debemos de tomárnoslo como una labor conjunta. Los dueños de los lugares brindar seguridad, las autoridades generar iniciativas de desarrollo (que hasta ahora son nulas), y nosotros como asistentes educar a nuestros amigos.


  • TEXTO: Rodrigo De Noriega

  • IMÁGENES: Cortesía