LA ARQUITECTA ESPAÑOLA REFLEXIONA SOBRE LA TRANSFORMACIÓN EN LOS MODELOS DE VIDA Y EL VALOR SOCIAL DE LA ARQUITECTURA EN UN CONTEXTO DE CAMBIO ACELERADO
Al comienzo de nuestra conversación con Clara Solà-Morales, uno de los puntos más reveladores es también uno de los más sencillos: que la arquitectura comienza desde el lugar. No en un gesto formal, ni en un plano digital, ni en una idea preconcebida, sino en la capacidad de leer lo que ya existe y comprender cómo las personas se construyen y reconstruyen a través de los espacios que habitan.

Para Clara Solà, espacio y lugar no significan lo mismo. El espacio es posibilidad; el lugar aparece cuando esa posibilidad adquiere sentido y significado. Surge cuando un cuerpo se sienta, observa o toca, cuando un gesto mínimo activa una relación entre la persona y su entorno. La arquitectura se convierte entonces en un puente entre lo físico y lo imaginable, un modo de leer lo preexistente y transformarlo para acompañar nuevas formas de vida.
Su práctica parte de la premisa de que nada está vacío. Cualquier sitio —una casa, un jardín, un vestíbulo, una terraza— contiene memoria, tensiones, heridas y capas emocionales superpuestas. Trabajar sobre lo que ya existe implica interpretar ese lenguaje material y emocional que habla incluso antes de la llegada del arquitecto. Por eso no cree en comenzar desde cero, sino en comenzar desde lo que ya persiste.
Arquitectura como lectura y anticipación
Al profundizar en los procesos de su oficina, Clara explica que interpretar un lugar supone observar tres aspectos esenciales: la historia del sitio, su geometría y su relación con el exterior. A partir de ahí surge el trabajo de imaginar cómo reactivar ese tejido a través de una conversación con todo lo que estaba oculto, desgastado o subestimado.
En este punto insiste en algo que atraviesa toda su manera de pensar. No existe una única respuesta correcta. Cada proyecto es una decisión entre miles de variaciones. Lo importante no es la forma final, sino cómo cada elección recompone la continuidad entre pasado, presente y futuro.
La soledad: Una preocupación que se manifiesta desde la vivienda
A lo largo de nuestra conversación con Clara, ella aborda un tema que exige tener sensibilidad y ese es la transformación de la vida doméstica. En su lectura, la dinámica actual es evidente. Hoy pasamos menos tiempo en los espacios comunes de la casa y más en la habitación individual. Esta tendencia, acelerada por cambios sociales y tecnológicos, ha reducido la convivencia intradoméstica.
Surge entonces la pregunta. ¿Cómo es posible compartir menos con quienes, incluso, viven en nuestra propia casa o en nuestro propio vecindario? Lo que está en discusión no es únicamente el diseño de la vivienda, sino la noción misma de hogar en un mundo marcado por nuevos esquemas y paradigmas sobre lo qué es una familia, ritmos acelerados y, en consecuencia, sociedades fragmentadas que devienen en estados de soledad y desapego.

Para Clara, la arquitectura no puede permanecer al margen de esta transformación. Es necesario replantear el valor de las estancias compartidas, de los espacios de tránsito y de los encuentros casuales como estrategia para recuperar modos de convivencia que hoy se encuentran debilitados.
La responsabilidad delx arquitectx frente al mercado
En este contexto, Clara Solà enfatiza en la defensa de los espacios comunes frente a las presiones del mercado inmobiliario. Eliminar patios, terrazas o áreas de convivencia aumenta la rentabilidad, pero genera ciudades socialmente más frágiles.
“Cuando los arquitectos aceptan proyectos que borran todo espacio común, refuerzan una dinámica que luego es casi imposible detener”.
—Clara Solà-Morales
Aquí aparece el rol político de la disciplina. La tarea no es sólo proyectar, sino defender las condiciones que permiten vivir mejor. La arquitectura necesita recuperar su capacidad de ser útil, sensible y crítica al mismo tiempo.

El límite como posibilidad
En su práctica, los límites —ya sean normativos, físicos o presupuestales— no operan como restricciones, sino como detonadores de creatividad. Funcionan como bordes fértiles que permiten reorganizar la vida cotidiana mediante secuencias, transiciones y relaciones entre adentro y afuera.
La arquitectura se entiende así no como un objeto fijo, sino como una experiencia, la suma de decisiones que orientan cómo se comparte, se cruza o se habita.
Aprender la arquitectura desde lo cotidiano
Hacia el final de la conversación, Clara suplementa su postura al mencionar que la arquitectura no sólo se diseña, también se aprende. Saber ventilar una casa, aprovechar la luz, cuidar un patio o reconocer la importancia de una sombra es parte de un conocimiento cotidiano que se ha ido perdiendo.
Más que grandes conceptos, propone recuperar esta educación básica sobre cómo vivir mejor. La arquitectura puede ser una herramienta valiosa para lograrlo, siempre que se ejerza con atención y con una voluntad crítica.
Nuestra conversación con Clara Solà, nos recuerda que la arquitectura empieza en los lugares que habitamos, en las historias que contienen y en las posibilidades que abren. Sus ideas invitan a reconsiderar cómo vivimos juntos, por qué ciertos espacios desaparecen y qué papel juega el diseño en un tiempo donde la convivencia se ha vuelto un desafío. En esa mirada atenta y precisa aparece una arquitectura que no busca imponerse, sino acompañar, reparar y abrir nuevas maneras de estar en común.
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Texto: Sebastián Gaytán Hernández | Colateral
Fotografías: Sandra Pereznieto | Miguel de Guzmán
Fecha de Publicación:
Viernes 12/12 2025
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