PROYECTOS QUE PROPONEN NUEVAS FORMAS DE HABITAR EL TERRITORIO Y HACER ARQUITECTURA EN MÉXICO
En un país marcado por la crisis climática, la desigualdad territorial, la violencia estructural y la necesidad urgente de replantear nuestra relación con el entorno ante la saturación y explotación simbólica de las ciudades, la arquitectura impulsada desde Jóvenes Creadores ha dejado de ser solo un ejercicio técnico o formal. Hoy se entiende como un campo de investigación y pensamiento crítico. Proyectar y diseñar implica observar, escuchar, transitar y recordar, pero sobre todo asumir una postura ética frente al territorio y a las realidades que lo atraviesan.
Bajo esta perspectiva, los siete proyectos de arquitectura beneficiarios de Jóvenes Creadores 2024–2025, impulsados por el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), no buscan soluciones cerradas ni gestos espectaculares. Su fuerza está en la experiencia y en las preguntas que abren sobre la forma en que habitamos el territorio, el cuerpo y la memoria. En conjunto, son investigaciones que entienden la arquitectura no como un objeto final, sino como un proceso activo y un dispositivo cultural capaz de generar vínculos, activar reflexiones y transformar realidades junto a distintas comunidades.
Presentados al público en el Foro Jóvenes Creadores y en la muestra Arte en Movimiento, en el Centro Cultural San Roque de Puebla, estos proyectos delinean un panorama diverso y potente de la arquitectura joven en México. Más allá de cualquier lectura homogénea, comparten la intención de concebir la arquitectura como una herramienta para reconectar con aquello que ha sido ignorado u olvidado y para ensayar formas alternativas de convivencia y coexistencia.
Observar el territorio como materia viva
En 2025, varios proyectos de Jóvenes Creadores parten de una relectura del territorio como archivo vivo de procesos geológicos, históricos y sociales. Catalejos Urbanos, de Valentino Hernández, reflexiona sobre la desconexión entre lxs habitantes de Guanajuato y su patrimonio, a partir de intervenciones mínimas que funcionan como dispositivos de observación y memoria. A través de cilindros amarillos hechos con materiales reciclados y colocados sobre antiguos desechos mineros, el proyecto reactiva el vínculo entre la mina de San José de Rayas y la ciudad, invitando a mirar el paisaje desde la historia que lo conforma. La arquitectura aparece aquí como un gesto preciso de mediación que reconecta patrimonio, territorio y comunidad.

En Huellas de lava, Mario Niveo se aproxima al territorio volcánico que sostiene a la Ciudad de México desde la experiencia corporal. A partir de recorridos por los pedregales remanentes del Xitle, del dibujo y de la recolección de elementos del paisaje, el proyecto construye una relación sensible con las capas geológicas que anteceden a la traza urbana actual.
De este proceso surge la instalación Antes del lago hubo roca, desarrollada en colaboración con el Geopedregal del Instituto de Geología de la UNAM. La pieza se compone de piedras, cenizas, semillas y fotografías dispuestas en un gesto circular que condensa la memoria del paisaje. Al concluir su exhibición, la instalación regresa al territorio del que proviene, cerrando un ciclo donde el paisaje se entiende como proceso vivo, reversible y atento a la temporalidad que habita la ciudad.
Habitar lo doméstico, narrar lo invisible
Otros proyectos se mueven hacia la escala íntima del habitar para cuestionar las estructuras de poder que operan en lo cotidiano. U/Topías domésticas, de Brenda Isabel Pérez, cruza arquitectura, literatura y pensamiento feminista para analizar el espacio doméstico como escenario de violencia. La investigación parte de cuentos escritos por mujeres en México durante el siglo XX, como Inés Arredondo, Amparo Dávila, Elena Garro y Gabriela Damián Miravete, donde la vivienda aparece no como refugio, sino como espacio de control.
A partir de estas narrativas surge Habitario, un juego de mesa colectivo que transforma la arquitectura en una experiencia lúdica y participativa. Mediante piezas y cartas, la propuesta invita a reconfigurar espacios y relatos de la vida cotidiana desde el imaginario colectivo. El uso del guión diagonal (“/”) en el título (“U/Topías”) remite a las utopías posibles de Marcela Lagarde, aquellas que se construyen desde las condiciones reales de existencia. Así, el proyecto propone reaprender a habitar lo doméstico, desmontando jerarquías y violencias a través del juego.

En una línea afín, pero desde el lenguaje visual, Habitar las aspiraciones, de Brenda Soto, observa seis conjuntos habitacionales emblemáticos de la modernidad mexicana —el Centro Urbano Presidente Alemán, la Unidad Independencia, el Conjunto Urbano Nonoalco-Tlatelolco, Infonavit Iztacalco, Infonavit El Rosario y Los Héroes Ixtapaluca—para confrontar la vida cotidiana con las promesas institucionales del siglo XX: La visión de un futuro brillante, el ideal de comunidad, la afirmación de una identidad nacional, la dignificación del espacio y el anhelo de una vivienda propia. Lo que aparece no es el fracaso de la arquitectura, sino su transformación.
A través de la fotografía, el proyecto revela cómo la arquitectura moderna convive con el desgaste, las adaptaciones, las apropiaciones y los usos inesperados de sus habitantes, desbordando cualquier aspiración previa del Estado, lxs desarrolladores inmobiliarios o incluso de lxs propixs arquitectxs. La vivienda aparece así como un campo de negociación constante entre el ideal y la experiencia, donde el sentido de la arquitectura es otorgado por quienes la habitan.
Arquitectura en diálogo con el paisaje natural y el clima
La crisis climática atraviesa de forma central otros proyectos. Desde el giro, de Daniella Camarena, es una investigación que enlaza dos territorios y ecosistemas geográficamente distantes —Acapulco, tras el huracán Otis en 2023, y Tacloban, Filipinas, después del supertifón Yolanda en 2013— a partir del Giro Subtropical del Pacífico Norte. El proyecto plantea que los desastres climáticos no pueden entenderse como hechos aislados, sino como fenómenos profundamente sociales.
Desde esta lectura, Daniella señala que, aunque los eventos hidrometeorológicos forman parte de los ciclos naturales del planeta, los desastres que producen están directamente relacionados con desigualdades históricas, decisiones políticas y condiciones de vulnerabilidad preexistentes. La arquitectura y la investigación territorial se convierten aquí en herramientas para evidenciar esas conexiones invisibles y ampliar la conversación sobre responsabilidad, memoria y justicia climática.

Por otro lado, Atlas de bordes, de Annik Keoseyan, se centra en las áreas de conservación de la Ciudad de México. Ante la pérdida acelerada de suelo forestal y los vacíos institucionales que la favorecen, el proyecto propone un catálogo de infraestructuras limítrofes que operan al mismo tiempo como dispositivos urbanos y ecológicos. Lejos de plantear la reubicación o demolición de viviendas, parte de las dinámicas cotidianas para imaginar bordes capaces de funcionar como sistemas de captación de agua pluvial, gestión de residuos, reforestación y generación de zonas públicas.
La investigación se materializa en una serie de representaciones visuales que buscan detonar preguntas y abrir posibilidades para repensar la relación entre ciudad y naturaleza. Más que ofrecer soluciones cerradas, Atlas de bordes plantea escenarios posibles para configurar nuevas formas de habitar y coexistir en los límites entre el territorio construido y las áreas naturales de la ciudad.

Contra la anestesia sensorial del diseño en la era digital
Finalmente, La capacidad artística en el aprendizaje y práctica de la arquitectura, de Diego Escalona, propone una reflexión crítica sobre los procesos creativos del diseño arquitectónico en la intersección entre la era digital y el capitalismo. Frente a la supremacía de la tecnología y las lógicas del capital, la investigación cuestiona aquello que la disciplina ha dejado de lado al priorizar herramientas digitales y objetivos económicos por encima de los ejercicios sensoriales que históricamente han acompañado el acto de proyectar. El proyecto abre una pregunta necesaria sobre cómo recuperar la dimensión artística, corporal y perceptiva del diseño como parte esencial de la formación y la práctica arquitectónica contemporánea.
A partir de la exploración de procesos cognitivos y del diálogo con teorías de autorxs como Vygotsky, Juhani Pallasmaa y Reinier de Graaf, Diego Escalona plantea mecanismos de interacción entre las herramientas que configuran el quehacer arquitectónico. Su objetivo es proponer metodologías prácticas y expresiones artísticas que fortalezcan el oficio desde una dimensión sensible y reflexiva. La investigación subraya que acciones aparentemente mínimas —como el dibujo a mano y otros ejercicios que se apartan del ocularcentrismo— no buscan idealizar el pasado, sino operar como herramientas cognitivas y expresivas que sostienen el sentido profundo del proyecto arquitectónico.
Al mismo tiempo, advierte sobre la deformación del lenguaje arquitectónico cuando sus funciones se subordinan a las lógicas económicas. Frente a ello, el proyecto propone reinsertar estos ejercicios sensibles como un acto de resistencia ante la reducción de la arquitectura a mercancía. Así, la disciplina recupera su dimensión sensorial y se reafirma como un ejercicio de autoconocimiento y responsabilidad cultural, orientado a diseñar espacios que posibiliten el desarrollo político, artístico y existencial de quienes los habitan.
Porqué aplicar a Jóvenes Creadores
Las respuestas de estos siete proyectos coinciden en algo fundamental, Jóvenes Creadores no es solo un apoyo económico, sino un espacio de libertad para pensar e imaginar otras posibilidades. Opera como un paréntesis vital que permite a quienes inician su trayectoria detenerse, profundizar en principios conceptuales y formales, dialogar con tutorxs de distintas disciplinas y transformar una inquietud personal en una investigación con resonancia pública.

El acompañamiento entre pares, el intercambio de ideas, el diálogo interdisciplinario, el apoyo económico y la presentación pública configuran un ecosistema fértil para la creación. Jóvenes Creadores permite desarrollar proyectos que no siempre encuentran lugar dentro de la práctica profesional tradicional, pero que dialogan de manera directa con las urgencias del presente.
Aplicar a Jóvenes Creadores implica asumir el reto de formular preguntas complejas y honestas. Significa integrarse a una comunidad que entiende la investigación como un ejercicio de responsabilidad y compromiso colectivo. En el contexto mexicano, donde la creatividad ha sido una respuesta constante frente a la crisis, el programa se sostiene como uno de los espacios institucionales que siguen apostando por la profundidad, el proceso y la imaginación como herramientas reales de transformación social.
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Texto: Sebastián Gaytán Hernández | Colateral
Fotografías: Cortesía
Fecha de Publicación:
Lunes 22/12 2025
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