ALEJANDRO ARAVENA, BJARKE INGELS, STEVEN HOLL, MINSUK CHO, SHOHEI SHIGEMATSU, ALISON BROOKS, PIER VITTORIO AURELI, DIETMAR EBERLE, CLARA SOLÀ-MORALES E IWAN BAAN FUERON ALGUNAS DE LAS VOCES CONVOCADAS PARA PENSAR MODELOS, ESCALAS Y POSIBLES PRÁCTICAS

Del 18 al 21 de septiembre, MEXTRÓPOLI 2025 volvió a convertir a la Ciudad de México en un gran escenario para pensar la ciudad. En su duodécima edición, el festival puso a la vivienda colectiva en el centro del debate y desplegó un programa que combinó conferencias magistrales en el Teatro de la Ciudad “Esperanza Iris” con pabellones e instalaciones en la Alameda Central y la Plaza Manuel Tolsá.

Conferencias: voces que interrogan la vivienda colectiva

La jornada del viernes reunió a una constelación de referentes de la arquitectura internacional que abordaron el tema de la vivienda desde diversas perspectivas. Entre ellos estuvieron Alejandro Aravena, Bjarke Ingels, Steven Holl, Minsuk Cho, Shohei Shigematsu, Alison Brooks, Pier Vittorio Aureli, Dietmar Eberle, Clara Solà-Morales e Iwan Baan, convocados para pensar modelos, escalas y posibles prácticas.

Alejandro Aravena puso sobre la mesa una idea clave: la ciudad como un campo de disputa entre múltiples fuerzas —gobierno, mercado inmobiliario y ciudadanía— donde la arquitectura debe intervenir para disputar narrativas y generar vivienda “rápido, mucho y barato”. Más allá de lo novedoso de la premisa, la pregunta que quedó resonando fue: ¿padecemos un déficit de vivienda o un déficit de ciudad? En una metrópoli como la CDMX, marcada por la centralización y la expansión periférica, la reflexión cobra sentido: quizá la crisis no radique solo en cuántas viviendas se construyen, sino en cómo la ciudad integra —o margina— a quienes las habitan.

Las conferencias también mostraron el contraste entre perspectivas pragmáticas y visiones más utópicas. Bjarke Ingels, cerró con imágenes de una megaciudad futurista que provocaron reacciones encontradas, para algunos, inspiración visionaria; para otros, un espejismo. En esa tensión se abre un espacio fértil para discutir desde la arquitectura qué futuro de ciudad estamos proyectando realmente.

Sábado en la Alameda: Un laboratorio de ideas

El sábado 20, la Alameda y la Plaza Tolsá se llenaron de estructuras que dialogaron con la ciudad histórica. Entre las piezas instaladas destacaron propuestas como El árbol que se fue flotando (pabellón MEXTRÓPOLI 2025), concebida como un gran dispositivo de sombra y encuentro, y otras intervenciones surgidas de la convocatoria organizada por Arquine.

Los pabellones ubicados en la Alameda Central ofrecieron un registro distinto: la interacción directa con el público. En ese sentido, el más destacado fue Tzompantli en fuga, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Construida con acero, varilla y bloques de escombro reciclado, invitaba a reflexionar sobre la vida y la muerte de los materiales de construcción, y sobre cómo pueden adquirir una “segunda vida” en la construcción de nuevas viviendas. Sin embargo, más allá de su concepto, el pabellón fue apropiado espontáneamente por quienes transitaban la Alameda. Esa apropiación, intensa e inesperada, provocó que la estructura colapsara parcialmente y tuviera que ser clausurada. Más que un accidente, el hecho reveló cómo la vitalidad de la ciudad puede transformar el sentido de una pieza arquitectónica y evidenció la necesidad de pensar en cómo la arquitectura responde —o no— a usos imprevistos.

Otros pabellones, como Diplomacia ping pong, apostaron por generar interacción lúdica, mientras que algunos permanecieron como simples piezas de escaparate. En cualquier caso, el contexto urbano fue protagonista en todo momento: el ruido, el tránsito y la vida cotidiana de la Alameda se mezclaron con la experiencia del festival y sus instalaciones públicas.

Entre el debate teórico y la ciudad que interpela

MEXTRÓPOLI 2025 funcionó como un termómetro: por un lado, las conferencias proyectaron visiones de futuro y marcos teóricos; por el otro, las instalaciones y recorridos obligaron a confrontar esas ideas con la complejidad cotidiana de la ciudad. 

Si hay una lectura que dejó el festival es la necesidad de traducir discurso en políticas y proyectos ejecutables. La arquitectura puede imaginar alternativas, pero su impacto real exige coordinación institucional, modelos financieros y prácticas que promuevan la participación y el mantenimiento de manera sostenida. 

MEXTRÓPOLI 2025 no ofreció respuestas definitivas, pero sí dejó claro que la arquitectura se despliega tanto en los grandes discursos como en las apropiaciones de quienes habitan la ciudad: Un recordatorio de que la arquitectura está viva en la medida en que se cuestiona y se transforma.


Fecha de Publicación:
Miércoles 24/09 2025