«UNA PLATAFORMA DE EXPLORACIÓN CRÍTICA DESDE EL MUSEO EXPERIMENTAL EL ECO PARA IDENTIFICAR Y PROYECTAR A JÓVENES ARQUITECTXS

En junio de 2025, el Museo Experimental El Eco —bajo la dirección del Dr. Pablo Landa Ruiloba— celebró la trayectoria del Pabellón Eco a través del evento “10 Pabellones Eco”, una reunión inédita que convocó a nueve de los diez equipos ganadores en un acto que conjugó la reflexión crítica con la celebración de un legado en expansión. Desde su creación, este concurso ha ofrecido a jóvenes arquitectos la oportunidad de intervenir libre y materialmente el patio del Museo Experimental El Eco, el mismo patio que Mathias Goeritz concibió como una escultura habitable y punto de partida para su idea de “arquitectura emocional”.

Más allá de un ejercicio formal, cada pabellón ha funcionado como un manifiesto arquitectónico, un dispositivo que traduce inquietudes sociales, políticas, ambientales y espaciales. Así, el museo ha operado como un eco que amplifica voces emergentes, ensayando nuevas formas de pensar la arquitectura.  A continuación, se presenta un recorrido breve por los diez pabellones realizados entre 2010 y 2025: 10 gestos arquitectónicos que trazan la evolución crítica de esta plataforma y su impacto en la escena arquitectónica nacional.

Pabellón Eco 2010 | Frida Escobedo Studio – Poesía concreta

En la primera edición del Pabellón Eco Frida Escobedo presentó una intervención de gran contundencia formal y conceptual, constituida únicamente por tabicones grises. Dispuestos en una retícula que cubría el patio del museo, estos bloques componían una especie de poema visual: una escritura espacial basada en repeticiones mínimas y abiertas a múltiples lecturas. La propuesta partía de una analogía sugerente: si las palabras son como tabiques, la arquitectura puede entenderse como una forma de poesía concreta.

Esta operación sencilla pero elocuente habilitó una doble dimensión en el patio del museo: por un lado, una organización programática dada por la disposición inicial de los bloques; por otro, una dimensión espontánea que emergía con la intervención del público. Los visitantes podían mover los tabiques y alterar la configuración del lugar, generando escenarios nuevos en cada visita. Así, el pabellón se entendía no como una pieza acabada, sino como una plataforma activa, reconfigurable y siempre en proceso.

Pabellón Eco 2011 | Estudio MMX

En su edición de 2011, Estudio MMX —conformado por Jorge Arvizú, Ignacio del Río, Emmanuel Ramírez y Diego Ricalde— replanteó radicalmente la noción tradicional de pabellón al no diseñar un objeto volumétrico. Su propuesta consistió en una serie de tramas suspendidas hechas con cuerdas de fibras naturales, dispuestas en planos parabólicos que se entrecruzaban en el espacio. Estas estructuras ligeras, influenciadas por la escultura Serpiente de Mathias Goeritz, creaban un sistema abierto, perceptivo y cinético, activado por la luz natural y el desplazamiento del espectador.

Lejos de ofrecer una forma fija, el pabellón se comportaba como un entorno sensible en constante transformación. La geometría mutable de las cuerdas generaba nuevas fugas y perspectivas a lo largo del día, proponiendo una experiencia espacial íntima y cambiante. Con esta intervención, Estudio MMX no sólo celebró la ligereza y la economía de medios, sino que formuló una declaración sobre la arquitectura como experiencia expandida, capaz de articular cuerpo, espacio y percepción.

Pabellón Eco 2012 | Luis Aldrete Arquitectos – Desplaza[miento]

En 2012, Luis Aldrete presentó Desplaza[miento], una intervención que alteraba radicalmente la percepción del patio del museo. La propuesta consistió en introducir dos grandes muros revestidos de espejo que, dispuestos en perspectiva, reflejaban la fachada del edificio y la desplazaban visualmente hacia el interior. Este gesto generaba una ilusión envolvente en la que el visitante habitaba un espacio simultáneamente real y duplicado.

Sin añadir volumen ni materia, el pabellón convertía el patio en una cámara de ecos visuales, donde el muro amarillo original del museo era a la vez presencia y reflejo. Desplaza[miento] no ofrecía una forma nueva, sino una alteración del campo visual que transformaba por completo la experiencia del espacio. La arquitectura se volvía percepción, y el visitante, atrapado en un juego de duplicidades, era al mismo tiempo quien mira y quien es mirado.


Pabellón Eco 2013 | Estudio Macías Peredo

En la cuarta edición del Pabellón Eco, Estudio Macías Peredo (Salvador Macías Corona, Magui Peredo Arena y Diego Quirarte Contreras), transformó el patio del museo de manera contundente a través de una gran rampa diagonal que alteraba la lógica habitual del tránsito horizontal. Inspirados en los ángulos del edificio original de Mathias Goeritz, Macías Peredo trazó una pendiente ascendente desde la entrada del patio hasta el muro que lo separa de la calle, estableciendo una conexión física y visual entre el museo y el espacio urbano.

Al recorrer la rampa, el visitante experimentaba el vacío del patio de manera activa, alcanzando en su punto más alto una vista frontal del parque exterior. Así, el pabellón funcionaba como un dispositivo que borraba límites entre interior y exterior, abriendo nuevas visualidades y promoviendo una relación distinta con el contexto inmediato del museo.

Pabellón Eco 2015 | Taller Capital – Paradoja Hídrica

En 2015, Taller Capital (Loreta Castro Reguera y José Pablo Ambrosi) presentó Paradoja Hídrica, una intervención que convirtió el patio del museo en un espacio de reflexión y  crítica urbana. En lugar de diseñar una estructura nueva, Taller Capital trasladó uno de los anillos de concreto del Túnel Emisor Oriente —una colosal infraestructura subterránea que transporta aguas residuales y pluviales bajo la Ciudad de México— desde más de 150 metros de profundidad hasta la superficie, volviéndolo una pieza habitable y transitable.

Al exponer este fragmento de la infraestructura oculta, el pabellón revelaba las tensiones geológicas, técnicas y políticas que configuran el paisaje urbano. Más que una instalación, fue un dispositivo de visibilización: mostraba el costo ambiental y simbólico de sostener la vida metropolitana. Su retorno al subsuelo al final del proyecto subrayó la dimensión efímera y crítica de la obra, transformando el pabellón en un acto de memoria, denuncia y pedagogía sobre la transformación violenta del paisaje hídrico de la cuenca.

Pabellón Eco 2016 | APRDELESP – Parque Experimental El Eco

En 2016, APRDELESP —conformado por Rodrigo Escandón y Guillermo González Ceballos— presentó Parque Experimental El Eco, una intervención que disolvió la lógica institucional del museo al transformar su patio en un parque público temporal. Mediante la incorporación de elementos cotidianos como mobiliario urbano, juegos y pasto natural, la propuesta activó el espacio como un entorno abierto, libre y colectivo, retomando el carácter experimental y multifuncional que en otras épocas había definido al museo diseñado por Mathias Goeritz.

Más que diseñar un objeto, el proyecto generó una propuesta donde la arquitectura dejaba de ser forma para convertirse en posibilidad de uso. El pabellón no se entendía como una pieza dentro del museo, sino como una transformación del museo mismo. En ese desplazamiento, la intervención no sólo reformulaba el espacio, sino también la manera de habitarlo desde la cotidianeidad.

Pabellón Eco 2018 | TO Arquitectura – Campanario


La octava edición del Pabellón Eco, TO Arquitectura —conformado por Carlos Facio y José Amozurrutia— presentó Campanario, una intervención que combinó síntesis estructural, dimensión ritual y belleza material. Compuesto por una retícula de varillas que sostenían 144 platos de cobre martillado artesanalmente en Santa Clara del Cobre, Michoacán; el pabellón proponía una experiencia sensorial donde la arquitectura se convertía en instrumento: los platos producían sonidos gracias a la fuerza activa del viento y la interacción de los visitantes, transformando el patio del museo en un espacio acústico y performático.

Además de su refinamiento material y poético, Campanario fue también un gesto responsable. Al finalizar su exhibición, los elementos que lo conformaban fueron reutilizados: las varillas se incorporaron a obras de construcción y los platos de cobre se vendieron para destinar los recursos a otros fines. De este modo, el pabellón expandió sus efectos más allá del museo.

Pabellón Eco 2020 | TANAT – Cronoboros

Con Cronoboros, TANAT —encabezado por Diego Rivero Borrell, Federico Aguayo, Juan Pablo Rangel y Emilio Díaz— propuso una intervención profundamente simbólica que transformó el patio del museo en un paisaje meditativo a partir de un espejo de agua que reflejaba el entorno y respondía al viento, al sonido y al movimiento del visitante. Cada paso sobre esta superficie generaba una vibración, una ondulación, una marca y, con ello, una reflexión sobre los ciclos de la vida, el tiempo y la huella que dejamos en el mundo, tanto física como simbólicamente.

En un contexto marcado por la pandemia, Cronoboros ofrecía una pausa poética para reconsiderar el ritmo de la vida y lo que dejamos atrás al andar. Aunque el pabellón fue cerrado al público apenas un día después de su inauguración debido a la emergencia sanitaria, el proyecto, sin duda, dejó una huella profunda, pues su fuerza conceptual podría resonar hasta hoy.

Pabellón Eco 2023 | OCIO Taller – Cuenco

En su novena edición, OCIO Taller —conformado por Jorge Andreas, Martín Gutiérrez y Sergio Alcocer— presentó Cuenco, una intervención concebida como un observatorio ambiental en diálogo constante con la atmósfera del patio. El proyecto consistía en una serie de textiles tensados por contrapesos que respondían al ciclo natural de evaporación y precipitación del agua: al saturarse por la lluvia, los tejidos descendían formando una sombra circular en el patio; al secarse, la estructura volvía a elevarse; revelando de nuevo el cielo.  Este vaivén generaba una coreografía atmosférica en la que el clima y la gravedad se convertían en actores del espacio.

El pabellón no respondía a un programa fijo ni a una geometría estable. Era una arquitectura en tránsito, que se activaba con el paso de los días, con el calor del sol, con el peso de la lluvia. Los visitantes no observaban una forma: habitaban un proceso, eran parte de una red de interdependencias materiales, biológicas y simbólicas.

Pabellón Eco 2025 | Mendiola Arregui – El Eco de un Pasillo

Por último, el Pabellón Eco de este año fue diseñado por el Estudio Mendiola Arregui —conformado por Carlos Mendiola y Andrea Arregui— bajo el nombre  El Eco de un Pasillo. La intervención respondió con contundencia al planteamiento curatorial de Luis Aldrete a partir de una operación sencilla y poderosa: replicar, dentro del patio, los muros del pasillo de ingreso al museo. Este gesto genera un nuevo recorrido que enmarca vistas, delimita espacios sugerentes y modifica la experiencia de los visitantes.

Lejos de imponerse, el pabellón acompaña y prolonga la geometría del museo, citándola con sutileza. En este sentido, el proyecto demuestra que no hacen falta gestos espectaculares ni operaciones complejas para transformar el espacio: basta una variación mínima, la repetición de un elemento común, para reconfigurar nuestra experiencia y percepción.

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El pabellón estará expuesto en el patio del museo hasta el 17 de agosto de 2025 y puede visitarse de martes a domingo de 11:00 am a 18:00 pm. La entrada es libre y gratuita como parte de las actividades regulares del Museo Experimental El Eco.

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Fecha de Publicación:
Lunes 14/07 2025