UN LUGAR QUE ARTICULA ARQUITECTURA, ARTE E INVESTIGACIÓN Y QUE PRIVILEGIA LA EXPERIMENTACIÓN Y LA ESCUCHA ACTIVA FRENTE A LOS DESAFÍOS SOCIALES
Rozana Montiel | Estudio de Arquitectura ha desarrollado un enfoque donde la arquitectura no se limita a la construcción física, sino que se concibe como un proceso dinámico, social y creativo. Su práctica articula investigación, arte y arquitectura, con un énfasis constante en la dimensión social de los proyectos. Para Rozana, la oficina, situada en la antigua Casa de Nahui Ollin —mujer activista, poeta y revolucionaria de los años treinta—, es un lugar que privilegia la curiosidad, la experimentación y la diversión, condiciones que permiten enfrentar con flexibilidad los desafíos sociales y espaciales de cada intervención.
Su práctica va más allá de los programas convencionales: explora y propone formas alternativas de habitar e intervenir el espacio, cuestionando lo habitual y habilitando nuevos modos de uso. Esta apertura metodológica se traduce en una actitud crítica frente a la disciplina, cada proyecto se concibe no como un producto cerrado, sino como un proceso en constante transformación, donde lo efímero, lo experimental y la participación resultan esenciales.
La colección y documentación de objetos, ideas y referencias —desde herbarios hasta muros repletos de estímulos literarios, cinematográficos y arquitectónicos— funciona como un archivo vivo que guía la investigación y la conceptualización. Estos elementos no son accesorios, sino herramientas centrales del pensamiento arquitectónico del estudio: permiten generar significado mediante el trazo, la repetición, la transformación de ideas y la intervención reflexiva sobre la realidad, articulando el pensamiento con la acción y la experiencia social.
“Hacer lugar” desde la arquitectura y el lenguaje
Para Rozana, la arquitectura comienza en la percepción y en la reflexión sobre el espacio, mucho antes de su materialización. La metodología del estudio integra un análisis profundo del lenguaje, las palabras y sus etimologías como herramientas para mapear significados, relaciones y posibilidades de acción. Esta atención al lenguaje permite que cada intervención sea especialmente sensible al contexto y a las dinámicas humanas que habitan los espacios.
La idea de “hacer lugar” es central en su práctica. Rozana distingue entre espacio y lugar, el primero es abstracto y potencial; el segundo se activa mediante la interacción social, la comunicación y la inclusión. En sus palabras, un lugar es un espacio donde se generan relaciones, se construye identidad y se habilitan formas de convivencia. Así, cada proyecto del estudio busca crear entornos que fortalezcan vínculos, afiancen identidades y propicien cohesión social.
Resignificar las barreras
Sin embargo, esta no es una tarea sencilla. Uno de los conceptos más recurrentes en la práctica de Rozana es el de las barreras, que no son solo físicas, sino también simbólicas: percepciones sociales y hábitos culturales que restringen y condicionan la apropiación de los espacios. La labor del estudio consiste en resignificar estas barreras mediante intervenciones que promuevan la apertura, la permeabilidad y la interacción.
Este trabajo exige un acercamiento profundo con la comunidad, a través de la escucha activa, la observación y procesos de co-creación en los que la arquitectura no impone soluciones, sino que acompaña y habilita acciones colectivas. Los mapas cualitativos, la documentación de experiencias y los ejercicios de intervención efímera —a los que ella misma llama “situacciones”— permiten comprender deseos, capacidades y conflictos locales, dando lugar a transformaciones significativas y sostenibles. Desde esta perspectiva, la arquitectura se convierte en un catalizador de cambio social, mediando entre las estructuras existentes y las aspiraciones de quienes habitan el espacio.
La belleza como derecho social
Además de trabajar con este concepto, Rozana Montiel sostiene —y le interesa profundamente— que la belleza no sea un lujo, sino un derecho social básico. Este principio guía tanto las decisiones materiales como conceptuales en su práctica. Para ella, la arquitectura de “lujo” no significa ostentación, sino libertad: liberar ideas, generar plataformas de acceso común y fortalecer la inclusión. La belleza, entendida de este modo, no depende de recursos económicos o materiales exclusivos, sino de la capacidad de un proyecto para enriquecer la experiencia humana y el espacio colectivo.
Con esta mirada, la belleza se convierte en una herramienta política y social, capaz de reconfigurar relaciones, incentivar la apropiación comunitaria y fortalecer identidades. Esta visión desafía las nociones tradicionales de lujo y exclusividad. Inspirada en la raíz etimológica del término lujo —luxus—, Rozana propone una arquitectura que libera, que transforma lo común en extraordinario y que concibe el espacio como un medio para la acción colectiva y el empoderamiento social.
Correspondencia Colectiva: un archivo vivo y transnacional
En este marco, Correspondencia Colectiva surge como un ejemplo paradigmático de la filosofía de Rozana. La instalación, presentada primero en Ciudad de México y posteriormente en Berlín como parte de Crafting Community durante la Berlin Art Week 2025, constituye un archivo vivo donde el público interviene fragmentos literarios con connotaciones espaciales. Al subrayar, tachar o dibujar sobre los textos, las personas participan en la construcción de una narrativa colectiva que trasciende fronteras.
La propuesta se inscribe en una línea de trabajo que Rozana Montiel | Estudio de Arquitectura ha sostenido en distintos registros: entender la arquitectura y el arte no solo como producción de objetos, sino como construcción de vínculos y lenguajes. La selección de textos plantea un diálogo literario que tiende puentes entre pasado y presente, con voces que van de Alexander von Humboldt, Anna Seghers y Fabio Morábito hasta Juan Villoro y Alonso Burgos. Al elegir fragmentos que exploran la identidad, la memoria y el desplazamiento, Correspondencia Colectiva propone narrativas que emergen del cruce, más que del consenso.
Lo que ocurre en esta instalación es también una operación espacial y política: hacer de la escritura una forma de habitar. Las páginas no se leen desde un lugar silencioso ni se resguardan como patrimonio inmutable; se reescriben a partir de la intervención pública, dejando marcas que son al mismo tiempo íntimas y colectivas. Así, la arquitectura se desplaza del plano material al del lenguaje, de los muros al texto, de la construcción física a la construcción de sentido.
La inclusión de este proyecto en Crafting Community es significativa. La exposición no busca pensar la comunidad desde un discurso romántico, sino como una práctica en constante tensión. Frente al momento político actual —marcado por desplazamientos forzados, crisis migratorias y discursos de exclusión—, Correspondencia Colectiva actúa como un contra-archivo: un lugar donde las diferencias no se borran, sino que se ponen en juego.
La curadora Anna Carnick ha señalado que las obras reunidas en la muestra funcionan como ofrendas poéticas y críticas frente a un mundo en conflicto. En este marco, la intervención de Rozana Montiel insiste en que la comunidad se escribe en plural y que toda narrativa común está hecha de fragmentos diversos.
Arquitectura como lenguaje común
La práctica de Rozana Montiel evidencia que la arquitectura no es neutra ni universal: está condicionada por contextos históricos, políticos y simbólicos. Trabajar con barreras físicas y mentales, con estructuras de poder y con distintas percepciones requiere estrategias sofisticadas que articulen investigación, empatía y experimentación.
Desde la recolección de datos hasta la construcción de mapas cualitativos, la metodología de Rozana Montiel | Estudio de Arquitectura reconoce que la disciplina se enfrenta a tensiones complejas: limitaciones presupuestales, urgencias logísticas, resistencias culturales y simbólicas, así como barreras estructurales.
Frente a estas tensiones, la estrategia del estudio se centra en la activación, la participación y la resignificación: intervenir las barreras existentes para generar relaciones y abrir posibilidades de uso y disfrute. Volver al sitio de manera constante permite revisar los proyectos desarrollados, aprender de la práctica y ajustar metodologías, asegurando que la arquitectura permanezca como un proceso vivo, crítico y reflexivo, y no como un producto estático.
En este camino, el arte se convierte en un vehículo que materializa aprendizajes e imagina posibilidades más allá de lo utilitario. Para Rozana, articular arte e investigación permite explorar otros horizontes que complementan el proceso creativo y devuelven a la arquitectura su dimensión poética y crítica: no se agota en lo funcional, sino que abre un espacio de significado y sensibilidad.
Agradecemos a Rozana Montiel por abrirnos las puertas de su estudio y compartir su visión, que nos invita a pensar la arquitectura más allá de sus estructuras físicas y materiales: como un lenguaje común que se nutre de la experiencia de quienes habitan los espacios que conforman y dan vida a nuestras ciudades.
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Texto: Sebastián Gaytán Hernández
Instalación en México colaboración con: Cultura Pública, Proyectos Públicos.
Fotografías: Duilio Rodríguez, Clemens Poloczek.
Colaboradores Rozana Montiel Estudio de Arquitectura: Brenda Isabel Pérez, Matthieu Baumgarten, Liliana Coronado, Julia García, Citlali Marín.
Retrato: Ana Hop
Fecha de Publicación:
Jueves 18/09 2025
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