"DESDE EL INICIO HE TRABAJADO CON LA IDEA DE MIRAR HACIA DENTRO. MIS PIEZAS QUIEREN CUESTIONAR QUÉ ES EL ARTE, QUÉ ES LA ARTESANÍA, LO SUPERFICIAL Y LO PROFUNDO"
Andrés Anza es un ceramista mexicano cuya obra desafía los límites entre lo orgánico, lo escultórico y lo artesanal. Egresado de la Licenciatura en Artes por la Universidad de Monterrey, construye piezas que se sienten vivas: objetos cargados de volumen, texturas y relieves que invitan a recorrerlos con la mirada y descubrir nuevos significados desde cada ángulo.
En 2024, fue reconocido con el Loewe Craft Prize por I Only Know What I Have Seen, una escultura cerámica de escala humana, cubierta por miles de protuberancias que transforman la luz en sombra, y la materia en una experiencia casi corpórea. Su trabajo posiciona a la cerámica como un lenguaje sensible, intuitivo y profundamente contemporáneo.
Sus piezas nos remontan a universos lejanos, creadas desde la cerámica (su socio -como él le llama), la intuición, la repetición y mucho pero mucho trabajo artesanal. Nos reunimos con él para conversar Conversamos con él sobre su práctica creativa, su socio el barro, la importancia de la colaboración y cómo lo artesanal sigue abriendo caminos en el arte y el diseño contemporáneo.

¿Qué es la creatividad para ti?
Mi práctica creativa surge desde el arte y la cerámica. No trabajo en solitario: tengo una sociedad con un material, el barro. Me gusta decir que es un material vivo, porque toma muchas decisiones por su cuenta. En ese sentido, mi creatividad se ha moldeado a partir de esas decisiones.
Trabajo de manera muy intuitiva; nunca sé con exactitud qué estoy haciendo. Construyo y construyo, y es a través de ese hacer que llega la reflexión y la interiorización.
Mi proceso también está profundamente ligado a lo artesanal y a la repetición. Repetir constantemente ciertas técnicas me permite crear un vínculo no solo con el material, sino también con la racionalidad detrás de lo que hago. Es esa combinación entre intuición y repetición la que me conduce a la reflexión.
¿Cómo es tu relación con el tiempo durante el proceso de creación? ¿Cómo manejas los bloqueos creativos?
Mi trabajo es muy repetitivo, y eso suele intimidar a muchas personas. Pero para mí no se trata de cuánta paciencia o tiempo requiere una textura minuciosa; se trata de depositarle alma a cada pieza. Al principio, podía tardar hasta tres semanas en una obra pequeña; ahora, tal vez uno o dos días. Sin embargo, lo importante sigue siendo cómo imprimirle esa calidad de tiempo a cada creación. Es como invertirle tiempo a unx hijx: luego se va al mundo y ya no sabes qué va a pasar con él.
Es, sin duda, un proceso muy meditativo. Estar en el taller se vuelve algo automático, como poner picos durante horas. A veces es muy íntimo; otras, una fiesta: estamos platicando, con música, viendo películas. Aprendes a estar en dos cosas al mismo tiempo.
En cuanto a los bloqueos, nunca he tenido uno fuerte a nivel creativo. Los míos han sido más bien internos: miedos. Pero el material invita tanto a crear, que todos los días siento la necesidad de hacer algo. Creo que eso se lo debo al barro, que es un organismo vivo: tierra, agua, aire y fuego. Es tan natural que, si fluyes con él, también te invita a fluir.
Llevo casi quince años haciendo estos picos. A veces me pregunto si podré seguir toda la vida. Pero justo cuando siento que ya los mostré demasiado, ocurre algo como el premio Loewe, y me doy cuenta de que hay un público que nunca los había visto. El lenguaje artesanal aún tiene mucho por explorar.
Tus piezas tienen una presencia muy sensorial. ¿Diseñas con las manos antes que con los ojos?
Sí, absolutamente. Aunque a veces tengo claro el formato —como si irá montado en una base o el tamaño del lienzo—, la forma en sí se va construyendo sobre la marcha. A menos que se trate de una comisión específica, por lo general empiezo sin saber en qué se convertirá. De pronto, toma la forma de una columna, un arco, algo desbordado. Mis manos van soltando lo que llevo dentro.
Si pudieras colaborar con un diseñador o arquitecto para crear un espacio habitado por tus criaturas, ¿cómo lo imaginarías?
Hace poco tuve una colaboración con Lanza Atelier. Ellos se encargaron del montaje para una exposición, y me voló la cabeza. Usaron linóleos colgantes color arena que generaban una atmósfera similar a una duna del desierto. Fue la primera vez que alguien me propuso colaborar desde una mirada espacial, y me encantó. Abrió posibilidades nuevas para mí.
También hice una instalación en el Centro Cultural Plaza Fátima, aquí en Monterrey, donde transformé un cuarto de 3×3 metros en el interior de una pieza, como si entraras al cuerpo de una de mis obras. Eso me gustaría replicarlo en el futuro, aunque no tengo idea con quién. Me gusta dejar que esas cosas lleguen solas, y yo, feliz de colaborar.
¿Tus piezas nacen desde alguna narrativa o emoción específica?
Siento que cada una tiene su propia esencia, pero todas son retratos humanos de lo desconocido. Me interesa que contengan una parte interior, una zona que no esté completamente visible, como si algunas no quisieran ser descubiertas del todo.
Desde el inicio he trabajado con la idea de mirar hacia dentro. Mis piezas buscan cuestionar qué es el arte, qué es la artesanía, lo superficial y lo profundo. Muchas tienen un agujero, un pliegue, un rincón inaccesible. Incluso yo, como creador, no siempre entiendo todo lo que contienen. Hablan de esa parte de nosotrxs que aún no terminamos de conocer.
Ahora que tu trabajo ya es parte del arte y del diseño global ¿Cómo vives la tensión entre lo artesanal y lo contemporáneo?
No sé si formo parte de la escena global, pero me gusta pensar que sigo trabajando igual que cuando comencé: en mi taller, con mis manos. Me enorgullece que lo que hago quiera ser visto, aunque no me interesa tanto lo comercial o lo masivo. Para mí, lo importante es que este trabajo siga encontrando nuevas formas de ser expuesto.
El barro es un material tan vivo que inevitablemente te conduce hacia lo artesanal. Vengo de una familia de ceramistas: mi tío Mauricio fue mi maestro, y empecé haciendo macetas, tazas, objetos utilitarios. Soy segunda generación, y eso me conecta profundamente con la tradición cerámica mexicana, que transmite su conocimiento de generación en generación.
Los picos nacieron ahí. Me fascinaban las piñas michoacanas, los árboles de la vida de Metepec. Usaba esos elementos en mi obra. Para mí, lo artesanal es la base de todo lo que hago hoy. Si mis piezas se exponen internacionalmente, necesitan seguir siendo hechas con las manos. Es eso lo que les da vida.
¿Qué reflexiones te ha dejado esta visibilidad reciente?
He recibido invitaciones a proyectos muy divertidos y emocionantes que jamás imaginé. Lo que hace la Fundación Loewe con el premio es admirable: te lanza como en una catapulta, pero sabes que vas a caer en algo bueno. Muchxs de lxs artistas que hemos pasado por ahí coincidimos en que nos cambió la vida. Conocer a artistas y artesanxs de todo el mundo, compartir procesos, fue un verdadero lujo.
Haber sido seleccionado ya era, en sí, el premio. El reconocimiento me dio permiso —uno que nadie me había pedido— de seguir haciendo lo que hago. Me sentí validado, no bloqueado. Como si el mundo dijera: “Eso que haces, síguelo haciendo”.
¿Qué futuro ves para el diseño mexicano y latinoamericano?
Afortunadamente, ahora es un gran momento para ser latinoamericano. Nos están mirando. Lo vimos en la música primero, pero está llegando al diseño y al arte. Por fin hay apertura para entender nuestra diversidad, nuestros colores, nuestras saturaciones.
Lo hecho con las manos está creciendo como espuma. Cuando fui a Europa por primera vez, todxs preguntaban con qué software hacía mi obra. Y yo: “con estas manos”. Ahí fue cuando lo validaron. Eso me sorprendió. Lo artesanal está cobrando un nuevo valor.
La gente está cansada de lo digital. Hay un auge de talleres de cerámica, de experiencias donde puedes crear algo tú mismx. Porque hay algo muy poderoso en tomarte un café en una taza que hiciste tú. Alimentarte de tu propia creación. Creo que es algo que las personas necesitamos sentir.
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Más allá de su forma, las piezas de Andrés nos invitan a habitar el presente. A través del barro, del cuerpo y de la repetición, el acto de crear se vuelve también un ancla para volver al momento y conectar con los elementos presentes en el proceso.
Andrés Anza será parte de nuestras charlas creativas que conmemoran nuestro 16 aniversario. Te invitamos a visitar nuestras redes y futuros contenidos para no perderte este encuentro.
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Texto: Alejandra de la Cuesta
Fotos: Perla Tamez, Loewe y Cortesía
Fecha de Publicación:
Martes 15/07 2025
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