WASTELANDS DE TIM HECKER, LOS GRUPOS Y OTRAS REVUELTAS ARTÍSTICAS. REDES Y COLECTIVIDADES EN MÉXICO, 1976-1985 Y UNO ENTRE MILLONES DE NÉSTOR JIMÉNEZ TRANSFORMAN AL MUAC EN UN RECORRIDO SOBRE RUINA, COLECTIVIDAD Y LA FRAGILIDAD HUMANA EN TIEMPOS ATRAVESADOS POR CRISIS SOCIALES, TECNOLÓGICAS Y AMBIENTALES

Estas tres exposiciones en el MUAC parecen dialogar entre sí, aunque habitan lenguajes distintos: el paisaje sonoro devastado de Tim Hecker, las revueltas colectivas del arte mexicano entre los setenta y ochenta, y la mirada brutalista y obrera de Néstor Jiménez.

Más que una coincidencia curatorial, el resultado parece una radiografía emocional de una época marcada por el desgaste con ecosistemas colapsados, trabajadorxs desplazadxs, instituciones cuestionadas y comunidades que insisten en existir incluso cuando todo alrededor parece fragmentarse.

Ahora que la velocidad digital anestesia la capacidad de observar, estas exposiciones funcionan como una pausa. Una grieta abierta en medio del ruido cotidiano.

Tim Hecker y los sonidos del abandono

La nueva pieza de Tim Hecker, Wastelands, disponible hasta el 27 de septiembre de 2026 en el MUAC, no intenta complacer. Tampoco envolver a lx visitante en esa comodidad etérea que muchas veces se asocia con el ambient. Aquí el sonido se comporta más como una ruina.

Comisionada especialmente por el museo, la obra toma el ADN que Hecker ha construido durante más de dos décadas y lo lleva hacia un territorio todavía más espectral. Sus habituales capas de ambient experimental, glitches, ruido digital y microsonidos ahora conviven con grabaciones de campo tomadas en ecosistemas deteriorados y zonas deshabitadas de Estados Unidos: humedales erosionados, desiertos alterados por la actividad humana y geografías donde el silencio parece haber sido contaminado.

El resultado no es solamente melancólico. Hay algo siniestro en escuchar cómo un paisaje agotado termina convertido en textura sonora. Como si la naturaleza estuviera transmitiendo interferencias desde una frecuencia moribunda.

Entrar a esta instalación sonora es parecido a caminar dentro de un edificio abandonado después de una inundación. Todo vibra. Todo respira. Incluso aquello que parece destruido.

Cuando el arte mexicano decidió organizarse contra el sistema

En otro punto del museo, Los grupos y otras revueltas artísticas. Redes y colectividades en México, 1976-1985 rescata un momento crucial para entender el arte contemporáneo mexicano y es el instante en que múltiples colectivos decidieron romper con la figura romántica del artista individual y convertir el trabajo creativo en una herramienta política, callejera y colaborativa.

La exposición, instalada en las salas 4, 5, 6, 7 y 8 hasta el 30 de agosto de 2026, revisa el llamado “fenómeno de los grupos”, surgido en medio de la tensión política posterior al autoritarismo de los años setenta y de una profunda necesidad de reinventar los lenguajes artísticos.

Aquí no hay únicamente pinturas colgadas en una pared. Hay intervenciones urbanas, publicaciones independientes, registros audiovisuales, gráficas contestatarias, ambientaciones e ideas que buscaron sacar el arte de los circuitos elitistas para llevarlo directamente a la calle y a la discusión pública.

La muestra también deja claro que muchas de las conversaciones actuales sobre colectividad, activismo cultural y redes creativas no nacieron en internet. Ya estaban ocurriendo décadas atrás entre agrupaciones como Grupo Suma, No-Grupo, Peyote y la Compañía, Polvo de Gallina Negra o Tepito Arte Acá.

Lo fascinante es que, lejos de sentirse como un archivo congelado, la exposición dialoga brutalmente con el presente. En una época atravesada por la precarización laboral, la saturación digital y el desgaste institucional, estas piezas recuerdan que el arte también puede ser una forma de organización comunitaria.

La investigación detrás del proyecto fue desarrollada por el Centro de Documentación Arkheia del MUAC y articula alrededor de 13 fondos documentales vinculados con artistas y colectivos de la época. El resultado es una exposición que no sólo revisa el pasado, también pregunta qué tan posible sigue siendo construir comunidad en un presente cada vez más individualizado.

Néstor Jiménez y la épica silenciosa del trabajador común

Mientras la inteligencia artificial comienza a reemplazar oficios y la economía de plataformas transforma la relación entre cuerpo y trabajo, la exposición Uno entre millones de Néstor Jiménez aparece como una especie de memorial contemporáneo para quienes sostienen las ciudades desde el anonimato.

Disponible hasta el 3 de julio de 2026, la muestra reúne pintura, collage, escultura, cerámica, escultura cinética y muralismo para construir la historia fragmentada de un hombre de clase trabajadora. No es un héroe tradicional. Más bien alguien que podría pasar desapercibido en cualquier esquina de la ciudad.

La frase “uno entre millones” funciona justamente desde esa ambigüedad, habla de singularidad, pero también de reemplazo. De cómo el capitalismo contemporáneo convierte vidas enteras en estadísticas desechables.

Las piezas de Jiménez tienen una materialidad contundente. Cemento, plywood y materiales industriales aparecen integrados como si cada obra hubiera sido arrancada directamente de la infraestructura urbana. Hay ecos del muralismo mexicano, particularmente de David Alfaro Siqueiros, pero reinterpretados desde una sensibilidad contemporánea marcada por la precariedad, la automatización y el desgaste social.

Más que nostalgia, lo que aparece aquí es una pregunta, ¿qué ocurre con la identidad de una persona cuando su trabajo desaparece?

En medio de algoritmos, aplicaciones y automatización, las obras de Jiménez parecen insistir en algo físico. El peso de los materiales. El cuerpo agotado. La persistencia humana frente a sistemas que buscan volver todo invisible.

Un museo que se convierte en espejo del presente

Las tres exposiciones conviven como capítulos distintos de una misma conversación: el deterioro ambiental, la fragilidad laboral y la necesidad urgente de crear redes colectivas para sobrevivir al aislamiento contemporáneo.

Quizá ahí está la fuerza real de esta temporada en el MUAC. No en ofrecer respuestas cómodas, sino en construir espacios donde el arte todavía puede incomodar, cuestionar y producir eco mucho después de abandonar las salas.

Porque a veces un museo no funciona como refugio. Funciona como una antena. Y ahora mismo está captando frecuencias bastante turbulentas.


  • Texto: Redacción Coolhuntermx

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Martes 12/05 2026