SEMANA DEL ARTE DE GUADALAJARA SE PRESENTÓ COMO LA CONFIRMACIÓN DE UN PROCESO YA ASIMILADO. LA CIUDAD DEMOSTRÓ SU MÚSCULO CULTURAL, COMO SI EL MOMENTO YA ESTUVIERA ENTENDIDO.
Llegué a esta Semana del Arte de Guadalajara pensando que ya había entendido el momento. Después de septiembre de 2024, sentí que Guadalajara había hecho lo necesario. Ordenó, articuló y mostró músculo.
Pensé que febrero sería una antesala más discreta. Quizá más contenida frente a la Semana del Arte de Ciudad de México, como durante mucho tiempo lo fue. Pero lo que mostró Guadalajara en esta primera semana del año fue otra capa.
Fue como observar un jardín durante años. Plantas creciendo por separado, en rincones distintos. De pronto, todo florece al mismo tiempo. Planeado o no, el suelo llevaba tiempo preparándose. Ahora ya estaba, en gran medida, listo.

Materialidad
En el recorrido, más allá de las temáticas, una manera específica de trabajar la materia. Muchas obras partían de materiales con historia previa. Tiempo, uso, desgaste o dependencia estaban presentes desde el inicio. Aparecieron cuerpos de cerámica, a medio camino entre utilidad y ruina. La pintura se desbordó del plano y empezó a comportarse como objeto. Resinas, plásticos, cartón, acero, PETG e impresión 3D atravesaron muchas propuestas. Casi nunca desde el entusiasmo tecnológico, más desde una distancia crítica.
El Recorrido
En Discontinued de Santiago Amaya O’Farrill, en Espacio Cabeza, frutas, peces y animales albinos impresos en 3D se presentan sin temperatura ni origen: blancos, seriados, suspendidos en un tiempo artificial. Los pajaritos muertos —falsos— funcionan como residuos de lo natural domesticado, restos que el sistema no termina de absorber.
En Temporal, la exposición individual ¿Tengo rojo? de Chelsea Culprit atraviesa el cuerpo como herida y como umbral. Una pregunta mínima que expone vergüenza, furia y deseo en territorios históricamente regulados y castigados. La fantasía aparece aquí como una forma de restitución erótica y espiritual.

En la colectiva En el centro del ombligo y en la punta de la lengua, curada por Romina Beltrán, el cuerpo vuelve a pensarse como origen y portal: ombligo y lengua como lugares donde memoria, deseo y decisión se pliegan sin jerarquías claras, sosteniendo la ambigüedad como potencia.

En Motor Arte en Movimiento, un nuevo espacio, se presentaron dos exposiciones. Silly Symphonies de Lazzaro Rota establece un diálogo emocional y generacional a partir de referencias pop que activan memoria y la nostalgia.

En Casa Orbe, Playing to Play de BLOOB x Proyectos de Aquí, la práctica de Sofía Elías entiende el juego como forma de conocimiento corporal y espacial: la arquitectura y la escultura no imponen usos, abren fricción, posibilidad y presencia.
En el MURA, Venganza en flor de Milena Muzquiz cruza pintura y cerámica en un territorio inestable donde control y accidente negocian constantemente. La obra activa el cuerpo, el espacio y la percepción como experiencia sensible.

En Ischys, de Berenice Olmedo, las prótesis y estructuras médicas hacen visible algo que suele ocultarse: que ningún cuerpo es autónomo y que sostenerse siempre implica apoyo, distribución del peso e interdependencia.

También hubo una insistencia en materiales industriales y restos. Plásticos, lonas, superficies que no disimulan su procedencia, como en Galería Adentro con Tiempo de Híbridxs con la obra de Norberto Miranda, donde el residuo aparece como materia viva dentro de una cultura saturada de consumo. Los procesos manuales tensan la relación entre tecnología, producción y deseo.

Siguiendo esa línea de rehuso y arquitectura fantástica, en Casa Franco Barragán se mostró el trabajo de Liqen desde una lógica de estudio, oficio y alucinación funcional. Piezas que cruzan diseño, arte y arquitectura sin prisa por fijarse en una sola categoría.
En Llamas, Trip Advisor de Nils Erichsen Martin entiende el viaje como estructura vital y escultórica: desplazarse implica desgaste, fracaso y adaptación. La residencia se convierte en un mapa emocional.

En Doble Pantalla, Felipe Manzano usa la pintura como resistencia frente a la saturación de imágenes diseñadas para circular y desaparecer, fijando escenas mínimas de fuego y ruina como una arqueología emocional del presente.

En Narrativas de una repisa vol. 2, de Guadalajara90210 en colaboración con Joselo Maderista, los objetos habitan un estado ambiguo: casi funcionales, casi decorativos, casi domésticos. Nunca del todo definidos.

Esa ambigüedad se traslada a los sistemas que organizan lo cotidiano. En Tiro al Blanco, Sentimientos económicos de Marek Wolfryd muestra cómo el dinero opera también como creencia, ritual y ficción compartida. La fortuna, el consumo y la fe circulan entre algoritmos, amuletos y gestos arcaicos disfrazados de modernidad.


En Palma Galería se presentaron Una palabra se asienta en el paisaje de Ana Paula Santana; Fuera de juego de Alicia Valladares, en el Project Room curado por Escombro, donde el imaginario del videojuego de los 2000 aparece atrapado en simulaciones que no avanzan; y Toda erupción es un nosotros de Hiram Constantino, donde el estallido se piensa como resultado de fuerzas colectivas acumuladas.

En Sala Roxy, Mosca–Gallo–Pluma–Ligero lee la escultura como un espacio de negociación entre peso, energía y relación. Como en un ring, la forma existe en el encuentro.
Otros espacios que visitamos fue Calcoop, Agentes líquidos. Armada Galería con exposición Colectiva La mala educación”

En Alma Colectiva con Proyecto Grieta, Lenguas domesticadas habita palabras heridas que no buscan cerrarse, sino permanecer cerca de lo que duele. Lenguajes incómodos que interrumpen la normalidad.
MU de Sofía Crimen curada por Proyecto Ovni. Desde el mu del budismo zen, el vacío aparece no como ausencia sino como potencia compartida: un espacio capaz de contener cuerpos, signos e imaginarios que se acumulan sin fijarse. Entre iconografías de los 60, 70 y 80, la muestra entiende el vacío como campo vivo donde lo marginal se organiza, insiste y permanece.

En Rayón 376, Cazepi en colaboración con Aureliano e Inmaterial presentó Ver desde el presente.

La colectiva de Corporativo de Arte presentó obras de Paty Lo, Pop Dots, Arroyo entre otros.

en Casa Limón, Claudio limón habló de la posibilidad de las cosas desde distintas materialidades y gestos.


En el MAZ, Tremulaciones pensó el mundo desde la vibración y la resonancia; La escalera hizo caer la casa de Alejandra Laviada volvió a la domesticidad y al tiempo entrópico, a la idea de que toda construcción contiene ya su desgaste. También se presentó una pieza activada de Tino Sehgal.

En Travesía Cuatro, El teatro de Miriam revisó la obra de Miriam Inez da Silva para desmontar lecturas coloniales y devolverle la complejidad política, popular y transgresora que siempre estuvo ahí.

En Plataforma se presentaron Reforma / Contrarreforma / Transformación, donde el exceso, el error y la interferencia fracturan narrativas lineales; y FRAGILE de Felipe Manzano (Proyecto La Esquina), que convierte el embalaje y el cuidado en un campo de tensión entre protección y exposición.

En Castillo Interior, ¿Y si enterramos los cables? presenta la fotografía desde la memoria y el desplazamiento. Las imágenes cargan historia sin explicarla del todo y piden una mirada dispuesta a quedarse en la duda.
La escena empieza a abrirse a otros medios —la fotografía, por ejemplo—, aunque todavía haga falta construir recorridos más claros para que esas prácticas dialoguen con mayor profundidad. El jardín está vivo. Ahora toca seguir procurándolo.
¡Nos vemos en el siguiente recorrido!
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