JUAN KI NO HABLA DE SU PARTICIPACIÓN COMO UNA CONQUISTA. HABLA DE RESPONSABILIDAD. SER LA PRIMERA PERSONA NO BINARIA EN OCUPAR ESTE ROL DENTRO DEL ENCUENTRO NO ES UNA MEDALLA, SINO UN REGISTRO. UN DATO QUE, QUIZÁ DENTRO DE DIEZ AÑOS, DIRÁ ALGO SOBRE QUIÉNES HAN TENIDO ACCESO A DECIDIR QUÉ ARTE SE MUESTRA Y CUÁL NO
Algunas decisiones llegan en forma de correo, de portafolio enviado “por si acaso”, de un “luego te avisamos” que parece no decir nada y, sin embargo, lo contiene todo. Así comenzó el camino de Juan Carlos Buenrostro —Juan Ki— hacia uno de los espacios más observados del arte en México: el Encuentro Nacional de Arte Joven.
A mitad del año pasado, la posibilidad era apenas una intuición. Una recomendación, un nombre que circula entre escritorios institucionales, una carpeta que se abre entre cientos. Meses después, esa intuición tomó forma. Juan Ki no solo sería parte del proceso, sino que ocuparía un lugar doblemente complejo. Curadorx y juradx. Dos posiciones que, lejos de acumular poder, exigen una cosa más difícil: sostener la mirada.
Juan Carlos Buenrostro es maestrx en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México. Su trayectoria cruza la escritura, la curaduría y la reflexión crítica, con un interés particular en cómo la palabra se expande más allá del texto. Analiza cómo aparece en títulos, en muros, en gestos expositivos. Su práctica se mueve entre lo literario y lo espacial, entendiendo que a veces una hoja basta para escribir, pero en otras ocasiones es necesario todo un museo.
El otro lado del filtro
Más de mil artistas participaron en esta edición. Más de mil universos comprimidos en imágenes, fichas técnicas y descripciones. De ese océano, apenas 40 obras lograron entrar. Ni siquiera un 10%.
“Yo pienso en las personas no seleccionadas. Es algo que aún no sé cómo resolver en mi cabeza, porque yo sé que hay muchas personas talentosas que participaron, que enviaron obra, que les interesa, y que lamentablemente no pudieron formar parte de esto. Creo que eso a mí me da una perspectiva con mucha responsabilidad sobre el lugar donde estoy.”
El proceso, explica, está cuidadosamente blindado. Las obras se revisan sin nombres, sin trayectorias, sin contexto biográfico. Solo la pieza frente a ti, desnuda. Después viene la discusión colectiva, el contraste de criterios, el cara a cara entre miradas distintas que intentan construir una narrativa común.
Pero incluso en ese rigor, hay algo que se filtra, la experiencia de quien mira.
Curar desde la incertidumbre
Juan Ki no habla de su participación como una conquista. Habla de responsabilidad. Ser la primera persona no binaria en ocupar este rol en el encuentro no es una medalla, sino un registro. Un dato que quizá, dentro de diez años, dirá algo sobre quiénes han tenido acceso para decidir qué arte se muestra y cuál no.
Su curaduría parte de una pregunta: ¿Quién está del otro lado? Sin nombres, sin identidades explícitas, imaginar a lxs artistas se vuelve un acto casi ético. Pensar que detrás de cada obra hay cuerpos, contextos, luchas que no aparecen en la ficha técnica.
“Me gusta imaginar que estoy trabajando con personas que también están atravesadas por una construcción de sus identidades que nunca podré conocer. No sé si son personas cis, trans, no binarias, heterosexuales. Y eso es precioso, porque te obliga a mirar desde otro lugar.”
El arte que incomoda (de verdad)
No todas las piezas incomodan por lo que muestran. Algunas lo hacen por lo que revelan sin querer.
Entre las obras que atravesaron el proceso, hubo muchas sobre violencia, desaparición, crisis ambiental. Temas esperados, necesarios. Pero hubo una que descolocó de otra manera. Una artista que pinta desde su segundo trabajo. Que usa trapos en lugar de lienzos. Que construye desde la precariedad sin romantizarla. Ahí, dice Juan Ki, el discurso se vuelve cuerpo. Ya no es una idea sobre la precarización del arte. Es la precarización misma, materializada. Y eso incomoda distinto. Porque no permite distancia.
Una curaduría que apuesta por el caos: “De Agua, Sosa y Pólvora“
Lejos de buscar armonía, la propuesta curatorial abraza la contradicción. Dos salas. Dos tensiones.
Una de ellas, pensada como un espacio oscuro, gira en torno a una idea que parece simple pero se desborda: agua. Agua y violencia. Agua y memoria. Agua y pólvora.
Obras que hablan de abuelas lavando hasta desgastar sus manos. De sistemas extractivos. De infancia atravesada por contextos hostiles. De balas con nombres. El resultado no es una narrativa lineal, sino una especie de paisaje emocional donde todo convive sin resolverse. “A mí me encanta el caos”, admite.
Y en esa apuesta la intención es provocar. No desde el escándalo, sino desde la pregunta. ¿Cómo es posible que todo esto exista al mismo tiempo?
“Creo que la exposición narra sobre habitar espacios que no son sencillos, que no son simples. Hay agua, pero también hay fuego. Es una tensión constante entre lo que cuida y lo que destruye.”
El arte como albur
Entre los textos que acompañan la curaduría, hay uno que funciona casi como clave de lectura, el arte como albur.
No solo como juego de palabras, sino como gesto impredecible. Como riesgo. Como algo que puede salir bien o no, pero que siempre implica lanzarse.
“Fue un albur que confiaran en mí”, dice Juan Ki sobre su participación. Y quizá esa sea la imagen más honesta de todo el proceso. Un sistema institucional complejo, sí. Pero también una cadena de decisiones sostenidas por la intuición, la fe y, a veces, la pura terquedad. Además, hace hincapié en la colaboración y la comunidad.
“Curar es cuidar. Y para mí es muy importante reconocer que no estoy solx: hay muchas personas detrás, muchas travestis, artistas, fotógrafxs, performers que me han empujado a ser diferente y que hacen posible que yo esté aquí.”
Carta a quienes no quedaron
En un gesto poco habitual, Juan Ki escribió una carta para quienes no fueron seleccionados. No como consuelo, sino como reconocimiento.
Ahí aparece una idea que atraviesa toda esta historia. El arte no es justo. Ni fácil. Y aun así, se insiste. Se hace desde el error, desde la duda, desde la precariedad. Desde esa necesidad casi irracional de seguir haciendo.
Finalmente, pido disculpas para lxs no seleccionadxs. Lo han hecho maravillosamente, y muy seguramente hemos cometido errores. Entre ustedes estará la estrella que no supimos ver. Escribo también para lxs que no ganaron. Sé que pronto nos conoceremos. Mientras tanto: pinten, escriban cuando van al baño, roben objetos que poseen historias que merecen ser contadas. Causen malestares, invéntense algo que no pudiera pasar. Tra-vístanse y sean dueñas de sus nocturnas. Esculpan, ¡escupan!, hagan revueltas y berrinches por todo lo que no es justo.
15 de abril: Pensar el arte desde otro lugar
En el marco del Día Mundial del Arte, esta historia se siente particularmente urgente. No porque celebre el arte como algo idealizado, sino porque lo aterriza. Lo muestra como un campo de tensiones, de desigualdades, de decisiones difíciles.
Pero también como un espacio donde todavía es posible imaginar otras formas de hacer.
Juan Ki lo resume de una manera que se queda resonando: curar es cuidar.
Y cuidar, en este contexto, no es proteger ni suavizar. Es mirar con atención. Es hacerse cargo de lo que implica elegir. Es abrir espacio para que otras voces —aunque no todas— puedan ser escuchadas.
Lo que sigue también importa
Si algo deja esta edición del Encuentro Nacional de Arte Joven, no es solo una lista de obras seleccionadas. Es una pregunta abierta. ¿Qué hacemos con todo lo demás? Con las obras que no entraron. Con las historias que quedaron fuera. Con las obras que aún no encuentran espacio.
El arte no termina en una exposición. Apenas empieza ahí. Este 15 de abril, más que celebrar, vale la pena mirar de cerca. Preguntarnos desde dónde estamos creando, seleccionando, escribiendo. Y, sobre todo, a quiénes estamos dejando fuera sin darnos cuenta.
Porque quizás el verdadero gesto artístico hoy no sea producir más, sino mirar mejor. Y si estás creando, dudando, insistiendo aunque parezca que no pasa nada: sigue. Haz ruido. Incomoda.
Como diría Juan Ki: El arte, al final, también necesita de tu terquedad.
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Texto: María Fernanda Carmona
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Lunes 13/04 2026
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