BAJO LA NIEBLA, FANTASMAS FLORECEN DE SAUUL HAMETT, CONVERSACIONES CON LO INVISIBLE DE CAROLINA CIFRAS Y LA BIENAL INTERNACIONAL DE ESTANDARTES (1996–2014) DEDICADA AL LEGADO DE MARTA PALAU

Entre ruinas que todavía sueñan, cuerpos que dialogan con lo invisible y textiles que cruzaron fronteras enrollados como mensajes secretos, el Museo Universitario del Chopo prepara una de esas temporadas que no parecen una simple agenda cultural. Más bien funcionan como una radiografía emocional del presente.

A finales de mayo, el recinto abre tres propuestas que hablan de memoria, territorio, muerte, comunidad y resistencia, pero sin caer en el museo solemne que explica todo. Aquí hay fantasmas urbanos, danzas que se sienten como rituales y estandartes que viajaron por décadas entre artistas de 32 países. Tres exposiciones distintas entre sí, aunque unidas por la misma pregunta, ¿qué permanece vivo cuando una ciudad cambia demasiado rápido?

Tláhuac entre niebla, escombro y futuros rotos

El 28 de mayo inaugura Bajo la niebla, fantasmas florecen, instalación del artista Sauul hamett, curada por Karol Wolley Reyes.

La pieza nace desde los bordes de Tláhuac, cerca del Tempiluli, una zona marcada por restos lacustres, construcciones inconclusas y transformaciones aceleradas tras la llegada de la Línea 12 del Metro. Pero hamett no convierte ese paisaje en postal de desastre. Lo utiliza como un archivo sensible.

Durante años recolectó escombros, materiales abandonados y fragmentos naturales de la zona para construir una instalación que parece suspendida entre el sueño de tener casa propia y la realidad del despojo urbano. Hay algo profundamente chilango en esa sensación: edificios a medio terminar, varillas saliendo como raíces metálicas y colonias enteras levantadas desde la urgencia.

La muestra se mueve en una especie de neblina emocional. Los restos no aparecen como basura, sino como organismos que todavía respiran memoria. El resultado es una ciudad fantasma donde el concreto y la naturaleza dejan de pelearse para convivir dentro del mismo ciclo.

La exposición también marca una apuesta importante del museo por artistas jóvenes y escenas descentralizadas, pues el proyecto surgió tras una revisión de portafolios realizada en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, plantel Taxco.

Una danza donde el silencio también habla

Del 29 al 31 de mayo llega Conversaciones con lo invisible, obra de la coreógrafa chilena Carolina Cifras.

No es una pieza de danza tradicional. Tampoco busca explicar demasiado. La experiencia funciona más como entrar a un ecosistema donde los cuerpos, la materia y el espacio se conectan sin necesidad de palabras.

Cifras parte de la idea de que vivimos rodeados de políticas de muerte tan normalizadas que hemos perdido sensibilidad hacia aquello que sostiene la vida. Desde ahí construye una obra contemplativa que habla de necropolítica, naturaleza y presencia.

La escena se comporta como un organismo vivo. El público no recibe instrucciones claras ni moralejas empaquetadas. Cada persona completa la experiencia desde la escucha y la percepción, como si estuviera intentando descifrar señales subterráneas.

La pieza cierra una trilogía iniciada con Peso muerto (2019) y Fusis (2022), consolidando una investigación artística donde el cuerpo deja de ser espectáculo para convertirse en territorio político.

Marta Palau y los estandartes que viajaron por el mundo

La tercera exposición parece mirar hacia atrás para entender cómo se construyen las redes artísticas antes de internet y los algoritmos.

La Bienal Internacional de Estandartes (1996-2014) recupera el legado de Marta Palau, figura fundamental del arte contemporáneo en México y una de las grandes impulsoras de intercambio artístico en América Latina.

La muestra reúne piezas históricas surgidas de una bienal creada originalmente para el Centro Cultural Tijuana. La idea era tan práctica como poética: producir obras textiles enrollables que pudieran viajar fácilmente entre países.

Ese detalle técnico terminó detonando algo mucho más grande. Entre 1996 y 2014 participaron 305 artistas de 32 países, generando un archivo inmenso de estandartes donde convivieron artistas emergentes y figuras hoy fundamentales del arte contemporáneo.

La exposición incluye trabajos de creadorxs como Delcy Morelos, Tania Candiani, Demián Flores y Shinpei Takeda, entre muchxs otrxs.

Más que nostalgia, la muestra deja una sensación extraña, recordar que hubo redes artísticas construidas desde la colaboración física, los viajes lentos y el intercambio material. Algo casi radical en tiempos donde todo parece diseñado para desaparecer al siguiente scroll.

***

Las tres propuestas comparten algo raro y necesario, ninguna intenta ser “instagrameable” a toda costa. No están pensadas para consumirse rápido. Exigen tiempo, atención y cierta disposición a perderse un poco.

Las exposiciones abren a partir del 28 de mayo de 2026. Si llevas semanas sintiendo que la CDMX se volvió puro ruido, esta puede ser una buena forma de volver a escuchar lo que todavía late debajo del concreto.


  • Texto: Redacción Coolhuntermx

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Martes 19/05 2026