Fotografía Aria Cano "La Cegua" Lechedevirgen

Fotografía Aria Cano "La Cegua" Lechedevirgen


LA LUCHA POR LA APERTURA Y EL APOYO AL ARTE SIGUE SIENDO ESENCIAL PARA GARANTIZAR QUE LAS VOCES DE LAS DISIDENCIAS SEAN ESCUCHADAS Y VALORADAS.

Mi cuerpo etérico no tiene género, no tiene raza, no tiene clase social, tiene memoria larga y profunda (…) aquí no hacemos ‘performance art’, hacemos brujería.”

Desde 2009, Lechedevirgen ha encarnado una de las propuestas más provocadoras del arte y la disidencia en México. Lo que inició como un seudónimo para protegerse del escrutinio público se transformó en una trinchera identitaria, una apuesta por el performance como ritual de liberación, archivo vivo y forma política de habitar el mundo.

Fotografía Ximena Fargas “Tlachiwilistli” Lechedevirgen

Las puertas cerradas y las que se abren a la fuerza

En sus inicios, Querétaro le negó el acceso a muchos espacios culturales. En respuesta, Lechedevirgen creó sus propias plataformas en cafés, bares y espacios autogestionados. Así nació una trayectoria en gestión cultural que ha sostenido eventos contraculturales como Festival Chupasangre y Vestidas para Matar, que han dado cabida a lo impensable, lo incómodo y lo profundamente necesario.

Fue en este contexto donde surgió el episodio titulado la “orgía junkie satánica”, un término acuñado por el Instituto Queretano de Cultura y las Artes para desacreditar uno de sus performances. La respuesta de Lechedevirgen fue clara: presentar evidencia, resistir la criminalización y continuar.

Fotografía Jon Cruz “Mal de Lenguas V Cantos” Lechedevirgen
Fotografía Herani Enríquez y Sorshamn Lara “Ceremonial” Lechedevirgen

Travestismo espiritual y brujería performática

Una de las nociones clave en su obra reciente es el travestismo espiritual: un concepto expandido que entrelaza lo disidente, lo mágico y lo ancestral desde una mirada anticolonial. En este universo simbólico, el cuerpo travesti no es solo representación, sino un canal de invocación constante, un cuerpo ritual, no-binario, no-humano.

Este abordaje se aleja de las clasificaciones tradicionales del arte. “No hacemos performance, hacemos brujería”, afirma. En su práctica, la espiritualidad es también una tecnología política.

“El arte es un territorio en disputa”

Su trabajo no busca aceptación, sino confrontación. Por ello, su nuevo libro titulado “Deshacer el Arte” (ONA Ediciones, 2025) propone una crítica contundente a la colonialidad del arte, entendida como un sistema excluyente, eurocentrado y blanco que legitima solo a quienes encajan en sus parámetros.

Con esta visión, Lechedevirgen ha intervenido simbólicamente múltiples instituciones: entregó un anti-reconocimiento al Museo Memoria y Tolerancia por su silencio frente al genocidio en Palestina; rebautizó el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro como el Museo de Arte Bastardo; y promovió que el Museo Nacional de Arte a ofrecerle una disculpa pública tras denunciar un caso de discriminación. Este acto desencadenó una conversación nacional sobre la exclusión de cuerpos disidentes en los recintos culturales.

Fotografía Desiree López “La Cegua” Lechedevirgen

Desde el bajío al mundo

Pese a surgir desde el underground queretano, su obra ha cruzado fronteras. Ha presentado piezas en espacios como Le Nadir (Francia), Live Art Development Agency (Reino Unido), Antic Teatre (España), Human Resources (EE.UU.), y recientemente en el Teatro Beursschouwburg (Bélgica), compartiendo cartel con artistas como Arca, Dorian Wood, Kenya Cuevas, Ron Athey o Lukas Avendaño.

Esta expansión internacional no ha diluido su postura. Todo lo contrario: la ha reafirmado.

Su identidad travesti, no binarie y disidente no es solo presencia escénica, es una postura política que confronta, incomoda y propone. Su trabajo ha inspirado a nuevas generaciones contraculturales, alimentando un movimiento que continúa desestabilizando las narrativas dominantes del arte.

Fotografía Herani Enríquez “Tacos de cabeza” Lechedevirgen

Una lucha que no termina

A 15 años de su primer performance, Lechedevirgen sostiene que la lucha por el arte disidente sigue más vigente que nunca. El objetivo ya no es entrar a los museos, sino transformarlos. Su legado es una llamada a que el arte deje de ser un privilegio y se convierta en un campo expandido, abierto a todas las corporalidades, experiencias y formas de resistencia.


Fecha de Publicación:
Lunes 21/07 2025