#DíadelaPoesía con Romina Jauregui: Escribir para entender el ruido, leer para sobrevivirlo
Foto de Fkmoshking
ENTRE SUS TEXTOS DESTACA 'PUTO EL QUE LO LEA', UNA PIEZA PROVOCADORA QUE HA LOGRADO GENERAR UNA CONEXIÓN DIRECTA CON EL PÚBLICO, DESPERTANDO REACCIONES DIVERSAS COMO RISAS, INCOMODIDAD Y REFLEXIÓN.
“Viene de la necesidad de hacer sentido de las cosas que pasan en mi corazón y del ruido de mi cabeza.”
Y en esa frase cabe todo, la escritura como refugio, como brújula y como espejo.
La poesía que nace en redes (y se queda)
Romina es una poeta que no creció pensando en publicar libros ni en habitar escenarios. Sus primeros textos vivieron donde hoy vive gran parte de lo íntimo, en Instagram y Facebook. Fragmentos que acompañaban imágenes, pensamientos que parecían pasajeros, pero que poco a poco empezaron a construir una voz.
No fue ella quien primero reconoció su valor. Fueron otras. Un grupo de amigas en 2024 empezó a impulsarla. Esa validación, lejos de ser un simple halago, fue un punto de quiebre. A veces la poesía necesita testigos antes que certezas. Y entonces empezó el camino; tomarse en serio lo que antes parecía improvisado.
Si algo define la escritura de Romina, es su raíz personal. Sus poemas no se esconden detrás de grandes discursos abstractos, hablan de ella, de su tránsito por el mundo, de su identidad, de su experiencia como mujer trans. También hay una insistencia en lo vivo.
Habla mucho sobre el amor y utiliza metáforas de animales y de naturaleza. Como si el lenguaje necesitara regresar a lo instintivo para decir lo que no cabe en lo humano. Como si una tarántula, un cuerpo o un paisaje pudieran explicar mejor lo que sentimos que cualquier definición.
“Estoy muy a la merced de que llegue la inspiración.”
Porque en su caso, escribir no es una disciplina que se impone, sino una necesidad que irrumpe. Y casi siempre lo hace en momentos intensos como la alegría, tristeza, enojo. Picos emocionales donde el lenguaje se vuelve urgente.
Los poemas que abren puertas
Entre todos sus textos, hay algunos que se quedan más cerca del cuerpo. Uno de ellos esManifiesto de la tarántula, un poema que no solo le tiene cariño, sino que marcó un antes y un después, pues es con el que ganó su primer slam de poesía.
También menciona otro, provocador desde el título. Se trata de puto el que lo lea. Un poema que, más allá de la provocación, ha generado una conexión directa con el público. Reacciones, risas, incomodidad. Vida.
Aunque su escritura nace de lo propio, sus influencias trazan un mapa diverso. Admira La cebolla de Wisława Szymborska, la poesía lúdica de Gloria Fuertes y las crónicas de Clarice Lispector, a quien describe casi como una guía cotidiana, pues abre su libro todos los días, lee una página y deja que esa lectura detone nuevas reflexiones.
Leer, en su caso, no es solo formarse como escritora. Es una práctica de vida.
A quienes están empezando, no les da una fórmula mágica. Les da algo más simple y más difícil, al mismo tiempo. Permiso.
Que se atrevan a escribir. Que no subestimen lo que guardan en una libreta o en el celular. Que entiendan que lo íntimo también puede resonar en otrxs. Porque siempre hay alguien del otro lado que necesita leer eso que tú creías demasiado pequeño.
Poesía desde los márgenes
Romina también pone el foco en las comunidades que están transformando la poesía en México. Menciona colectivos como Novísimos, enfocados en voces LGBT+, así como espacios como las noches de poesía trans en Revuelta Queer House.
Ahí, la poesía deja de ser un territorio homogéneo y se convierte en un campo de disputa, de identidad, de nuevas narrativas que rompen con lo tradicional. No es solo escribir. Es también ocupar el espacio.