ESPECIALMENTE SIGNIFICATIVA RESULTA LA INSTALACIÓN DE GUADALUPE ROSALES, QUIEN TRANSFORMÓ SU ARCHIVO PERSONAL EN UN PROYECTO COLECTIVO QUE RESCATA LA MEMORIA JUVENIL DEL ESTE DE LOS ÁNGELES. FRENTE A LAS NARRATIVAS QUE DURANTE AÑOS ASOCIARON ESTOS ESPACIOS CON VIOLENCIA O DELINCUENCIA, SU TRABAJO DEMUESTRA QUE TAMBIÉN FUERON LUGARES DE AFECTO, CREATIVIDAD Y CONSTRUCCIÓN DE COMUNIDAD
Antes de entrar al Museo del Palacio de Bellas Artes, la palabra chicano suele llegar cargada de estereotipos, confusiones o imágenes heredadas del cine y la televisión. Pero basta cruzar las salas de Aztlán, túnel del tiempo, para descubrir que esa identidad es mucho más que una etiqueta. Se trata de memoria, resistencia, barrio, familia, migración y una historia que nunca ha dejado de escribirse para responder: ¿Qué significa ser chicano?
Aztlán, túnel del tiempo: La exposición en Bellas Artes que redefine qué significa ser chicano
Hablar de la experiencia chicana es contemplar fronteras. No sólo las que aparecen en los mapas, sino también las culturales, políticas e incluso emocionales. En un momento en que las conversaciones sobre migración, identidad y pertenencia ocupan titulares en ambos lados de la frontera, el Museo del Palacio de Bellas Artes presenta Aztlán, túnel del tiempo, una exposición que propone mirar esa historia desde quienes la han vivido y la han convertido en arte.
Más que una muestra de pintura o fotografía, se trata de un recorrido por décadas de creación artística donde distintas generaciones de artistas de ascendencia mexicana y latina, principalmente radicados en Los Ángeles, reconstruyen una memoria compartida que durante mucho tiempo quedó fuera de los grandes relatos del arte. Este eje fue curado por Rubén Ortiz-Torres, Jesse Lerner y Joshua Sánchez (curador asociado de la muestra) y tuvo a Rita González como asesora.
Un viaje para entender una identidad que nació entre dos países
La exposición parte de una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué significa ser chicano?
La respuesta nunca es única. A través de pinturas, instalaciones, fotografías, archivos, grafiti, esculturas, serigrafías y objetos cotidianos, el recorrido muestra que la identidad chicana no se define únicamente por haber nacido en Estados Unidos con raíces mexicanas. También habla de una postura política, de la defensa de la comunidad, del orgullo por las propias raíces y de la capacidad de transformar la experiencia migrante en una expresión artística.
Incluso recupera una de las frases más representativas del movimiento: “Nosotros no cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó”, una idea que resume cómo la historia del territorio redefinió la vida de millones de personas tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848.
Del mito de Aztlán al barrio de Los Ángeles
El recorrido conecta distintos momentos históricos. Todo comienza con el mito de Aztlán, considerado el lugar de origen de los mexicas y que, con el paso del tiempo, fue resignificado por el Movimiento Chicano como un símbolo de identidad y pertenencia.
Después aparecen las luchas campesinas y por los derechos civiles de las décadas de los sesenta y setenta, cuando el arte dejó de ser únicamente una práctica estética para convertirse en una herramienta de organización, protesta y representación comunitaria.
Las obras históricas conviven con piezas contemporáneas que muestran cómo esas discusiones siguen vivas.
El barrio también es un archivo
Uno de los aspectos más interesantes de la exposición es que aleja la mirada de los grandes acontecimientos históricos para acercarse a la vida cotidiana.
El barrio, las fiestas, los automóviles modificados, la música, las fotografías familiares, los volantes, las prendas de ropa y hasta los recuerdos guardados en cajas se convierten aquí en documentos culturales.
Especialmente significativa resulta la instalación de Guadalupe Rosales, quien transformó su archivo personal en un proyecto colectivo que rescata la memoria juvenil del Este de Los Ángeles. Frente a las narrativas que durante años asociaron estos espacios con violencia o delincuencia, su trabajo demuestra que también fueron lugares de afecto, creatividad y construcción de comunidad.
La exposición incluso invita al público a imaginar qué canciones acompañarían determinadas obras, recordando que la cultura popular también forma parte de la memoria colectiva.
Cuando el grafiti entra al museo
Uno de los grandes aciertos de Aztlán, túnel del tiempo es borrar las fronteras entre el llamado arte institucional y las expresiones nacidas en la calle.
El recorrido explica cómo el crecimiento urbano de Los Ángeles y la segregación espacial llevaron a las comunidades chicanas a convertir muros, calles y puentes en enormes lienzos de identidad.
Artistas como Chaz Bojorquez llevaron el grafiti a otro nivel, transformando firmas callejeras y símbolos del barrio en un lenguaje artístico reconocido internacionalmente.
La muestra también explora el concepto del varrio, escrito con “v” siguiendo el caló chicano, como un espacio donde se disputan el territorio, la memoria y el derecho a existir.
Lowriders, memoria y resistencia sobre ruedas
El cierre de la exposición demuestra que la identidad también puede viajar sobre cuatro ruedas.
La cultura lowrider aparece como una filosofía que propone ir “low and slow”: avanzar despacio frente a una sociedad obsesionada con la velocidad y el consumo.
Automóviles personalizados, objetos familiares y piezas contemporáneas muestran cómo incluso los vehículos pueden convertirse en archivos emocionales donde caben generaciones completas de historias familiares y comunitarias.
En ese sentido, el “túnel del tiempo” del título deja de ser una metáfora, cada objeto funciona como un portal hacia los recuerdos de quienes construyeron una identidad binacional entre México y Estados Unidos.
Una exposición que hace preguntas más que ofrecer respuestas
Quizá el mayor valor de Aztlán, túnel del tiempo es que evita definir lo chicano con una sola frase.En lugar de eso, invita a lx visitante a preguntarse cómo se construye una identidad, qué significa pertenecer a un lugar, quién escribe la historia y de qué manera el arte puede convertirse en un acto de memoria y resistencia.
En tiempos donde las fronteras siguen siendo tema de debate político, esta exposición recuerda que también existen fronteras culturales capaces de generar nuevas formas de comunidad, creación y orgullo.
Si buscas una exposición que vaya más allá de la contemplación estética y abra conversaciones sobre historia, migración, memoria e identidad, Aztlán, túnel del tiempo merece un lugar en tu agenda. Recorre sus salas, escucha las historias detrás de cada obra y, al salir, hazte la misma pregunta con la que concluye la muestra. ¿Qué significa ser chicano?
Puedes visitar esta expo hasta el 23 de agosto.
Más allá de la exposición: Bellas Artes amplía Aztlán, túnel del tiempo con un encuentro internacional y un ciclo de cine
La experiencia de Aztlán, túnel del tiempo se extenderá del 28 de julio al 1 de agosto de 2026 con el Encuentro Internacional de Arte Chicanx, una programación especial que llevará la conversación iniciada en las salas del Museo del Palacio de Bellas Artes hacia el espacio público mediante conversatorios, mesas de diálogo y un ciclo de cine en colaboración con la Cineteca Nacional México. Durante cinco días, artistas, curadorxs, escritorxs, investigadorxs y cineastas de México y Estados Unidos reflexionarán sobre la migración, la memoria, el territorio, el arte urbano y las identidades chicanas contemporáneas.
Programa de actividades
Algunas de las jornadas extras en torno a la expo contemplan conversatorios, ciclos de cine y demás. Por aquí te dejamos una selección de lo que puedes hacer para aprovechar al máximo la expo. Igualmente, te invitamos a consultar su programa completo.
- 28 de julio | Conversatorio inaugural y ciclo de cine “Al carajo con Hollywood”
Apertura del encuentro con especialistas en arte chicanx y la primera función del ciclo cinematográfico, dedicada a analizar la representación de las comunidades mexicoamericanas en el cine estadounidense y los estereotipos construidos por Hollywood. - 29 de julio | Mesa de diálogo y programa “Pintura y arte”
Conversaciones sobre muralismo, grafiti, fotografía y arte público, acompañadas de una selección de películas que exploran el vínculo entre las artes visuales y el cine experimental chicanx. - 30 de julio | “The Past is a Foreign Country”
Jornada dedicada a revisar distintos momentos de la historia del movimiento chicanx mediante proyecciones y diálogos con artistas e investigadorxs invitados. - 31 de julio | “Indigenous Experiments”
Conversatorios y funciones centradas en las raíces indígenas, la memoria colectiva y las conexiones culturales entre México y el suroeste de Estados Unidos. - 1 de agosto | Clausura con “We Didn’t Cross the Border, the Border Crossed Us”
El encuentro concluye con un programa audiovisual dedicado a las experiencias migratorias, las comunidades fronterizas y la construcción de identidades binacionales, retomando una de las consignas más emblemáticas del movimiento chicano.
Además, a lo largo del encuentro participarán figuras como Beatriz Cortez, Rita Gonzalez, Rubén Ortiz-Torres, Chaz Bojorquez, Alice Bag, Luis J. Rodríguez, Graciela Iturbide, Sayak Valencia y Said Dokins, quienes compartirán distintas perspectivas sobre el arte como herramienta de memoria, resistencia y construcción de comunidad.
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Texto: Redacción Coolhuntermx
Fotos: Rene Enriquez
Fecha de Publicación:
Jueves 02/07 2026
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