POESÍA NEGRA, IDENTIDAD, ANCESTRALIDAD Y TERRITORIO
Desde Cuajinicuilapa, Guerrero, Aleida Violeta Vázquez escribe poesía desde el cuerpo, la memoria y el territorio. Su primer poemario voz mezcla ancestralidad, orgullo, deseo y sanación. En este chismecito para Coolhuntermx con motivo de su primer poemario, Aleida y Juls Calderón conversan sobre identidad afromexicana, racismo, lenguaje y amor afrocentrado.
Escribir en comunidad
JC: Me gustaría empezar por el contexto comunitario del que surge tu poemario. El libro nace del proyecto Originaria. ¿Qué significó para ti ese proceso?
AVV: Fue una invitación personal de Ateri Miyawatl, poeta de Guerrero. Eso fue muy importante para mí. Originaria nace desde el compañerismo entre mujeres indígenas y afromexicanas. Yo no sabía que de ahí saldrían libros individuales.
En 2024, después del Huracán Otis, me mude a la Ciudad de México. En medio de este remolino de tragedias, Ateri me manda un mensaje en marzo: “Te mando el borrador de tu libro. Necesitamos tus correcciones; sólo falta el prólogo”. Ahí supe que iba a publicar mi primer poemario. Me quedé en shock, empecé a llorar y dije: “Guau, voy a publicar un poemario”. Pensé en mi abuela, en mi mamá, en el registro que quedará para las que vienen.
Nombrarse negra-afromexicana
JC: Mucha gente escuchó por primera vez sobre la población afromexicana hasta el reconocimiento constitucional de 2019, como parte de la composición pluricultural y multiétnica de México. ¿Cómo has vivido esas transformaciones políticas en los territorios que habitas?
AVV: Nosotras ya existíamos. Yo me supe negra desde que tengo memoria. En Cuajinicuilapa decir “negra” es cotidiano.
El término afrodescendientes se populariza a partir de la Conferencia Mundial contra el Racismo de Durban, Sudáfrica en 2001. Nombra a quienes descendemos de las personas esclavizadas traídas a las Américas y dispersas por el mundo, sin derechos garantizados. A partir de ahí la gente empezó a decir afrocolombiana, afroperuana, etc.
En 2011, en Charco Redondo, Oaxaca, muchas organizaciones y personas de comunidades se reunieron para hablar del reconocimiento constitucional. En ese diálogo mis compañeras y compañeros dijeron: “Nosotros somos negros”. Sin embargo, nos pidieron un término que no sea ‘negros’, porque en otros contextos es considerado racista. Así que nos inspiramos en los precedentes legales y culturales que te menciono para escoger “afromexicanos”.
Sin embargo, nos seguimos llamando negros y negras. Además, hay reinvindicaciones regionales. Se siguen nombrando jarochas en Veracruz, mareños en Chiapas, o negros mascogos en Coahuila. Estas diferentes identidades nos muestran que nuestra negritud la tenemos viviendo desde hace siglos.
Lo que cambió fue la relación con el Estado. Pero lejos de diluirse, la identidad negra se reforzó. Sobre todo entre las juventudes.
Herencias lingüísticas africanas e indígenas
JC: El poemario inicia con un glosario de regionalismos propios del pueblo Cuijleño (10) y con un breviario histórico recordando que la gente africana que llega a México “eran en su mayoría plurilingües, oriundos de diversas zonas de África oriental (Mozambique, Zanzíbar y Somalia, principalmente)” (11). ¿Se reflexiona en tus comunidades sobre esa herencia lingüística?
AVV: Hay una forma muy particular de hablar en la Costa Chica. No es un idioma, pero sí un lenguaje propio. Viene de la convivencia entre pueblos originarios y población negra. Muchas palabras vienen del mixteco, del zapoteco, del náhuatl.
Un ejemplo es atutuñar, que utilizamos mucho y significa apretar o abrazar fuerte y también tiene una connotación sexual. De ahí viene tutuñí, que es una tortilla recién salida del comal con sal y hierbas, un vocablo mixteco.
El lenguaje está también en el cuerpo, en el acento, en la risa. Todo eso comunica quiénes somos.
JC: ¿Y sobre la herencia africana?
AVV: No siempre es directo, pero está. Incluso palabras como chingar tienen raíces africanas. Viene de una lengua de la matriz bantú, pero significa molestar, vilipendiar, ofender, lastimar. Yo me enteré de eso al escuchar a otras compañeras de Colombia y Brasil. Me di cuenta que es lo mismo para ellas.
Racismo y el orgullo negro
JC: Ser una persona negra en espacios mestizos implica hipervisibilidad. ¿Cómo lo vives?
AVV: Crecí muy segura en Cuaji. Sabía que era negra y chula. Eso me lo dijeron mi abuela, mi mamá, las vecinas. Cuando salí a Guanajuato, entendí que no para todas las personas era bonito ser negra. Empezaron los insultos racistas, el acoso, sobre todo de hombres adultos. Yo tenía 10 u 11 años. Hoy me doy cuenta de que a otras niñas no las acosaban así.
Con el tiempo, empecé a darle la vuelta a todo el racismo y a aportar mi belleza, mi cuerpo y mis talentos con seguridad. Quise celebrarlos, incluso provocar incomodidad. Pararme erguida incomoda. Porque no esperan que una mujer negra ocupe el espacio con seguridad. Todo esto se refleja en mi poesía.
Dolor, sanación y fugas
JC: En tus poemas aparece el dolor, pero no te quedas ahí. ¿Por qué?
AVV: Nombrar lo que duele libera al cuerpo. La escritura me ha salvado muchas veces. Pero no me gusta quedarme en el lugar de la víctima. Por eso escribo así: abrazo el dolor, la pérdida, la tragedia un rato. Me lloro tres, cuatro días, y después busco una salida, que siempre he encontrado. No es lineal, nunca lo ha sido, pero sucede.
En mi poesía va a estar lo aciago, pero siempre también la celebración, la fuga, el cimarronaje. Nos hemos escapado toda la historia de la opresión y la violencia; siempre ha habido rutas de fuga.
Amor afrocentrado y deseo
JC: En el chismecito previo con raza sosa, surgió la pregunta por la ausencia del amor y el deseo entre personas tepiteñas. En tu libro, el amor entre personas negras está muy presente.
AVV: Para mí era necesario. Toda la vida escuché eso de “mejorar la raza” y pensaba: ¿mejorar la raza cómo? Veía a mi tío, altísimo, fortísimo, levantando troncos sólo por ordeñar vacas, y luego veía a mi papá, más chaparrito, flaco, blanquito, y decía: ¿de qué hablan cuando hablan de raza?
Yo siempre he admirado la belleza negra. Nombrar el amor afrocentrado es político. Elegirnos entre nosotras también es resistencia.
Eso sí, hay deseo, pero también límites. Me gusta que me quieran bien. Si no, me sacudo y sigo. Eso también es dignidad.
¿La primera poeta afromexicana?
JC: A veces se te nombra como “la primera poeta afromexicana”. ¿Cómo te sientes con eso?
AVV: Es agridulce. Antes hubo muchas mujeres negras escribiendo. La diferencia hoy es la visibilidad y el momento histórico. Eso hay que cuestionarlo. Mi primer poemario es una construcción colectiva que no empezó ahorita.
***
La poesía afromexicana de mujeres existe desde hace siglos. Se escribe desde el territorio, el cuerpo y las historias compartidas de mujeres negras que han luchado desde la cotidianidad a lo legal. Escuchar estas voces como la de Aleida es urgente. Gracias a Aleida por permitirnos aprender más de lo que hay detrás de su primer poemario orgullosamente afromexicano.
Compartir artículo
Texto: J. C. D. Calderón
Fotos: Cortesía de Sara Artemisa y J. C. D. Calderón
Fecha de Publicación:
Jueves 23/04 2026
if( have_rows('efn-photos') ) { ?>
TAGS
NOTAS RELACIONADAS
- Rótulos: La tipografía que camina la ciudad — historia, tipos y por qué el diseño gráfico también vive en la calle
- Juan Ki Buenrostro: Una lectura desde dentro del Encuentro Nacional de Arte Joven en el marco del Día Mundial del Arte
- Juan Ki Buenrostro: Una lectura desde dentro del Encuentro Nacional de Arte Joven en el marco del Día Mundial del Arte



