KALISTA MX, MIA MULLET, MADRIGAL, Y MÁS PEFILES
La creatividad de Culiacán está en una ciudad de contrastes tan marcados que a veces parecen irreconciliables, pero conviven todos los días, en las mismas calles, bajo el mismo sol intenso.
Es una ciudad fértil antes que nada (en muchos sentidos). La tierra alrededor de Culiacán es generosa, verde, húmeda, productiva. De aquí sale comida para medio país y para exportación. Esa abundancia agrícola le dio forma a la ciudad, a su economía y también a su carácter.
La gente de Culiacán suele ser cálida, hospitalaria, de trato franco; que muchxs hasta pensarían que tanta franqueza roza en la grosería, porque unx culichi te habla gritando, pone pronombres antes de tu nombre “La María”, “El Juan”, se refiere a los amigos como “Los Plebes”, pero detrás de eso hay cariño, hay confianza. La sociedad culiacanense siente un orgullo silencioso por la tierra y por “salir adelante como sea”. También hay una cultura del humor negro, de la resiliencia, de seguir viviendo aún cuando el contexto no siempre acompaña y es esto lo que lxs ha mantenido fuertes ante todas las adversidades, porque lamentablemente también ha sido una tierra marcada por la violencia.
La herida abierta
Desde hace más de un año, la ciudad vive lo que muchxs llaman “la situación”, una especie de narco-pandemia que golpeó la economía, cerró negocios y transformó la vida social. Toques de queda implícitos, hábitos alterados y el dilema constante entre quedarse o irse. Aun así, algo persiste.
Visto desde fuera, Culiacán suele reducirse a una caricatura violenta. Se olvida que aquí hay artistas, estudiantes, cocineras, fotógrafxs y jóvenes creando a contracorriente. Este texto nace para mostrar ese otro pulso, las propuestas creativas que siguen brotando en medio del caos.
Talento que cruza fronteras
Desde Culiacán han salido nombres que hoy resuenan a nivel nacional e internacional. No como una excepción milagrosa, sino como una identidad que insiste en expresarse. Hay culichis que destacan en industrias como el cine, teatro, modelaje y diseño, llevando consigo no sólo una bandera mexicana, sino una carga cultural profundamente sinaloense.
Arte
Desde la fotografía, varias miradas han logrado captar y reinterpretar la ciudad, la cultura y los símbolos del hogar culichi más allá del estigma. El trabajo, por ejemplo de Andrés Rojo, se mueve entre lo documental y lo emocional, plasmando escenarios cotidianos a través del film fotográfico y la imagen análoga. Además, crea una comunidad que invita a la experimentación del arte de la fotografía de rollo.
Otro ejemplo de cómo plasmar la cultura con una visión diferente es el trabajo de Emmanuel Hernández. Con su sello personal y la imagen a blanco y negro, se acerca a los momentos culturales de la ciudad, fotografiando desde músicos de la orquesta sinfónica hasta artistas callejeros.
Por su parte, Krishna Valdez, quien empezó a experimentar y jugar con el autorretrato, ha llegado a dar pláticas en plataformas nacionales, colaborar con grandes marcas, realizar arte visual para marcas independientes y exponer fotografías en Japón. Siempre siendo fiel al estilo que desarrolló y perfeccionó desde muy corta edad.
Y no podemos pasar por alto el trabajo de Alexa Osuna, que va desde la dirección creativa, moda, scouting y fotografía. Logró posicionarse con su buen ojo e intuición estética, haciendo campañas para marcas nacionales y creando una comunidad de talentos a lxs cuales busca impulsar a través del lente de su cámara.
En la expresión a través de la pintura, dibujo e ilustración, surgen perfiles muy diversos como el de Dude Bizarro (Fer Franco). Sus trabajos sumamente detallados nos transportan fuera de cualquier lugar real en el que estemos y nos llevan a un mundo de caricatura único.
Quién también ilustra con tintes surrealistas, pero a la vez plasma escenas cotidianas es Mucha Miel (Melissa Padilla). El enfoque de su arte radica en lo colectivo, en los valores culichis y en lo que vemos en el día a día en las calles del centro, contando historias a través de la ilustración digital y tradicional.
Otro artista que plasma su historia, el legado familiar y la calidez local en cada una de sus obras y proyectos es Alejandro Castañeda. Como diseñador industrial, experimenta con distintos materiales combinando cerámica, cuero y metal para reinventar objetos de la cotidianidad culichi. Además su misión como artista ha sido crear espacios comunes para quienes busquen acercarse al arte en la ciudad, dirigiendo así el proyecto de Cenaduría Tierra Blanca, cuyo espacio recibe a todxs lxs interesadxs en exponer, practicar y hablar de la creatividad en Culiacán
Moda
Por otro lado, la moda en Culiacán, es todo un abanico de estilos que nos recalca que no hay un estereotipo único del culichi y que el talento joven está sumamente conectado con la sociedad y la filosofía de la generación Z de la ciudad.
Proyectos como Kalista Mx y Mia Mullet, construyen sus propios mundos desafiando cualquier regla impuesta por la sociedad y dirigiéndose a consumidorxs creativxs que valoran la moda lenta y consciente.
También diseñadores y marcas, como Madrigal, que diseña desde adentro de la comunidad LGBTIQ+ joven de culiacán, siendo sus prendas una segunda piel para quienes tienen esa personalidad camaleónica y disruptiva. Pero que sobre todo, apoyando y visibilizando las narrativas de esta comunidad que se abre paso fuerte entre una mentalidad tradicional norteña.
La moda urbana masculina también encuentra un espacio importante dentro de la escena local. Proyectos como Fego Tee, Saint Garments y Cholo Cry traducen la calle, el lenguaje y la estética culichi en propuestas que dialogan con el streetwear. Son proyectos que entienden la ropa como discurso y que utilizan el diseño como una forma de expresión cultural y resistencia visual.
Igualmente, Anthony Rivera se ha encargado de crear una línea estética única a través de las texturas, colores y diseños en la ropa, que ha compartido en distintas editoriales y eventos de moda nacional. Combinando un entorno urbano, líneas atrevidas y una rebeldía que representa esta resistencia y fuerza joven.
Finalmente, Sorachi Terrazas, promesa del modelaje y favorita de revistas, fotógrafxs y marcas nacionales e internacionales como Carolina Herrera y Dior, justo por esta pasión y amor a sus orígenes mexicanos y sinaloenses. Ofreciendo versatilidad, frescura y dinamismo, ya sea abriendo un desfile en Milán o portando prendas de haute couture, el discurso y estandarte de Sorachi es claro: “de Culiacán, pa’l mundo”.
Sostenibilidad y espacios
A todo esto se suman iniciativas como Todos Ponen Feria, que demuestran cómo la organización colectiva y la colaboración entre artistas, creativos e inversionistas locales, pueden generar impacto real en la comunidad, no solo de Culiacán sino de todo el noroeste. Más allá del arte y la estética, estos proyectos evidencian que la creatividad también puede convertirse en herramienta social, solidaridad y acción directa para dar visibilidad al talento que existe en la región.
Al estar hablando de espacios y lugares donde la convivencia y el escape del caos nos ofrecen libertad y recreación, se tiene que mencionar a 532. Un lugar que nace en el corazón del centro histórico de Culiacán. Es una opción para poder disfrutar de Jazz, comida y arte. En sus paredes alberga una galería que busca dar oportunidad a artistas emergentes de exponer sus creaciones, un patio donde cada noche recibe a músicos culichis que ofrecen blues y jazz, así como un pequeño escondite para poder bailar, disfrutar de sonidos únicos y experimentar ese lugar común en el que todxs merecemos estar, lejos de la violencia y las preocupaciones.
Emprender aquí implica riesgos, pausas forzadas y cansancio, pero también una profunda conexión con la comunidad y el territorio. Crear desde Culiacán no es una comodidad, sino una postura que desafía al contexto y se niega a dejar que el caos sea lo único que defina a la ciudad.
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En el fondo, Culiacán es una ciudad que vive en tensión constante entre lo que es y lo que se dice que es, entre la violencia y la vida cotidiana, entre la abundancia y la carencia, entre el silencio y la necesidad de contarse de otra forma. No es una ciudad fácil de amar, pero quienes la aman lo hacen con una conciencia brutal de sus sombras y aún así, deciden quedarse, crear y construir otra narrativa posible.
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