PENSAR EL DISEÑO DESDE LOS RITUALES GASTRONÓMICOS Y LOS OBJETOS COTIDIANOS
El diseño no siempre nace del deseo de innovar, sino de la necesidad de observar con mayor profundidad lo que ya existe. Esa idea atraviesa el trabajo de Mot Studio, fundado por Ana Lucía Santoyo y Gabriela Delgado.
Su historia comenzó en el CIDI de la UNAM, hacia el final de su etapa universitaria. Durante el desarrollo de sus tesis, ambas exploraron el punto intermedio entre investigación, materialidad y la dimensión simbólica de la gastronomía. Comprendieron que los objetos no son simples utensilios, sino portadores de memoria y vínculos. Así surgió la inquietud que más tarde daría origen al estudio, traducir esas relaciones invisibles en una práctica de diseño sensible a la cultura y a la emoción.
Su proyecto de tesis abordó la comida como patrimonio intangible, analizando platillos reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Más que recetas, les interesaban los gestos que los sostenían, los modos de servir, compartir y reunirse alrededor de una mesa. Descubrieron que el diseño podía ser una herramienta para entender cómo una comunidad se piensa a sí misma a través de la gastronomía y sus rituales.

El salto al vacío y el coraje como punto de partida
Pasar de la tesis al estudio fue un acto de valentía. Ana Lucía y Gabriela dejaron sus trabajos para apostar por una intuición. El nombre Mot, que en noruego significa “coraje”, alude a ese momento fundacional donde miedo y convicción conviven. “Mot representa ese momento de miedo y de impulso a la vez, la fuerza que nos hizo renunciar a todo y empezar de cero”, recuerda Gabriela; Ana por su parte comenta: “Coraje fue lo que necesitábamos para hacerlo, nos lanzamos sin saber si iba a funcionar, pero sabíamos que queríamos intentarlo“.
Durante una estancia en Noruega, Ana Lucía comprendió que el diseño no separa la función del significado ni la ética de la estética. En el Museo del Diseño de Copenhague, entendió la mesa como un territorio cultural que narra la historia de los rituales gastronómicos. De regreso en México, esa revelación se convirtió en el punto de partida del estudio: hacer visible la dimensión simbólica del objeto cotidiano.
Diseño con intención y alma
Mot Studio nació con un manifiesto sencillo pero poderoso: “Ningún objeto es común y cada detalle cuenta”. Esta frase guía su metodología, que privilegia la observación, la precisión emocional y la coherencia entre función, afecto y pensamiento. En el estudio, los objetos no son mercancía, sino mediadores de experiencia y estructuras de sentido.
Su primera colección, una vajilla artesanal inspirada en rituales culinarios del mundo, se basó en su tesis. Cada pieza rinde homenaje a los platillos reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Analizaron más de treinta recetas de distintas regiones y crearon siete categorías que guiaron el diseño. Así surgió un sistema de objetos capaces de evocar la memoria de los rituales y, al mismo tiempo, honrar el acto universal de comer juntxs.

La comunidad como núcleo conceptual
En su proceso creativo, Gabriela y Ana Lucía comprendieron que la comida es un lenguaje universal capaz de generar comunidad. A partir de esa idea, y mediante ejercicios de asociación semántica y análisis visual, Mot Studio tradujo este concepto en valores formales: simetría, continuidad, superficies lisas y monocromía.
De ahí surgió la figura que sintetiza su filosofía: el toroide, un círculo sin principio ni fin que simboliza el vínculo entre culturas y el ciclo continuo del acto de compartir. Este elemento se convirtió en la base estructural de toda su colección, presente en cada pieza y conectándolas como parte de una misma familia.
La vajilla no busca representar una cultura en particular, sino convocarlas a todas. Cada pieza —la jarra Odesa, el vaso Kyoto, el bowl Sumy, el plato Moa y el trinche Seúl— puede usarse de manera individual o integrarse en un sistema abierto donde cada persona construye su propio relato doméstico. Para el estudio, el diseño no debe imponer una estética, sino crear relaciones y acompañar la vida cotidiana.
Esta aproximación se sostiene en un principio ético, el diseño no debe imponer una estética, sino habilitar relaciones. Las piezas de Mot Studio no buscan protagonismo; se integran a la vida cotidiana con una presencia discreta, acompañando los ritmos y los afectos de quien las usa. Así, cada forma encierra la posibilidad de ser apropiada de manera distinta según el contexto.
Las piezas están elaboradas en cerámica de alta temperatura, resistentes y pensadas para el uso diario, con acabados hechos a mano que les otorgan un carácter único. La paleta cromática, inspirada en la naturaleza, busca evocar emociones más que definir una imagen. “Queríamos una gama amplia para que cada persona pudiera elegir los tonos que la representen”, explica Gabriela.
Para Mot Studio, diseñar significa encontrar equilibrio entre todas las vertientes del oficio, función, ergonomía, estética y emoción. No se trata de priorizar una sobre otra, sino de mantener un diálogo constante entre ellas. “Queremos que los objetos sean funcionales, pero también que tengan alma —comenta Gabriela—, que acompañen los rituales cotidianos y transformen los espacios con discreción.”
De las aulas al panorama internacional
El crecimiento de Mot Studio fue rápido y orgánico. Apenas cinco meses después de lanzar su primera colección, fueron invitadas por el CIDI de la UNAM a exhibir en el Salone del Mobile de Milán, la feria de diseño más importante del mundo. “Ver lo que se hacía afuera nos dio claridad sobre lo que queríamos ser”, recuerda Ana Lucía.
Después presentaron su trabajo en la Mexico Design Fair en Austin, dentro de Soho House, donde participaron como estudio independiente ante una audiencia internacional. Estas experiencias marcaron un punto de inflexión, Mot Studio pasó de ser un proyecto emergente a una de las nuevas voces del diseño contemporáneo mexicano.
El reconocimiento no las llevó a escalar en producción, sino a reforzar su coherencia. Rechazan la lógica del lujo ostentoso y prefieren trabajar en pequeña escala, cuidando la relación entre el objeto y quien lo usa. En su estudio, la forma no se separa del pensamiento, y cada colección parte de una reflexión sobre cómo los objetos construyen vínculos.
Restituir el valor de lo cotidiano
El trabajo de Mot Studio no busca redefinir lo cotidiano, sino restituir su valor simbólico. En su universo, una taza o un plato no son simples utensilios, sino extensiones de la memoria y del gesto. Cada pieza recuerda que la vida está hecha de acciones mínimas.
En un contexto donde el diseño suele ser vehículo de consumo, Mot Studio propone una relectura del objeto como herramienta de pensamiento. Sus piezas no buscan protagonismo, sino acompañar los ritmos y afectos de quienes las usan. En su sencillez, enseñan a mirar, habitar y comprender la materialidad como un lenguaje cultural compartido.
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Texto: Sebastian Gaytan – Colateral
Fotos: Cortesía y Colateral
Fecha de Publicación:
Viernes 07/11 2025
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