LA CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD Y LA LEY GENERAL PARA LA INCLUSIÓN ESTABLECEN EL PRINCIPIO DE AJUSTES RAZONABLES: MODIFICACIONES NECESARIAS, NO EXTRAORDINARIAS, PARA GARANTIZAR LA PARTICIPACIÓN EN IGUALDAD DE CONDICIONES
En los primeros días del reality, el país vio a Abelito, creador de contenido originario de Zacatecas y persona de talla baja, moverse por una casa diseñada como si todas las corporalidades midieran lo mismo. La solución inmediata de la producción fue un banquito, un recurso de emergencia que pronto se volvió símbolo. No de apoyo, sino de la falta de ajustes razonables integrados al diseño del set. El mensaje, sin proponérselo, fue claro: la inclusión sigue funcionando como parche y no como arquitectura.
La prueba de la bicicleta evidenció el problema de raíz. No fue cuestión de “fuerza de voluntad”, sino una dinámica diseñada para un estándar corporal que dejó a Abelito excluido por talla. En televisión, la exclusión por diseño es también exclusión narrativa, quien no puede participar de la escena desaparece del relato. Esa desaparición se repitió en detalles menos obvios: cámaras colocadas a alturas que no siempre lo encuadraban y planos pensados para otra escala corporal. Un reality 24/7 que no ve a todxs no es espejo, es filtro.
Inclusión no es caridad: Es diseño
La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y la Ley General para la Inclusión establecen el principio de ajustes razonables: modificaciones necesarias, no extraordinarias, para garantizar la participación en igualdad de condiciones. Un banquito improvisado no cumple ese estándar; barras a diferentes alturas, superficies de apoyo, encuadres pensados para distintas estaturas, dinámicas adaptables y señalética clara sí lo hacen. No se trata de “hacerle un favor” a una persona, sino de diseñar sistemas que no expulsen.
La televisión que dignifica (y la que no)
La TV mexicana ha oscilado entre la burla y la dignificación. El mismo formato ya había demostrado su potencia simbólica cuando Wendy Guevara ganó en 2023 y la pantalla masiva reconoció a una mujer trans desde la centralidad del prime time. Esa victoria abrió la puerta a otras corporalidades y subjetividades. La llegada de Abelito en 2025 prolongó esa conversación, pero también reveló los límites de una inclusión que no aterriza en infraestructura. Visibilizar a alguien y no ajustar el entorno que lo rodea es como invitar a la fiesta y no dar la dirección.
Datos que importan más allá del show
Según el INEGI, En México, 8.8 millones de personas (7.2% de la población de 5+ años) reportan alguna discapacidad; Zacatecas—estado de origen de Abelito—tiene el porcentaje más alto (11.2%). No es un asunto “de un caso en un reality”: es un país pidiendo entornos accesibles en lo público y en lo privado. Si la pantalla más vista normaliza ajustes razonables, acelera su adopción en hogares, escuelas, recintos culturales y trabajos. Si la pantalla improvisa, la improvisación se vuelve norma.
¿Qué sí sería inclusión en un reality de gran formato?
Incluir no es sumar un “personaje”, es replantear el juego. En un programa de convivencia con cámaras 24/7, accesibilidad significa: un set auditado con criterios de diseño universal —superficies, alturas, mobiliario, sanitarios y regaderas multialtura y multifunción—, circulación libre de obstáculos y señalización táctil/visual. Esto incluye cámaras y encuadres calibrados para cubrir todos los rangos de estatura.
Por supuesto, también deben existir protocolos para el reemplazo y mantenimiento de ayudas técnicas: si algo se rompe, la autonomía de nadie debería interrumpirse.
En cuanto al lenguaje y la edición, esta edición necesita una narrativa que cuente sin exotizar; es decir, mostrar sin explotar.
Nada de esto es capricho: la propia regulación mexicana establece lineamientos de accesibilidad para servicios audiovisuales y espacios de atención al público. Trasladar ese estándar a la producción de entretenimiento no es opcional éticamente; es la evolución lógica de un medio que se dice para todxs.
La contradicción de 2025: Visibilidad con deuda
La incorporación de Abelito, anunciada con bombo y platillo en el arranque de temporada, visibilizó a las personas de talla baja en la TV abierta y el streaming. Pero esa misma semana, el programa mostró que no basta con encender la cámara: hay que mover el set, replantear las dinámicas y acostumbrar a lxs televidentes a otra narrativa. Lo que quedó a cuadro fue el desfase entre el discurso y la práctica. Y esa es la verdadera enseñanza: la inclusión no se mide por el rating que produce, sino por la autonomía que garantiza.

Cuando la accesibilidad se integra al diseño desde el inicio, deja de notarse; y cuando no se nota, es que funciona. Hoy, la televisión tiene la oportunidad de pasar de los gestos a la infraestructura.
La audiencia ya lo vio: un banquito no es inclusión. Ahora falta que lo aprenda la industria.
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Texto: María Fernanda Carmona
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Sábado 23/08 2025
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