UN HOTEL IMAGINARIO DONDE LA LUZ SE CONVIERTE EN RELATO Y POESÍA
Desde su primera edición en 2018, en Coolhuntermx hemos seguido de cerca la evolución de Maison Diez Company. Año con año, hemos documentado cómo este proyecto ha mostrado la manera en que entiende y vive la iluminación en México. Hemos mapeado el crecimiento de su apuesta curatorial, su diálogo con marcas internacionales y su capacidad para convertir cada espacio intervenido en un laboratorio sensorial. Siete años después, el proyecto no solo se ha fortalecido, sino también ha expandido los límites de lo que puede ser una exposición de luz.
Este año, Campos Polanco se convirtió en un escenario para lo inmaterial. En su séptima edición, Maison Diez Company nos invitó a viajar a la velocidad de la luz, un recorrido inmersivo que transformó la percepción del tiempo, el espacio y la emoción.
El proyecto de Diez Company, dirigido por Rodrigo Fernández y Gina Diez Barroso, volvió a situar a la Ciudad de México en el mapa global del diseño lumínico. Como en cada edición, la luz no aparece como objeto, sino como lenguaje, un medio para contar historias a través del resplandor.
El hotel donde habita la luz
Maison Diez Company 2025 tomó la forma de un hotel imaginario, un espacio donde cada habitación funciona como metáfora del paso del tiempo.
Al cruzar el vestíbulo, lx visitantx se adentró en una narrativa que se despliega habitación tras habitación, una historia contada a través de luminarias, reflejos y sombras.
El vestíbulo dio la bienvenida con piezas de Tooy, Roll & Hill y A-N-D, mientras que el patio resplandeció bajo la firma de Tom Dixon, cuyas superficies metálicas capturan el movimiento de la luz como si esta tuviera peso.
En cada nivel, el diálogo entre marcas internacionales —Louis Poulsen, Flos, Nemo Lighting, Bocci— y firmas mexicanas como Bandido o Menat Studio generó un recorrido que combina técnica, emoción y poesía visual.
La luz como relato emocional
“Maison Diez Company no es un hotel, es un umbral”, señaló Rodrigo Fernández, en alusión a la naturaleza efímera y envolvente del proyecto.
En la Sala, la curaduría trabajó con tonos cálidos y reflejos suaves que despertaron una sensación de nostalgia, mientras que en el Estudio, las lámparas portátiles de Audo Copenhagen y Faro Barcelona construyeron un ambiente de quietud y reflexión.
En la Habitación 401, nombrada La mujer que llora, luminarias de Flos, Nemo y Bocci acompañaron una narrativa íntima que exploró la vulnerabilidad y el silencio. Por su parte, El hombre en la tina, de la Habitación 402, recreó un instante suspendido donde la luz parecía acompasarse con la respiración del espacio.
La casa como galería viva
La experiencia culminó en la Terraza, donde la luz exterior se transformó en atmósfera gracias a firmas como Vibia, Marset y Bover.
El recorrido, que atravesaba cinco niveles, redefinió la idea misma de exposición. No se trata de mostrar, sino de habitar.
Quienes visitaron el espacio se desplazaron entre luces, texturas, cristales y reflejos, descubriendo que la iluminación no solo modifica los lugares, sino también la manera en que los sentimos.
La luz como cultura
Desde su creación en 2018, Maison Diez Company ha consolidado su papel como el evento de iluminación más relevante de Latinoamérica. Con proyectos paralelos como The Light Report, Diez Company ha logrado que la luz sea entendida no solo como diseño, sino como disciplina cultural.
“La luz tiene el poder de transformar lo cotidiano en extraordinario”, afirma Gina Diez Barroso. Y en esta edición, esa transformación se vivió con todos los sentidos: la vista, el tacto, la memoria.
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Texto: Alondra Mondragon
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Martes 18/11 2025
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