UN SISTEMA DE AUDIO BIEN DISEÑADO PUEDE AUMENTAR LAS VENTAS DE UN RESTAURANTE HASTA EN UN 9.1 %. EN MÉXICO, INVESTIGACIONES RECIENTES EN CDMX, GUADALAJARA Y MONTERREY CONFIRMAN QUE EL 58 % DE LXS COMENSALES PROLONGA SU ESTANCIA SI SE SIENTE CÓMODX CON LA MÚSICA, Y UN 64 % PIDE UNA BEBIDA EXTRA SOLO POR SEGUIR DISFRUTANDO DEL AMBIENTE

En un restaurante todo comunica. La textura del mantel, la temperatura de la luz, el aroma que viaja desde la cocina. Pero hay un elemento que a menudo pasa desapercibido y, sin embargo, puede definirlo todo: el sonido. Porque un restaurante puede verse bien, pero si no suena bien, algo falla. Lo sabes cuando pasa: la música está muy alta, distorsionada, genérica. El ambiente se rompe, la experiencia pierde coherencia. Te tomas la última copa, y te vas. Esto lo sabe bien Margules.

Ahora imagina lo contrario, entras a un lugar donde cada nota suena como si estuviera hecha para ese espacio. El ritmo acompaña la charla, la textura sonora te abraza. Sin darte cuenta, te sientes bien. Y cuando te sientes bien, te quedas. Y cuando te quedas, consumes más.

Eso no es casualidad: es ciencia.

La música también vende

Estudios de Soundtrack Your Brand junto al Instituto Sueco de Retail han demostrado que un sistema de audio bien diseñado puede aumentar las ventas de un restaurante hasta en un 9.1 %. En México, investigaciones recientes en CDMX, Guadalajara y Monterrey confirman que el 58 % de lxs comensales prolonga su estancia si se siente cómodx con la música, y un 64 % pide una bebida extra solo por seguir disfrutando del ambiente.

Es simple, el sonido correcto genera bienestar, y el bienestar genera consumo. Pero lograrlo no depende de una playlist bonita ni de una bocina de diseño. Depende de cómo suena.

Margules: El arte invisible del sonido

Aquí entra Margules, una marca mexicana con casi un siglo de historia que no fabrica bocinas, crea atmósferas. Fundada en 1927, la compañía ha perfeccionado el arte del audio de alta fidelidad desde una filosofía profundamente humana: entender cómo el oído y el cerebro perciben la emoción. Sus sistemas no buscan volumen, sino armonía emocional. No se imponen sobre el espacio, lo complementan.

La diferencia es perceptible. Gracias a su tecnología ANA (Alineación Neuro-Acústica), los equipos Margules ajustan las frecuencias para que el cerebro interprete el sonido como algo natural y placentero. El resultado es tan envolvente que, como cuentan algunxs visitantes del showroom de la marca, “puedes cerrar los ojos y sentir que el artista está tocando frente a ti”.

De la ingeniería al placer

Detrás de esa sensación hay una ciencia fascinante. Margules trabaja con los armónicos —las frecuencias que dan identidad a cada instrumento— para conservar su riqueza original. Así, una trompeta sigue sonando metálica, un piano sigue sonando íntimo, y una guitarra sigue respirando madera.

Esta fidelidad no solo cautiva a melómanos, sino también a chefs, arquitectxs y diseñadorxs que entienden el sonido como parte del branding sensorial. Restaurantes de autor, bares boutique y espacios de lujo en México han incorporado sistemas Margules desde la etapa de diseño, no como un accesorio, sino como un ingrediente de la experiencia.

El lujo que no se ve, pero se siente

Quizá ese sea el verdadero lujo: el que no se presume, sino que se percibe. Cuando un restaurante suena bien, todo parece más sofisticado, más cuidado, más humano. Y en una época donde la experiencia lo es todo, eso se traduce en valor, fidelidad y recuerdo.

Porque sí, el sonido también cuenta historias. Y cuando se diseña con intención, puede ser tan poderoso como un platillo bien ejecutado o una copa de vino perfecta.

En un contexto donde los restaurantes buscan diferenciarse por lo que sirven, tal vez el próximo gran paso esté en cómo suenan.


  • Texto: Redacción Coolhuntermx

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Martes 11/11 2025