LAS CONCHAS DESCARTADAS SE TRANSFORMARON EN BIO SHELL COMPOSITE, UN MATERIAL DESARROLLADO A PARTIR DE FRAGMENTOS MARINOS QUE COMPRIMIÓ MEMORIA EN UNA SUPERFICIE INTENCIONAL
Durante la semana del arte, Studio davidpompa y Contramar se reunieron para presentar una exposición que reflexionó sobre transformación, memoria y la poesía de los materiales. El mar fue el punto de partida, pero también el hilo conductor de una narrativa circular que habló de origen y renovación.
¿Cómo se realizó esta exposición?
Todo comenzó en Puerto Libertad. Allí, pescadores y proveedores con años de colaboración con el restaurante Contramar recolectaron tres variedades de almeja fundamentales para el proyecto: blanca, reina y roja. Antes de convertirse en platillo, esas conchas ya habían absorbido ritmo, sal y tiempo. Lo que normalmente habría terminado como residuo inició otra travesía.
Las conchas descartadas se transformaron en Bio Shell Composite, un material desarrollado a partir de fragmentos marinos que comprimió la memoria en una superficie intencional. En la exposición, nuevas piezas lumínicas de Studio Davidpompa utilizaron este compuesto como materia central. Se presentaron junto a obras que subrayaron su densidad, su origen y su carácter táctil.
La luz no solo iluminó objetos, sino que reveló procesos. Hizo visible el recorrido de la materia; del mar a la mesa, de la mesa al objeto y del objeto a la memoria colectiva.
Un diálogo entre oficio y legado
La colaboración trascendió lo simbólico. Studio davidpompa, firma mexicana reconocida por trabajar con materiales crudos y auténticos como palma tejida a mano, vidrio reciclado y barro ahumado, expandió su investigación hacia el territorio marino. Contramar, por su parte, llevó esa conversación al plato.
El restaurante ofreció un momento culinario especial inspirado en los procesos exhibidos. No fue una reinterpretación forzada, sino una extensión natural de su práctica diaria, honrar el ingrediente, respetar el tiempo, entender la tradición.
Cada pieza presentada fue el resultado de interacciones humanas, de conversaciones alrededor de una mesa, de decisiones compartidas. Precisión en el diseño y precisión en la cocina dialogaron sin competir.
El mar como escenario cíclico
Fragmentos de Mar exploró cómo los vestigios naturales pueden convertirse en contenedores de memoria. Una concha guardó más que calcio, contiene evolución, desplazamiento, transformación.
El espacio expositivo se convirtió en un punto de encuentro donde diseño, gastronomía y comunidad se entrelazaron. No se trató solo de observar objetos, sino de recorrer un ciclo. El mar apareció como escenario de una representación que regresó siempre al origen para replantear qué hacemos con lo que sobra.
En una Semana del Arte marcada por la inmediatez, esta muestra propuso detenerse. Pensar el residuo como posibilidad. Reconocer que incluso lo fragmentado puede narrar algo completo.
Lo que quedó después
Cuando las luces se apagaron y la agenda cultural avanzó hacia el siguiente evento, Fragmentos de Mar dejó una pregunta suspendida: ¿qué historias contienen los materiales que damos por agotados?
Quienes asistieron no solo presenciaron una exhibición de diseño y gastronomía en Ciudad de México. Fueron testigos de un proceso donde la materia cambió de estado sin perder su memoria.
Si aún no lo has hecho, vale la pena ver el documental y la conversación entre los creadores para entender cómo una concha puede convertirse en superficie, en luz y en relato.
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