¿DÓNDE HAN ESTADO TODO ESTE TIEMPO LAS MUJERES EN EL DISEÑO? OCULTAS, PROBABLEMENTE. UNA BREVE REFLEXIÓN SOBRE EL PAPEL DE LA MUJER EN EL DISEÑO EN MÉXICO Y EL MUNDO

“La historia siempre la escriben los vencedores”, una frase que probablemente todos recordamos haber escuchado en clase de historia durante nuestra vida académica. No me queda duda que es completamente cierta. Los libros y las historias que escuchamos a través de los siglos siempre tienen un narrador, que suele ser aquel que ganó la batalla o simplemente alzó su voz más alto que los demás. Y aunque al hablar de historia automáticamente pensamos en hechos que tomaron lugar hace siglos en países lejanos, ésta se escribe día a día y es momento de preguntarnos: ¿De quién es la voz que está narrando? ¿Qué está diciendo? y ¿Sobre qué está hablando?

La historia, en cuanto a diseño concierne, es una disciplina relativamente nueva donde aún existen un par de huecos que esclarecer. Hasta la fecha se ha tomado una postura que habla del diseño como una disciplina de grandes nombres y rockstars; en vez de abordarla como una labor de colaboraciones y procesos complejos que requieren del trabajo y la voz de muchos jugadores. Siendo honestos, hasta hace muy poco el diseño era enseñado, seleccionado, hablado y producido por hombres. El resultado fue que la voz que narraba la historia era la de un hombre, probablemente blanco.

Sin embargo, las cosas han empezado a cambiar. Siguiendo los movimientos sociales que día a día toman fuerza a nuestro alrededor, el mundo del diseño internacional se alinea poco a poco con ellos. Cada vez escuchamos más sobre las mujeres en el mundo del diseño: Frida Escobedo y su propuesta para el Serpentine Pavilion presentado en Londres el año pasado; Paola Antonelli como curadora del departamento de diseño y arquitectura del MOMA en Nueva York; y Alice Rawsthorn como una de las voces más relevantes en el mundo del diseño.

Y no solo se ha abierto la puerta a las mujeres, sino que paulatinamente entran en la conversación personajes de otras partes del mundo, más allá de Europa o Estados Unidos. Vemos actores emergentes como Ana Milena Hernandez de Colombia; Ami Doshi Shah de Kenia en la industria de la moda; e incluso diseñadores pertenecientes a la comunidad LGTBQ como Alessandro Trincone y Patrick Church. Y honestamente no sé si la reciente exposición de estos grupos –que hasta hace poco habían vivido en las sombras de la historia– es una moda a la que todos quieren sumarse. Es vital aprovechar que esta conversación ya está sobre la mesa sin dejar que en un futuro, sea opacada por el siguiente tema en boga.

Cuando me planteé el discurso que iba a tomar para escribir este artículo centrado en el papel de la mujer en la industria del diseño, no estaba muy segura de qué podría decir al respecto. Hasta ahora he tenido la gran fortuna de trabajar en uno de los despachos de diseño más reconocidos en el país, y aunque sí, lleva el nombre de mi jefe que es un hombre, nunca me he sentido en desventaja o poco valorada por mi género. “Me gustaría escuchar tu opinión” y “No podríamos lograr esto sin ti”, son frases que se escuchan en un día cualquiera en la oficina y refuerzan la confianza y el respeto que ahí dentro se vive. Y no solo eso, este respeto por cada una de las personas que ahí trabajan traspasa las paredes de nuestro pequeño estudio en la Ciudad de México. El reconocimiento se externa, ya sea en la mención del equipo y de sus integrantes en cada oportunidad o a través del apoyo para perseguir proyectos personales fuera del estudio. Podría no parecer mucho pero es reconfortante trabajar en un lugar así de seguro, donde te miden por tus habilidades y no por tu género. Un lugar donde no sientes tener que estar siempre a la defensiva.

Dicho esto, no soy tan ingenua como para pensar que en todos lados es así. Por desgracia, México es un país donde el machismo está intrínsecamente ligado a la cultura. Llegamos hasta el punto donde no lo percibimos, parecemos olvidar su existencia y lo normalizamos. Pero basta con voltear a nuestro alrededor para darnos cuenta que todavía hay mucho camino que recorrer. Noticias aterradoras sobre la cantidad de desapariciones de mujeres en el país; casos de acoso en la escuela y el trabajo; los comentarios de odio que inundan las redes sociales sobre una mujer indígena que triunfa en el extranjero, son solo algunos de los síntomas de esta enfermedad que invade nuestro país. Y que inevitablemente, permea todos los aspectos de nuestra vida, la industria del diseño incluida.

No es que se cometan crímenes de odio específicamente hacia las mujeres en las industrias creativas, pero sí tenemos que lidiar con temas que seguramente un hombre no. Algunas podrían parecer triviales: qué ropa utilizar si vamos a visitar a un proveedor en el centro de la ciudad para no llamar mucho la atención. Cómo comunicarle que no por ser mujeres, no sabemos leer un plano. Hay otros casos donde hay que cuestionarnos temas más serios como las estrategias para dirigir un equipo de hombres y obtener un buen resultado en el proyecto. Sentirnos presionadas por decidir entre una carrera profesional exitosa y una relación personal que funcione.

Una vez abierta la caja de pandora, es imposible cerrarla o mejor dicho, irresponsable. El primer paso para que mi caso, no sea solo uno de suerte, sino la norma inicial en el cuestionamiento personal. ¿Soy realmente consciente de mis acciones o solo hago las cosas que me han enseñado culturalmente? No se trata de destruir todo lo que hasta ahora se ha construido en el diseño, sino de sumar nuevos factores a la ecuación, sin importar su género. Para que en un futuro las frases como “tienes que esforzarte el doble que tus compañeros hombres” sean solo un recuerdo absurdo.

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Mariana Loaiza es diseñadora industrial por CENTRO Diseño Cine y Televisión. Actualmente forma parte del estudio Joel Escalona y escribe sobre diseño en diversas publicaciones.



  • TEXTO: Mariana Loaiza

  • ILUSTRACIÓN: Cristina Cruz

Fecha de Publicación:
06/03 2019