UN POEMA Y REFLEXIÓN ESCRITO POR DAVE BRENNAN

Cuando algo (o alguien) nuevo deja de ser nuevo, no ocurre por medio de un cambio prolongado; sino que pasa a ser parte de la norma repentinamente. No se anticipa, como ese primer tallón que le metimos al coche por venir contestando un nuevo mensaje. Nos bajamos a revisar el golpe y en ese abrir de la puerta el olor a nuevo que había estado impregnado en los asientos se esfumó.

Una tele no deja de ser nueva por llevar unas semanas anclada a tu pared. Una tele deja de ser nueva si ya te arrancó al menos una lágrima o una carcajada, pero una serie o película en sí cuando muere su primer personaje. ¿La ropa? Fácil, cuando se impregna de esa primera mancha —la cual en retrospectiva pudo haber sido evitada de mil y un maneras— de comida o labial.

Esa primera cana, que debatiste si arrancártela o no durante días, se hizo notar esa mañana mientras te veías al espejo, no se fue asomando poco a poco. Lo mismo ocurre con la arruga que encontraste y desde entonces has tratado de evitar fruncir la expresión que la forma, tratando de borrar su existencia sin éxito alguno.

Si las cosas dejan de ser nuevas en un instante, ¿las personas también? La primera vez que entendiste que tus papás eran tus papás. La primera vez que mentiste. La primera vez que volteaste al otro lado. La primera vez que te bajó. La primera vez que te veniste. La primera peda. El primer beso, el primer sexo. La primera pelea, el primer olvido, el primer día que no pensaste en él.

Entonces “la nueva normalidad”, ¿en qué momento ocurrió? ¿Con el primer contagio? ¿Con la primera cuarentena? ¿Con el primer muerto? Tal vez el problema es que las personas le siguen llamando “la nueva normalidad” cuando ya sólo es la normalidad.

¿Cuándo dejará de ser nuevo este texto? ¿Cuándo la primera persona lo comparta?

Turn and face the strange, ch-ch-changes.


Fecha de Publicación:
Martes 3/11 2020



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