EN EL MARCO DEL DÍA MUNDIAL DE LA MASTURBACIÓN HACEMOS UNA REVISIÓN DE COMO HEMOS NORMALIZADO EL CONSUMO DE PORNO PRODUCIDO POR Y PARA EL PLACER MASCULINO.

Así que se ha llegado la fecha, 7 de mayo, en la que celebramos el Día Mundial de la Masturbación. Quizá “celebrar” sea una palabra ridícula para aludirlo. Se celebra un gol del equipo favorito de futbol, el aniversario de un noviazgo, la noche del año nuevo. Sobre todo, celebramos mitos. La masturbación no es un mito, pero sí lo es aquello que está en la pantalla que, frecuentemente, nos estimula en el acto.

En el marco de esta conmemoración, tenemos que hablar sobre algo: el porno que hemos estado viendo no es real. Por otra parte: ¿puede la pornografía legal escapar de la representación absurda de fantasías? Luego de una larga tradición de porno hecho esencialmente por hombres para hombres -heterosexuales-, algunas mujeres en el negocio están apostando por hacer producciones “reales” y reconectarnos con la intimidad.

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El mito de lo viril

El cine pornográfico como lo conocemos hoy tuvo como cuna los prostíbulos en el siglo XIX para excitar la líbido masculina, como señala el pensador Gilles Lipovetsky en “La tercera mujer”. Esto quiere decir que desde sus orígenes, en el contexto occidental, fue meramente una herramienta a su servicio. No podemos obviar las muchas categorías del porno y se sabe que no todas están dirigidas al consumidor masculino heterosexual, del que partió en sus inicios este tipo de cine.

Sin embargo, el género masculino atraviesa a lo pornográfico, que históricamente ha exhibido las fantasías características de lo viril. Por lo general, en la mayoría de categorías está presente la permanente y entusiasta disponibilidad sexual de la mujer en todos los contextos, lo que gratifica altamente la fantasía masculina. En estas ficciones el fenómeno de la violación del mundo real se ve reemplazado por situaciones extraordinarias, desde la improbable disposición de una madre y una hija por copular con un extraño, o ritos de iniciación como en la clásica “Garganta profunda” que relata la iniciación de una mujer sexualmente frustrada. Si lo “real” puede explicarse con probabilidades, agregando a esto el absurdo de la sexualización de cualquier situación imaginable, es inevitable reconocer la irrealidad de estas historias.

Aunque los espectadores, hombres y mujeres, estén al tanto de que estos relatos poco sustanciales son sobre todo inverosímiles, hay síntomas de que el público femenino ha estado en busca de su lugar en la historia de la pornografía. Y ésta va avanzando paralelamente a otro relato, que es el de la masturbación misma, su aceptación social.

Effie o la nueva mujer en el porno

Estamos en una preparatoria en la Ciudad de México. En un aula oscurecida, las partículas de polvo viven a través de la luz que emite un ojo de cristal. Se proyecta una película polémica, “Irreversible” de Gaspar Noe, probablemente en un impulso de pueril rebeldía de un profesor nuevo en la matrícula. Detrás está “Effie”, una adolescente tiembla al ver una de las escenas de violación más explícitas de la historia reciente del cine. Para algunos críticos, innecesaria. Me lo cuenta ella, que ya no es adolescente pero sí su complexión, delgada y fuerte. Aquel día, dice, la escena le recordó un momento terrible, cuando fue víctima de abuso sexual.

Effie, una chica real a quien llamaremos así para fines narrativos, es creadora de contenido sexual para Make Love Not Porn, una plataforma en línea que ofrece videos de “personas reales teniendo sexo real”, cualidad determinada por cuidadosos filtros . Lo ha hecho durante seis años de lado de su pareja, con quien mantiene una relación abierta. Irónicamente, realizan este proyecto de manera exclusiva y, por decirlo de algún modo, desde la monogamia. Sólo ellos dos son los protagonistas de historias que pasan desde la ilusión de una espontánea actividad sexual en el Bosque de Tlalpan hasta el tierno encuentro en una cabaña a las afueras de la Ciudad de México, de puertas abiertas.

“Resistirme ante la pornografía convencional es una gran razón por la que hago esto”, me dice. “No muestra toda la complejidad que implica tener sexo con alguien. Mi perspectiva busca ser mucho más íntima y también plantear todo el esquema como si fuera una pequeña narración con una introducción, un clímax, una conclusión. Me importa que no sea, simplemente, un video del acto sexual per se. Busco contar historias”.

Hacia nuevas fórmulas fílmicas

Romper con las estructuras dramáticas del porno convencional es otro de los aspectos que hace interesante la propuesta de Effie y tantos más usuarios de este sitio. Los diálogos bobos y las malas actuaciones que los espectadores han soportado a costa de saltar rápidamente a la excitación, no forman parte de las políticas de este sitio.

Así como a Effie se le resbala el porno duro, también a muchísimas espectadoras y creadoras de filmes eróticos y pornográficos. Algunos teóricos, han señalado a los movimientos feministas como detonantes de esta liberación, si bien otros lo asocian con el movimiento de la diversidad sexual. De cualquier modo, no es una ofensa moral la que repele a muchas mujeres de esta vieja escuela del porno.

No se trata de una reacción moralista ante las escenas que objetifican a la mujer, secuestrando su propia capacidad de desear al otro. Desde el cine amateur hasta casas productoras, nuevos nombres en el negocio apuestan por dar a conocer lo que por tanto tiempo estuvo vetado: la búsqueda de una perspectiva femenina que incite al deseo. Entre los rasgos fílmicos que están estructurando estas nuevas perspectivas está la ausencia de zooms en los genitales o la aparición de risas espontáneas.

“Lo que molesta a las mujeres en la pornografía no tiene nada que ver con la reprobación del texto”, apunta Lipovetsky en la obra previamente citada. Más bien, la resistencia es ante su régimen despersonalizado y mecánico. El sexo por el sexo. “Sólo el porno duro y ginecológico permanece ajeno a las fantasías femeninas”. ¿Será?

 En un país en el que el número de mexicanas que ven pornografía a ascendido hacia el cuarto lugar mundial —según un estudio reciente de Pornhub—, la resistencia no parece ser tan fuerte. Pero la importancia de desafiar estas miradas tradicionales no está menos latente, si seguimos la fórmula clásica “el porno es la teoría, la violación es la práctica”. Estas nuevas narrativas son una reacción y propuesta ante la incidencia de la misoginia pornográfica en un contexto violento de asesinatos diarios a mujeres. Y, frecuentemente, posteriores al abuso sexual. 

En busca de lo “real”

Estrictamente, el hecho de que dos o más personas mantengan relaciones sexuales frente a una cámara dispuesta por ellos aporta un grado ilusorio y ficticio a la situación. Para la plataforma Make Love Not Porn, el sexo real que ofrece significa que: no se realiza en un estudio, no hay un guión y no hay actores cobrando por sostener relaciones sexuales con un extraño. Sólo parejas reales capturando su deseo y exhibiéndose. ¿De qué manera contribuye esto a nuestra educación sexual?

Mientras que en el caso de Effie, su costado sexual ha logrado revitalizarse con entusiasmo, luego de la herida emocional que le dejó una violación, hay un motivo principal por el que esta mirada alternativa contribuye a nuestra educación sexual y erótica. Y es que por su origen patriarcal y fundamentalmente masculino, las mujeres han estado consumiendo -solas o en pareja- producciones basadas en estructuras violentas fomentadas por el lugar sumiso y explotado que, culturalmente, continúa perpetuando ante los ojos del porno.

A su vez, este fenómeno repercute en el comportamiento social de todos los géneros -e identidades- en sociedad, diluyéndose en una violencia sistémica que se deja ver en el cotidiano. Sobra mencionarlo en un contexto como el mexicano, donde el feminicidio es uno de los síntomas a la orden del día que dejan ver el resentimiento de género reforzado por estereotipos reflejados a lo largo y ancho de la industria pornográfica.

El revés pornográfico

Pero el panorama no es del todo desolador. Sí, hay muchos aspectos que muestran el lado explotador y deshumanizante en la industria en cuestión. Pero entre las narrativas dominantes, nuevas formas de relatar momentos sexuales están encontrando pequeños intersticios para posicionarse en línea. Además de la ya mencionada Make Love Not Porn -a la que se ingresa por una cantidad aproximada de 5 dólares por mes y que paga a sus productores el 50% de las ganancias por video- hay otros sitios que constantemente están produciendo nuevas representaciones desde el punto de vista femenino u otras perspectivas emancipatorias, como Lust Cinema, que alberga una selección constantemente renovada de porno hecho por mujeres para mujeres; Four Chambers busca explorar nuevas estéticas conceptuales de la sexualización del cuerpo; o Bright Desire con cortometrajes hardcore, acentos de diversidad corporal y de tendencias sexuales, además de tener apartados de literatura y fotografía erótica.

Estas nuevas miradas de las que participan cineastas, productoras y creadoras de contenido han llegado para transformar, de a poco, y cada vez con más difusión, la percepción actual de la vida íntima. Se trata de un fenómeno que no está aislado a lo que está ocurriendo de manera paralela a la producción intelectual e investigación en otras disciplinas, como el periodismo, la publicidad, la literatura y las artes, así como una nueva cultura de la denuncia fortalecida por el movimiento #MeToo. Así, incluso el sexo está por reinventarnos.