¿QUÉ ES UN LIBRO?

Desde 1995, el 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro y la Propiedad Intelectual. La fecha fue elegida en conmemoración de la muerte de tres pilares de la literatura universal: Cervantes, Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega (1616).  

‘Libro’ es una palabra que proviene del vocablo latino liber, el cual refería la parte interior de la corteza de árbol sobre la que los antiguos romanos escribían. Como se sabe, el primer libro impreso fue la Biblia mazarina, trabajo del propio Gutemberg, inventor de la imprenta. Sin embargo, ya desde miles de años antes circulaban los manuscritos; primero, en hojas de palmera o de seda y madera, y luego, en placas de arcilla y rollos de piel de carnero.

Para el 2019, la RAE define ‘libro’ como el “conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Se acerca el 23 de abril y, entre versiones electrónicas y hábitos de lectura afectados por los nuevos dispositivos y redes sociales, cabe preguntar ¿es esa definición de libro suficiente?

Alejandro Magallanes, para la exposición La delgada línea que divide el lado derecho del izquierdo (Galería Myl), rescató cien libros que llevaban hasta 60 años olvidados en una librería y los transformó. Sumergiéndolos en pintura blanca, borró su apariencia original e intervino el exterior del libro con trazos infantiles y frases desfachatadas. Este experimento artístico convirtió volúmenes a punto de ser destruidos en piezas que, de fondo, problematizan el “ser” de un libro, la relación entre el contenido y el objeto que lo soporta.   

En México, publicaciones que cuestionen el concepto de libro y propongan a nivel objeto se realizan casi exclusivamente en editoriales independientes, pues éstas suelen responder a objetivos menos comerciales y más valientes, trabajar de manera artesanal, más cercana con el autor y realizar tirajes breves. 

Está, por supuesto, Almadía, que igual ha impulsado nuevas voces que nuevas formas de pensar las portadas. Ediciones Acapulco es otra. Fundada por Selva Hernández con la idea de hacer libros pensados desde la perspectiva de diseño y del libro como objeto, en esta editorial sólo hay primeras ediciones y tirajes menores a 500 ejemplares. En La Caja de Cerillos el trabajo editorial se ve como un proceso creativo de propuestas interdisciplinarias que involucran palabras e imágenes;así, entre sus publicaciones están La Migala de Juan José Arreola con ilustraciones de Gabriel Pacheco y un volumen que recorre los 20 años de trayectoria de Dr. Alderete, prologado por Doctor Calavera y Guillermo Fadanelli. Entre las más jóvenes están Ediciones Antílope, donde la lectura seentiende como un proceso que involucra todos los sentidos y la edición como una labor creativa que germina en colectividad y Mixedmedia.press, sello que da un esmerado cuidado a la calidad de los libros como objetos, para volverlos coleccionables.

Como ejemplos más claros de la experimentación con el objeto están La diéresis y C’est un livre. La primera, editorial que busca materializar la idea de cada texto en su formato, ha llegado a la publicación de ejemplares como Dos leyendas de Ted Hughes, en forma de móvil de pájaro, o Espejo de Sylvia Plath, el cual es impreso al revés para ser leído mediante su reflejo. C’est un livre se anuncia como un laboratorio editorial que hurga en las necesidades de cada “texto” para generar dispositivos de lectura específicos y bajo ese principio ha realizado publicaciones como 16 fotos que no tomé de Benoît Grimal; el poemario de Carlos Oquendo de Amat 5 metros de poema, en un libro que se despliega, precisamente, 5 metros; o los epígrafes de piso en los que textos de música, literatura y filosofía son impresos en soportes que toman parte del espacio para enfatizar la manera en que el texto se hace presente en la cotidianidad de los lectores.

Fundamental en esta línea, desde 1975 en Chiapas, el Taller Leñateros trabaja como un colectivo editorial de artistas mayas contemporáneos, creando libros de gran valor, con técnicas antiguas que dan luz a la riqueza cultural autóctona y popular. Entre sus publicaciones está el Altar Maya Portátil, un estuche en forma de casa maya con tres libritos de hechizos y dos candeleros de barro y el Diccionario del corazón.

En la actualidad, también los diseñadores gráficos e ilustradores se han ido involucrado en el quehacer editorial de maneras particulares. Manuel Monroy, Abril Castillo y Bernardo Fernández “Bef”, son ejemplos de quienes de lo gráfico pasaron al desarrollo de libros, a la escritura de textos y a la novela gráfica. Y a nivel agencia, salta Sé, Taller de Ideas, un despacho de identidad gráfica y diseño editorial que en 2017 creó su propio sello editorial: Gris Tormenta.

¿Qué tanto han cambiado los libros desde 1616? En el contexto actual –con lo electrónico y lo inmediato– ¿qué características se mantendrán esenciales para enunciar el ser de un libro?, ¿qué capacidades poéticas tiene la imagen? ¿y el objeto? La brecha entre el diseño y la edición es cada vez menor. El límite entre el contenido y el soporte se nota modulable y las propuestas aumentan. Sin embargo, posicionamientos como los del laboratorio editorial C’est un livre permiten atisbar alguna respuesta:

El libro no está allí antes de ser leído porque el libro no ES su cuerpo, ES el resultado de la activación de su contenido.


Fernanda Escárcega

Narradora y ensayista. Sus intereses la han llevado a escribir sobre ciencia, arte y cultura, siempre con una intención literaria.



  • TEXTO: Fernanda Escárcega

  • FOTO: Ediciones Acapulco

Fecha de Publicación:
Martes 23/04 2019