APROVECHAMOS EL TRAYECTO ENTRE ESCENARIOS PARA RECORRER EL CIRCUITO DE ARTE: VER PIEZAS COMO LOS “HOMBRES DE ROJO” DE PABLO ZETA (ESPAÑA); VOICE PORTAL DE VICTOR HUGO GOVEA- PATH3 (GUADALAJARA) & CASTLE DE RAUL PATISTAN- HIRK ART (CDMX), MEETING TOWER DE AZÓCAR CATRÓN
Bailar es, ante todo, entrar en sintonía: con el cuerpo, con la música y con el espacio. Hay algo casi primitivo en el instante en que el ritmo te alcanza, la mente se despeja y simplemente dejas que el goce tome el control. Pero hacerlo en medio de los campos de agave lo vuelve surrealista. Akamba trasciende el concepto de festival; es un viaje que se construye desde el primer escalón del tren hasta que el sol decide despedirse, o, para quienes aguantan, saludar al sol de nuevo.
En lo particular, no necesito mucho pretexto para bailar. Pero entre agaves, con ese paisaje, se vuelve menos una decisión y más una respuesta. La última vez que vine a Akamba conocí personas que hoy son grandes amigos y esta edición sucedió lo mismo. Creo que eso es lindo y, entre las cosas que más me llenan, está conectar con unx mismx y con otrxs a través de la música.
Llegamos cerca del mediodía para abordar el José Cuervo Express. Tras una bienvenida con botana, la energía se encendió apenas el tren comenzó a moverse. Una vez arriba, se prendió la experiencia.
Los vagones se convirtieron en pistas de baile en movimiento, con DJ sets en vivo, comida típica y tragos fríos en mano. Mientras en algunos vagones sonaban Cani de Zombies in Miami, Xwnia Wolf , Inabal, Berna Barranqui Joke, la energía de Tripolism nos secuestró. Eran solo Fred y Ras (dos de los tres); los daneses traían una fiesta tan contagiosa que todos estábamos en la misma frecuencia, juntitxs, con calor, riendo, pero, sobre todo, gozando.

Llegada a Akamba
Bajar del tren y llegar a los campos tiene algo de ceremonial. Te recibe un camino de banderas blancas que parece un portal hacia otra dimensión en medio de los agaves. Al entrar, se despliegan escenarios, instalaciones de arte, zonas de descanso, la oferta gastronómica y, claro, las barras del elixir de agave, a.k.a. tequila.
Nuestra ruta empezó en el escenario ORI con Francia Oropeza y Just Armas calentando motores. En el Silent Party escuchamos a Real Albatross vs Carbajal. Pero el momento mágico llegó con la puesta de sol en el escenario UNI. Labibe soltó un set que mezclaba disco y house justo cuando la luz empezó a filtrarse entre las montañas. Es de esos momentos en los que todxs sacamos el celular para intentar capturar algo que, honestamente, solo se entiende estando ahí.
De regreso en el ORI, Jo.Ke se bajó del escenario, se perdió entre nosotrxs y cantó desde el centro de la pista. La distancia se diluyó por completo; de pronto, todos estábamos en el mismo compás, con la misma emoción.
Seguimos bailando
Claro que no todo es misticismo. El sol de Tequila es intenso y no perdona. Hicimos una pausa obligatoria para recargar energías: disfrutamos del área de descanso, pedimos una hamburguesa para recuperarlas y rellenamos el vaso.
Ver de nuevo a Tripolism, pero ahora desde el backstage, con un mar de gente que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Sentí escalofríos al dimensionar el beat de la música. Hay algo que se acomoda en el interior cuando unx baila , ¿no?
Aprovechamos el trayecto entre escenarios para recorrer el circuito de arte: ver piezas como los “Hombres de Rojo” de Pablo Zeta (España); Voice Portal de Victor Hugo Govea- Path3 (Guadalajara) & Castle de Raul Patistan- Hirk ARt (CDMX), Meeting Tower de Azócar Catrón.
Cuando llegó Ben Böhmer, productor y músico alemán, el escenario principal se volvió un imán con melodic house, deep house y progressive house. Su música te envuelve de una forma muy profunda y ahí estábamos todxs, entregadxs.
Incluso con cambios de último momento en el line up —como la ausencia de The Blessed Madonna o Mochakk—, la energía se mantuvo. La gente siguió. Siguió bailando, siguió conectando hasta el amanecer con Brunello & Adam Ten b2b Mita Gami. Pocas cosas son tan simples —y tan ciertas— como bailar para sentirse vivx.
¡Nos leemos en el próximo Akamba!
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