LA TOSTADA DE ATÚN LLEGA GENEROSA, ALTA, FRESCA. DE ESAS QUE CONTRADICEN LA IDEA DE QUE UNA TOSTADA ES APENAS UN BOCADO. AQUÍ SE COMPARTE DE VERDAD. LA COMBINACIÓN DE VINAGRETAS, ACEITES Y EL PUNTO DEL SERRANO LOGRAN UN BALANCE QUE NO SE SIENTE FORZADO

Costa Rosa está ubicado a unos pasos del Parque Hundido, este restaurante se suma a una ola interesante de propuestas que están sacando la conversación gastronómica del circuito Roma–Condesa. Aquí, la brújula apunta al norte del país, pero con una lectura contemporánea, ligera y pensada para compartirse.

Un rosa que no empalaga

El espacio es, sin rodeos, muy rosa. Pero no cualquier rosa. Es un tono que se siente playero, suave, casi como si alguien hubiera filtrado la luz de un atardecer sobre cada mesa.

Los detalles terminan de construir esa narrativa. Portavasos con identidad propia, cucharas pintadas a mano con acabados marmoleados, vajilla que no está ahí solo para servir, sino para sumar a la experiencia. Todo está cuidado sin volverse pretencioso, como si alguien hubiera pensado: “que cada objeto también cuente algo”.

Cocina de mar con acento del norte

La cocina, liderada por la chef Romina Cortés, toma referencias de estados como Sonora o Coahuila y las traduce en un menú donde el marisco es protagonista, pero sin rigidez. Hay frescura, hay combinaciones que sorprenden y, sobre todo, platos diseñados para el centro de la mesa.

Empezar con algo de la barra de bebidas es casi obligatorio. Un mocktail de frutos rojos abre el apetito con ligereza, pero la margarita sunset se roba la atención, tiene tequila, crema de coco, blueberries y sal rosa de Jamaica. Es de esas bebidas que parecen postre y trago al mismo tiempo. El gin rose, con fresa, lavanda y pétalos de rosa, acompaña bien, aunque juega en un registro más sutil.

Salsas que dicen más que mil discursos

Antes incluso de los platos fuertes, hay un gesto que dice mucho y es la variedad de salsas. No es un detalle menor. Desde una salsa de jitomate con limón y sal —simple pero adictiva— hasta combinaciones más intensas como piña con serrano, habanero tatemado con tortilla, o una de chiltepín con mango que escala en picor sin perder el equilibrio. Aquí cada quien ajusta su experiencia. Cada bocado puede ser distinto.

Platos que sí cumplen el “para compartir”

La tostada de atún llega generosa, alta, fresca. De esas que contradicen la idea de que una tostada es apenas un bocado. Aquí se comparte de verdad. La combinación de vinagretas, aceites y el punto del serrano logran un balance que no se siente forzado.

Luego aparece uno de los platos más memorables, el pulpo a las brasas con tuétanos tatemados. Una mezcla que, en papel, podría sonar excesiva, pero que en mesa funciona sorprendentemente bien. El pulpo está en su punto, sin esa textura que suele espantar. El tuétano aporta profundidad y, con tortillas al centro, la experiencia se vuelve casi ritual: armar tacos, exprimir limón, repetir.

La papa Costa Rosa merece su propio momento. Camarones, queso, cebolla y una crema de chile serrano que redefine todo. No es la típica papa cargada; es más cremosa que pesada, más balanceada de lo que promete su descripción. Es el tipo de plato que llega cuando ya estás lleno… y aun así sigues comiendo.

El final: Nostalgia bien hecha

El cierre llega con el pastel de fiesta. Bizcocho de vainilla, merengue y mermelada de fresa. Podría parecer básico, pero ahí está el truco. Es reconfortante, directo, sin pretensiones. Como esos postres que no buscan reinventar nada, solo hacerte sonreír.

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Costa Rosa no es solo un restaurante para ir a comer. Es un lugar para ir con gente, pedir al centro, probar de todo, discutir cuál salsa pica más y alargar la conversación. La atención acompaña sin invadir, y eso termina de redondear la experiencia.

Y sí, dan ganas de volver. Puedes encontrarlo en Atlanta #175, Noche Buena, CDMX.


  • Texto: Redacción Coolhuntermx

Fecha de Publicación:
Viernes 17/04 2026