EL MENÚ ESTÁ DISEÑADO PARA COMPARTIRSE, MUY AL ESTILO DE LAS MESAS COREANAS Y MEXICANAS. POR ESO APARECEN OPCIONES COMO EL TTEOK-BOKKI VERDE CON PESTO Y KALE, EL NAENGMYEON DE FIDEOS FRÍOS CON VIEIRAS O EL FESTÍN COREANO, PENSADO PARA GRUPOS DE DOS A CUATRO PERSONAS E INTEGRADO POR WAGYU LOCAL, BULGOGI, BANCHAN TRADICIONALES Y KIMCHI JJIGAE
¿Esquites con toques coreanos? ¿Kimchi con Jicama? Sí y es un poco de lo que vas a encontrar en Jowong. Un espacio donde la cocina coreana deja de ser únicamente tradición y se convierte en una experimentación que llama la atención.
Aquí, el gochujang convive con el queso cotija. El yuzu se mezcla con ingredientes mexicanos de temporada. Y los platos llegan al centro de la mesa para recordarte que comer también es una forma de compartir historias.
El nombre “Jowong” (조왕) hace referencia al espíritu del fuego que, según la tradición coreana, protege la cocina y cuida el sabor de los alimentos. Esa idea parece atravesar todo el restaurante, desde la calidez del servicio hasta el humo que sale de algunos platos apenas tocan la mesa.
Un pedacito de Corea escondido en la Condesa
La propuesta está liderada por los chefs Greg Wong y Allen Noveck, quienes construyeron un menú que toma técnicas coreanas tradicionales y las cruza con ingredientes mexicanos. El resultado no cae en la caricatura de la “fusión”, sino en algo mucho más interesante con sabores que dialogan sin competir entre sí.
Todo ocurre dentro de un espacio íntimo y acogedor diseñado por Dara Yoon. Hay flores frescas sobre las mesas y una barra que funciona como imán.. De esas que hacen pensar: “quizá sí me quede para otro par de tragos”.
La experiencia comienza con pequeños platos al centro, casi como una bienvenida ceremonial. Llegan pepinos triturados con pasta de ajonjolí y ajo negro, berenjena sedosa que termina robándose la mesa, papas con anchoas caramelizadas y kimchi con jícama. Cada bocado tiene algo eléctrico con acidez, umami, dulzor, fermentación y fuego bailando al mismo tiempo.
Los esquites que merecen regresar una y otra vez
Algunos platillos funcionan como antojo. Y otros se convierten en obsesión. En Jowong, los Esquites Crujientes pertenecen claramente a la segunda categoría.
El maíz amarillo aporta un dulzor inesperado, mientras el queso cotija se derrite en cada cucharada junto con stracciatella y pimienta de Sichuan. La textura es probablemente lo más memorable. Es crujiente, cremosa y explosiva al mismo tiempo. Es el tipo de plato que obliga a hacer una pausa a mitad de la conversación.
Otro de los imperdibles son los camarones zarandeados, una incorporación reciente al menú que llega acompañada de peperonata agridulce y alioli de chile. También aparece una reinterpretación intensa de la pasta italiana con el Kimchi Carbonara, donde el fermentado coreano transforma completamente el perfil del plato entre aromas profundos, tocino, parmesano y huevo.
Entre los platos fuertes también destaca el Petite Filet, un wagyu cross doméstico acompañado de crema de coliflor y chimichurri. La carne llega perfectamente sellada, mientras la crema aporta un equilibrio delicado que evita que el plato caiga en excesos.
Cocina coreana contemporánea que entiende el ritual de compartir
Parte de la magia de Jowong está en que nada se siente rígido. Aunque hay técnica y precisión detrás de cada preparación, el ambiente mantiene una vibra cercana, casi doméstica. El personal explica cada plato con paciencia y entusiasmo, guiando a quienes quizá están descubriendo por primera vez algunos ingredientes coreanos.
El menú está diseñado para compartirse, muy al estilo de las mesas coreanas y mexicanas. Por eso aparecen opciones como el Tteok-bokki Verde con pesto y kale, el Naengmyeon de fideos fríos con vieiras o el Festín Coreano, pensado para grupos de dos a cuatro personas e integrado por wagyu local, bulgogi, banchan tradicionales y kimchi jjigae.
En la parte dulce, la chef repostera Marifer Millán lleva los sabores coreanos hacia terrenos inesperados. El postre Dalgona mezcla bizcocho de arroz, mascarpone con doenjang y café en una combinación que parece moverse entre nostalgia y sofisticación.
Cócteles que también cuentan historias
La barra, dirigida por Jun Kwon, merece capítulo aparte. Aquí los tragos no son acompañamiento, sino que funcionan como otra extensión del menú. Aquí un poco de lo que probamos…
El Banana Sling se roba fácilmente el protagonismo con soda de plátano, soju y vermouth blanco. Tiene algo juguetón y elegante al mismo tiempo con su cheto de plátano encima. También destacan el Omija, con jamaica especiada y té espumoso; el Melona, que mezcla sake, ginebra y crema de matcha; y el Kumiho, donde tequila y mezcal se cruzan con toronja, miel de agave y bitter de habanero.
Cada bebida parece construida para amplificar los contrastes de la cocina, lo picante, lo ácido, lo dulce y lo ahumado.
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Si buscas descubrir una nueva cara de la cocina coreana contemporánea en CDMX, Jowong definitivamente merece una visita. Ve con hambre, pide al centro y deja espacio para el postre y los cocteles.
C. Pachuca 51, Colonia Condesa, Cuauhtémoc, 06140 Ciudad de México, CDMX.
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Texto: Redacción Coolhuntermx
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Viernes 8/05 2026
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