EL STAFF —TODO FEMENINO, LIDERADO POR CLAUDIA CABRERA— PREGUNTA POR GUSTOS Y PREFERENCIAS, Y CON ESA INFORMACIÓN TE OFRECEN DIFERENTES ALTERNATIVAS. VERLAS TRABAJAR ES PARTE DE LA MAGIA: MOVIMIENTOS PRECISOS, INGREDIENTES JAPONESES, CRISTALERÍA ESPECIAL

Llegar a Kaito no es como entrar a un bar cualquiera. Desde la calle, lo primero que sorprende es el acceso: un edificio de oficinas, torniquetes automáticos y unas escaleras negras que conducen a una máquina dispensadora de Ocean Spray. No parece el inicio de una experiencia gastronómica, pero basta cruzar ese umbral secreto para descubrir que se trata de la nueva sede de Kaito Del Valle, el primer cocktail bar operado completamente por mujeres en Latinoamérica, que tras nueve años en la Del Valle renace en la colonia Juárez.

Al atravesar la máquina, el ambiente cambia por completo. El famoso neón de maneki neko recibe con una sonrisa brillante y, de inmediato, la atmósfera envuelve: luces indirectas, música que acompaña sin invadir y un salón de doble altura diseñado por Taller Marte que parece un rincón de Japón. El cemento texturizado, las maderas claras y un mural de mujeres amas pintado a mano evocan la calma del mar. Todo está pensado para que el visitante deje la ciudad atrás y se sumerja en un universo paralelo.

Cocteles que empiezan con la vista

La hospitalidad se siente desde el inicio. El staff —todo femenino, liderado por Claudia Cabrera— pregunta por gustos y preferencias, y con esa información te ofrecen diferentes alternativas. Verlas trabajar es parte de la magia: movimientos precisos, ingredientes japoneses, cristalería especial. Cada bebida es un espectáculo que primero seduce con la vista antes de hacerlo con el paladar. Hasta el hielo es estético.

En nuestra visita probamos tres tragos. El Geisha, fresco, frutal y cítrico, con tequila, aperol, toronja y sake, resultó perfecto para abrir la noche. Después llegó el Kamikaze, floral y delicado, elaborado con ginebra, sake y violetas, que dejó una sensación aromática y elegante. Finalmente, el Daiquiri San sorprendió con notas herbales y cítricas gracias al ron, el lemongrass y el matcha. Cada trago fue un viaje distinto, pero todos compartieron algo: esa capacidad de provocar una experiencia multisensorial que va más allá de beber.

Comida que reconforta

La propuesta gastronómica también juega un papel esencial. Kaito es un izakaya, un lugar para compartir, picar y disfrutar. Probamos las papas a la francesa con curry, crujientes y especiadas, que se volvieron adictivas desde la primera mordida. Después llegó el Katsu Sando, un sándwich de cerdo empanizado con salsa tonkatsu, col encurtida y mayonesas de wasabi y jengibre. Entre el crujido del empanizado y la mezcla de sabores intensos y dulces, la sensación fue como recibir un abrazo cálido después de un día pesado en el tráfico de la ciudad.

El menú también incluye clásicos como las gyozas o los takoyaki, pero aquí cada platillo se siente reinterpretado con un toque que equilibra la tradición japonesa y la creatividad del equipo de cocina.

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Ubicado en Hamburgo 70B, colonia Juárez, Kaito abre de miércoles a lunes de 18:00 a 2:00 h. Las reservaciones pueden hacerse vía WhatsApp al 55 7978 3180 o a través de OpenTable.

Visitar Kaito no es solo salir por un trago: es atravesar una máquina de refrescos y encontrarse con un universo donde el diseño, la coctelería y la comida se viven como una experiencia completa. Un viaje sensorial guiado por mujeres que han marcado la historia de la coctelería en México y Latinoamérica.


Fecha de Publicación:
Miércoles 10/09 2025