CUENTAN CON EL RAMEN AL ESTILO KITAKATA, PREPARADO CON UNA BASE DE CHILES QUE APORTA UN PICOR AGRADABLE, FIDEOS FRESCOS, CALDO SHANTON CON 18 HORAS DE COCCIÓN, CHASHU, HUEVO, VEGETALES Y ALGA NORI

Ubicado en una casa de Lomas de Chapultepec, este speakeasy gastronómico es el proyecto de los chefs Cristina Hanhausen y Raymundo Pérez, dos cocineros cuya trayectoria internacional se refleja en un menú donde Japón, Italia y Panamá dialogan sin perder su identidad. Aquí la fusión no consiste en mezclar ingredientes al azar, sino en entender qué puede aportar cada tradición a un mismo plato.

Hay un detalle que resume bien la personalidad de Momiji y es la música. Durante la comida pasamos de escuchar canciones japonesas a C. Tangana y, unos minutos después, salsa. Sobre el papel podría parecer una combinación imposible, pero en el espacio todo fluye con la misma lógica que el menú. Nada rompe la experiencia; al contrario, acompaña el recorrido de una cocina que tampoco entiende de fronteras rígidas.

La ensalada que no esperábamos recomendar

Empezamos con la Ensalada de Pepino y Uva, preparada con vinagreta de albahaca, fermento de cítricos y jengibre, jitomate, pistache y grana pandano.

No suele ser el tipo de platillo que roba protagonismo al inicio de una comida, pero aquí sucede exactamente eso. Es fresca, aromática y tiene una acidez perfectamente equilibrada que hace que cada ingrediente destaque. Fue una de las mayores sorpresas y, probablemente, el primer plato que volveríamos a pedir.

Unas gyozas que demuestran que la fusión sí puede funcionar

Después llegaron las Gyozas D’Erbetta, rellenas de ricotta y hierbas, salteadas con mantequilla de yuzu y parmigiano.

Es uno de esos platillos que justifican el concepto de Momiji. Italia y Japón conviven en un mismo bocado sin competir entre sí. Se distingue la cremosidad de la ricotta, la intensidad del parmigiano y la frescura cítrica del yuzu, mientras la mantequilla termina de envolver todos los sabores. Es difícil describir exactamente por qué funcionan tan bien; simplemente hay que probarlas.

Y llegaron los platos fuertes

Entre los platos fuertes probamos la Terrina de Chamorro, un chamorro confitado acompañado de tare de guajillo, ensaladilla aromática y tortillas para prepararte unos tacos. La carne llega tan jugosa, con una ligera costra/chicharrón que le da una textura interesante y el formato invita a compartir la mesa.

Pero el plato que más curiosidad despertaba era el ramen. Después de todo, Momiji nació durante la pandemia vendiendo ramen a domicilio, y esa receta lleva más de diez años perfeccionándose.

Elegimos el Ramen al estilo Kitakata, preparado con una base de chiles que aporta un picor agradable, fideos frescos, caldo shanton con 18 horas de cocción, chashu, huevo, vegetales y alga nori.

Lo primero que llama la atención es la profundidad del caldo. Cada cucharada deja claro el tiempo invertido en su preparación. No necesita ingredientes extravagantes para destacar; la técnica habla por sí sola. Además, tiene una fuerte base de proteínas, lleva cerdo, pollo, res, pato y pescado.

Un final sencillo y memorable

Para cerrar pedimos el tiramisú, elaborado con savoiardi, cremoso de mascarpone y café.

Su textura fue, sin exagerar, una de las más cremosas que hemos probado. Conserva el equilibrio clásico del postre italiano, pero con una ligereza que hace que desaparezca del plato demasiado rápido. El chocolate encima le da una textura muy buena y crocante, que, como ya es costumbre de Momiji, se integra muy bien a la dualidad de la suave crema.

Qué tomar en Momiji

Entre las bebidas, el Melagrana Spritz, preparado con vino rosado, vinagre de granada, prosecco y soda, fue nuestro favorito. Es fresco, con un dulzor equilibrado y suficiente acidez para acompañar prácticamente cualquier platillo.

También probamos el Rosso, una mezcla de vermouth rojo, shiso, vainilla, gin y amarena. Tiene un perfil más intenso y resulta una gran opción para quienes buscan cócteles con notas herbales.

¿De dónde sale tanta combinación? Los chefs

Cristina, de ascendencia panameña e italiana, estudió gastronomía y ciencia de los alimentos en México y continuó su formación en la Universidad Alma, en Italia. Más tarde trabajó en cocinas de prestigio internacional como Osteria Francescana y Piazza Duomo, además de convertirse en finalista regional de la San Pellegrino Young Chef Academy en 2024.

Raymundo, por su parte, dedicó buena parte de su carrera a especializarse en gastronomía japonesa. Su trayectoria lo llevó hasta Tokio, donde trabajó junto al chef Yoshihiro Narisawa en Les Créations de Narisawa, restaurante reconocido con dos estrellas Michelin. En 2019 representó a México en el mismo certamen gastronómico donde actualmente participa como mentor.

Es importante destacar que los chefs salen al área de comensales y pasean entre cada mesa haciendo recomendaciones, esto es algo que no suele notarse con tanta naturalidad.

¿Vale la pena visitar Momiji?

Sí. No solo por la calidad técnica de la cocina, sino porque logra hacer que la experiencia se sienta cercana sin sacrificar sofisticación.

Dirección: Sierra Madre 216, Lomas de Chapultepec, Ciudad de México.

Horarios: Miércoles a sábado de 14:00 a 22:00 horas y domingo de 14:00 a 18:00 horas.


  • Texto: María Fernanda Carmona

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Jueves 23/07 2026