REESCRIBAMOS LA HISTORIA DEL EMPRENDIMIENTO CREATIVO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

Desde muy pequeña supe que mi voz y mi cuerpo ocupaban un espacio grande. Era una niña muy sensible que no chistaba al momento de llorar, quejarse o decir cómo se sentía. Varias veces mi mamá me hacía ver que algunas situaciones eran así, que mis sentimientos y lágrimas no podían cambiar el curso de la vida ni un poco.

Crecí sabiendo que mi intensidad era demasiada, que mis pensamientos radicalizados eran abrumantes y que para otrxs, hasta innecesarios.

Los primeros pasos en el liderazgo

Cuando estudié en la universidad, seguía siendo una persona que contenía mucha inquietud interior y una convicción que pocos entendían. A la par de la vida estudiantil, empecé a buscar formas para relacionarme y poder vaciar esta convicción creativa en trabajos distintos, mal pagado, bien pagados, pero al final, podría crear y comunicar desde esa trinchera.

Siempre fui una persona astuta, siempre había visto a las mujeres de mi familia como ejemplos de personas que destacaban en su ámbito y sobre todo, eran reconocidas y celebradas por su talento y convicción. Pero también, era de mi conocimiento que a la par de su éxito, venía una ola de actitudes y comentarios que recalcaban lo mandonas, fuertes, intransigentes y rudas que podían llegar a ser por su “ambición de comerse al mundo”.

Mi primer techo de cristal

La primera vez que atravesé ese techo de cristal, fue cuando empecé a destacar mis habilidades de liderazgo en la universidad, estaba en un loop creativo que me llevaba del estudio a la praxis el mismo día. Muchos de lxs maestrxs ya eran mis colegas y con algunxs, compartía incluso gremio laboral. Sentía por primera vez que estaba hecha para algo especial y sentía por primera vez una identificación y presencia de mi propia voz creativa. No era perfecta, por supuesto que me costaban algunas materias más que otras, pero puedo decir que mi trayectoria escolar era destacada.

En una ocasión, para una materia, se debía elegir a dos líderes para formar dos grandes equipos, los cuales debíamos desarrollar la producción de un documental sobre periodismo, la votación fue rápida y muy clara, yo quedé elegida para liderar uno de los equipos, lo cual ni siquiera hubo necesidad de generar mi propia postulación.

Habían pasado algunos días de esa decisión, no era algo ajeno a mi el trabajo en equipo, por lo que de acuerdo a las habilidades de todxs lxs participantes se repartió el trabajo y se trabajó con un fin común. Alrededor de la misma fecha en la cual ya estábamos trabajando, el profesor de la materia me buscó en mi salón y me pidió salir, la razón: un compañero hombre del equipo se había quejado formalmente de mi desempeño, el cual, además de hablar sobre mi trabajo, destacó que él tenía más y mejores habilidades para liderar el equipo y se le hacía injusto que yo siguiera en esa posición.

Mi reacción honesta, fue escuchar atentamente todas las palabras que salían de su boca. Tratar de controlar el temblor de mis manos, el cómo mis ojos se cristalizaron y sentía un dolor fuerte en la boca del estómago, aunque las palabras eran claras no entendía por qué las estaba escuchando, me preguntaba ¿qué estaba haciendo mal? ¿los demás pensaban lo mismo sobre mí? 

Recuerdo esta vez y muchas más, donde mi primer acercamiento con el liderazgo siempre iba acompañado de una serie de críticas sobre mi forma de ser, mis decisiones o mi temple. Siempre este acercamiento era impedido por lo que otros pensaran sobre mí y muchas veces dudé de mi carácter y fuerza para llevar las cosas a cabo desde una posición responsable.

Esto, después de experimentarlo varias ocasiones a través de la consciente travesía por el liderazgo, cada que mi voz y mi presencia resonaban, salían a relucir los comentarios sobre mi intensidad, mi firmeza al hablar y mi convicción. Incluso, acompañados de críticas sobre mi físico, mi peso, etc.

El propósito de vida: crear y liderar

Con los años, entendí que esta convicción estaba fuertemente ligada a mi propósito de vida: crear y materializar mis ideas y la de los demás.

Ahora, en una versión de mi misma que posee no solo más años, sino más experiencia, veo aquellos momentos como un techo de cristal cuyos pedazos siguen doliendo y hay días que la misma cicatriz sangra.

He emprendido un viaje de liderazgo no solo personal, sino como una emprendedora creativa que quiere generar verdaderos cambios no solo a mi alrededor, sino en una comunidad. En este viaje, muchas veces me siento incomprendida, perdida, rodeada de poca empatía sobre mis sueños y sobre todo: señalada.

El liderazgo femenino y las violencias sistemáticas

Aunque comparto muchas características como emprendedora con un sector poblacional que no distingue sexos, también he logrado identificar, que mi camino como líder se verá transgredido por las violencias sistemáticas del ser mujer. Que la narrativa de las mujeres que han cimentado la posibilidad de que yo esté corriendo hacia mi propia libertad financiera, habrá muchos a mi alrededor que vean esta ambición como una locura, o como una obsesión.

Porque hablamos de historias de éxito con nombres masculinos, historias de individuos que dejaron sus propios límites atrás para construir imperios, que revolucionaron al mundo con su convicción innovadora y su ferviente pasión para convertirse en magnates opulentos. Pero no hablamos lo suficiente de la mujer micro empresaria que conserva una tradición familiar ancestral a través del emprendimiento, ni de la ama de casa que por las tardes vende postres a sus vecinos.  Nos olvidamos de las miles de niñas mexicanas que trabajan en las calles vendiendo artesanías, dulces y servilletas bordadas. De la adulta mayor que se sienta en la esquina y extiende su puesto de quelites y gorditas.

Las desigualdades en el camino emprendedor

El emprendimiento me ha mostrado que para muchos soy una estadística en las economías autogestivas, el sistema de crecimiento empresarial y en cualquier área que involucre dinero, al capitalismo no le importa si soy una mujer adulta que además de emprender en un momento en donde la economía está en crisis, la especulación inmobiliaria y la desigualdad social, se ve transgredida por todos los sistemas que la atacan, la violentan y la ponen en una situación desigual sólo por ser mujer.

El camino de las emprendedoras es, sin duda, una ruta hacia la innovación y el progreso, pero cuyo camino no tiene las mismas condiciones, privilegios y herramientas. Creo firmemente que el transitar femenino tiene por mucho, una índole social aún más poderosa de lo que pensamos.

Hacia un futuro de igualdad en el emprendimiento

Cuando pensamos en las grandes emprendedoras mexicanas, vemos una historia que se antepone no sólo a un logro empresarial, sino histórico para el camino feminista, sólo el hecho de comparar hace cuanto hemos adquirido el voto, podemos dimensionar el tiempo que nos tomaría eliminar la brecha salarial.

Esta reflexión es para las líderes, creativas y emprendedoras que han emprendido este camino y han chocado con el mismo techo de cristal, aunque estemos en un momento progresista, que nos ha permitido dar el paso hacia la independencia financiera, nuestra realidad se ve atada a las mismas angustias.

Las micro, pequeñas y medianas empresas contribuyen con más de la mitad del empleo del país, además de ser uno de los países con más mujeres emprendedoras.

Cada que este engranaje se mueve a través de la autogestión, la informalidad y resistencia, no sólo hay un liderazgo que se ejerce desde la convicción, también hay miles de mujeres líderes, creativas y emprendedoras, que están generando una transformación y eventualmente, una revolución y cambio de la narrativa emprendedora en donde nos “empoderan” con discursos que nunca se ven formalizados en las estructuras de crecimiento y aceleración económica.

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Sigamos rompiendo el techo de cristal y edifiquemos los sistemas donde radique el tacto, la autoconciencia y donde quepan todas las luchas, pero sobre todo, donde se generen nuevas estructuras para las mujeres emprendedoras que vienen, un sistema que no nos ponga en desventaja, que al contrario, nos de las alas que necesitamos para emprender el viaje y volar.

Dedicado a todas las líderes, creativas y emprendedoras.


  • Texto: Pahola Alarcón

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Viernes 21/03 2025