EN 2023 SE CONTABILIZARON MÁS DE 1,400 TÍTULOS PUBLICADOS ENTRE CUENTOS, NOVELAS, PELÍCULAS, CORTOMETRAJES Y CÓMICS, CON LA PARTICIPACIÓN DE MÁS DE 700 AUTORXS. EN 2024, AUNQUE LA CIFRA BAJÓ LIGERAMENTE A 1,110, EL RITMO SIGUE SIENDO ALTO. ¿SERÁ QUE SIEMPRE HAN ESTADO AHÍ Y SÓLO FALTA VOLTEAR A VERLOS?
¿Y si el futuro no viniera de Silicon Valley, sino de un barrio de Buenos Aires o de un barrio de CDMX? ¿Qué pasaría si las distopías no hablaran de guerras intergalácticas, sino del despojo en la Amazonía? ¿Y si el próximo gran relato de ciencia ficción no saliera de Estados Unidos, sino de América Latina? Hoy más que nunca, la ciencia ficción latinoamericana pisa fuerte, se reinventa y propone nuevos imaginarios desde nuestras propias contradicciones, crisis y sueños. Desde libros que especulan sobre futuros postcapitalistas hasta series que le apuestan todo al poder de la producción local, esta narrativa ya no es una copia del modelo anglosajón: es un grito propio, incómodo, político y profundamente creativo.
Un nuevo tiempo para imaginar: la ciencia ficción en América Latina
La ciencia ficción en América Latina no es nueva, pero sí es distinta. A diferencia del enfoque estadounidense que tradicionalmente ha girado en torno a la conquista del espacio, el avance tecnológico o el apocalipsis nuclear, la versión latinoamericana del género se alimenta de otras ansiedades: el colonialismo, la desigualdad, la dictadura, la explotación extractivista, el racismo estructural. Nuestro futuro distópico se parece más al presente.
Autorxs como lxs argentinxs Angélica Gorodischer ya escribían sobre planetas feministas en los años 70, y Elvio Gandolfo o Rodrigo Fresán exploraron realidades paralelas con tono crítico y experimental. Hoy, escritoras como las bolivianas Liliana Colanzi con Nuestro mundo muerto o Giovanna Rivero desafían el género con historias que mezclan mitología, horror cósmico y memoria política.
El Eternauta: ciencia ficción con identidad
En 2025, Netflix estrenó su producción de ciencia ficción más ambiciosa en América Latina: la serie El Eternauta, basada en el cómic de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López. Publicada originalmente en 1957, esta historia no se narra desde la visión estadounidense, empieza con una nevada mortal sobre Buenos Aires y sigue con una resistencia humana ante una invasión silenciosa y despiadada.
El propio Oesterheld fue secuestrado y desaparecido por la dictadura argentina, lo que convierte a El Eternauta no solo en una obra controversial, sino también en un grito de memoria. Netflix retoma esta historia con una producción protagonizada por Ricardo Darín, apostando por una estética oscura, cruda y profundamente local. Esta es una afirmación de que la ciencia ficción puede —y debe— tener acento latinoamericano.
¿Qué hay de México?
La ciencia ficción en México vive un pico en su historia. En 2023 se contabilizaron más de 1,400 títulos publicados entre cuentos, novelas, películas, cortometrajes y cómics, con la participación de más de 700 autorxs. En 2024, aunque la cifra bajó ligeramente a 1,110, el ritmo sigue siendo alto. ¿Será que siempre han estado ahí y sólo falta voltear a verlos?
Para el escritor y antologador José Luis Ramírez, este auge es comparable al primer boom del género entre 1985 y 1990. Ante esta ola de creatividad, Ramírez edita cada año la antología Lo mejor de la ciencia ficción mexicana, seleccionando apenas una decena de textos entre cientos.
Este crecimiento no es solo cuantitativo, también lo es en diversidad. Voces como Andrea Chapela, Elisa de Gortari, Libia Brenda y Gabriela Damián Miravete han dado forma a narrativas especulativas que rompen con la tradición hegemónica del género, sumando perspectivas feministas, queer y profundamente localizadas.
El cine también ha dado señales de vida. Aztech (2020), ganadora del Ariel a Mejores Efectos Visuales, es una ambiciosa película antológica de nueve cortos en los que el impacto de meteoritos desencadena historias donde se cruzan cosmovisiones prehispánicas, profecías y ciencia ficción. 2033 (2009) se adelantó en su momento al explorar una Ciudad de México convertida en distopía totalitaria, Por su parte, Depositarios (2010) planteó la inquietante posibilidad de externalizar nuestros males físicos en clones humanos. Más que futuristas, estas propuestas parecen profundamente actuales: el género sirve como espejo oscuro donde se reflejan las desigualdades, los miedos y las preguntas que nos atraviesan hoy.
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La ciencia ficción latinoamericana tiene un poder único: imaginar desde el trauma. No para repetirlo, sino para transformarlo. Puede darle forma a los miedos actuales —el colapso climático, el despojo de territorios, los feminicidios—, pero también abrir ventanas hacia utopías posibles: lenguas indígenas reviviendo en inteligencias artificiales, economías comunales que desafían al capital, alianzas no humanas que curan al planeta.
¿Qué otras producciones de Ciencia Ficción Latinoamericana conoces?
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Texto: Redacción Coolhuntermx
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Miércoles 28/05 2025
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