ESTA EXPOSICIÓN EXPLORA CÓMO VIVÍAN, QUÉ COMPRABAN, QUÉ PERFUMES USABAN Y CÓMO CONSTRUYERON UNA IDEA DE MODERNIDAD EN LA CIUDAD DE MÉXICO
Durante décadas, Diego Rivera y Frida Kahlo han sido observados desde el pedestal de los grandes mitos culturales. Sus rostros habitan libros de arte, playeras, documentales, museos y hasta souvenirs. Sin embargo, entre tantas reproducciones, pocas veces nos detenemos a pensar en algo más simple. ¿Cómo era su vida cuando nadie los estaba mirando?
¿Qué objetos los acompañaban? ¿Cuáles eran los recorridos hacían por la ciudad? ¿Qué muebles eligieron para sus casas? ¿Cuál perfume usaba Frida antes de salir? ¿Qué compraba Diego en una tienda departamental?
Es precisamente en esas preguntas aparentemente pequeñas donde encuentra su fuerza. Diego y Frida regresan a El Palacio de Hierro, exposición curada por Ana Elena Mallet, que se presenta en El Palacio de Hierro Polanco hasta el 28 de junio de 2026. Más que una revisión biográfica, la muestra funciona como una exploración de la vida cotidiana de dos personajes que ayudaron a construir una idea de México moderno.
Cuando la historia del arte aterriza
La exposición evita concentrarse únicamente en las obras maestras de Rivera y Kahlo. En cambio, dirige la mirada hacia aquello que suele quedar fuera de los grandes relatos como las fotografías familiares, cartas, recibos de compra, muebles, prendas de vestir, anuncios publicitarios y objetos domésticos.
El recorrido comienza con Dos vidas, dos miradas, una sección que reúne imágenes capaces de desmontar la figura monumental de ambos artistas. Aquí aparecen como pareja, familia, pacientes, viajeros y amigos. Las fotografías muestran una relación compleja, atravesada por afectos, tensiones y complicidades, mucho más cercana a la experiencia humana que a la construcción del mito.
Las imágenes recuerdan que, antes de convertirse en íconos globales, Diego y Frida también compartieron desayunos, enfermedades, discusiones y silencios.
La casa como manifiesto cultural
Uno de los apartados más reveladores es Habitar el mito, donde la vivienda deja de ser un simple escenario para convertirse en una extensión de sus ideas.
La exposición muestra cómo los espacios que habitaron funcionaban como declaraciones estéticas. Joyería, textiles, cerámica, vidrio soplado, equipales y piezas de diseño moderno conviven en un universo donde lo artesanal y lo vanguardista no compiten entre sí, sino que dialogan.
La famosa construcción de una identidad mexicana no aparece aquí como un concepto abstracto, sino como una serie de decisiones cotidianas como qué vestir, qué colocar sobre una mesa o cómo organizar una habitación.

Una Ciudad de México que también fue protagonista
Más allá de la pareja, la muestra rescata a la Ciudad de México como otro personaje fundamental.
Del sur al centro, el visitante sigue los trayectos que Diego y Frida realizaban entre San Ángel, Coyoacán y el Centro Histórico. El recorrido, recreado mediante materiales audiovisuales, mapas y documentos, permite observar una capital en transformación, donde la modernidad comenzaba a reorganizar la experiencia urbana.
Cantinas, plazas, restaurantes y avenidas aparecen como escenarios donde se cruzaban artistas, intelectuales, comerciantxs y ciudadanxs comunes. La ciudad deja de ser un fondo para convertirse en parte activa de la historia.
Lo que compraban Diego y Frida
Quizá el hallazgo más inesperado de la exposición sea la forma en que aborda el consumo como fenómeno cultural.
Recibos originales de compras realizadas en El Palacio de Hierro, prendas de vestir, referencias a cosméticos, perfumes y mobiliario permiten reconstruir una dimensión pocas veces explorada de la pareja.
La muestra revela que las decisiones de consumo también forman parte de la construcción de una identidad. Entre los objetos aparecen referencias a fragancias como Shalimar de Guerlain, Chanel No. 5 y Shocking de Elsa Schiaparelli, así como productos cosméticos vinculados con Revlon. Más que artículos de belleza, se presentan como herramientas con las que Frida construyó una imagen consciente de sí misma.
Su tocador, lejos de ser un espacio superficial, se convierte en un archivo íntimo donde convergen dolor, representación y autonomía.
El diseño mexicano antes del diseño mexicano
Otro de los grandes aciertos de la exposición es recuperar la historia de Studio Evolución, el departamento de diseño e interiorismo de El Palacio de Hierro dirigido por Gaston Chaussat.
Aunque su nombre permanece relativamente desconocido para el público general, el estudio tuvo un papel importante en la incorporación de lenguajes modernos dentro de los hogares mexicanos durante la primera mitad del siglo XX.
Sus muebles de metal tubular, inspirados en corrientes funcionalistas europeas y principios cercanos a la Bauhaus, formaron parte de proyectos arquitectónicos emblemáticos y también de los espacios habitados por Diego y Frida.
La inclusión de estas piezas permite entender que la modernidad mexicana no se construyó únicamente en murales o manifiestos artísticos, sino también en sillas, mesas, lámparas y espacios domésticos.
Más allá del mito
Para quienes creen que ya conocen todo sobre Diego y Frida, esta exposición ofrece una oportunidad distinta para dejar de mirar a los íconos por un momento y acercarse, aunque sea un poco, a los seres humanos que existieron detrás de ellos.
Diego y Frida regresan a El Palacio de Hierro, que estará abierto al público hasta el 28 de junio de 2026 en El Palacio de Hierro Polanco. Si te interesa la historia de la Ciudad de México, el diseño, la arquitectura, la moda o las formas en que los objetos construyen nuestra identidad, esta es una visita que vale la pena incorporar a tu agenda cultural.












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Texto: Redacción Coolhuntermx
Fotos: René Enríquez y José Antonio Sánchez de Colateral
Fecha de Publicación:
Miércoles 03/06 2026
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