EN MEDIO DE TODO LO QUE SE PRODUCE, FOTOGRAFIAR NO SOLO ES REGISTRAR, TAMBIÉN ES POSICIONARSE. UNA FOTOGRAFÍA APARECE CUANDO ALGUIEN DECIDE. CUANDO DETIENE ALGO QUE ESTABA PASANDO Y, SIN TENER DEL TODO CLARO POR QUÉ, LO SEÑALA
En medio de todo lo que se produce y se comparte sin pausa, detenerse es casi un privilegio aunque también puede ser una decisión. No ver, observar. Darte un tiempo y encontrarle forma a algo que normalmente pasaría desapercibido.
Hablar de fotografía no solo es hablar de imágenes. Es hablar de cómo y qué miramos.
No más scroll infinito: una foto es algo así como un like, un clic en la vida real 😉
Podríamos hablarlo desde las decisiones, porque detener o guardar algo implica elegir. Elegir qué vale la pena guardar, qué queremos mostrar y también qué dejamos fuera.
¿Para qué hacemos una imagen? ¿Para recordar o para compartir? ¿Qué dicen nuestras fotos de lo que queremos decir… y de lo que preferimos callar? ¿Cómo se leen cuando ya no están en nuestras manos o en nuestros dispositivos?
En medio de todo lo que se produce, fotografiar no solo es registrar, también es posicionarse. Una fotografía aparece cuando alguien decide. Cuando detiene algo que estaba pasando y, sin tener del todo claro por qué, lo señala.
En búsqueda de espacios de reflexión, invitamos a varixs fotografxs de la ciudad a compartir su trabajo. Esto no es una lista ni una selección cerrada. Si algo comparten estas prácticas no es una estética en común, sino la necesidad de seguir haciendo imágenes aun cuando ya no está claro qué esperamos de ellas.
¿Por qué hacer una imagen?
La pregunta aparece antes que la técnica.
En el trabajo de Sofía Infante, la fotografía nace desde la curiosidad por el entorno. Su mirada se detiene en lo cotidiano y lo revisa con paciencia, como si lo ordinario todavía pudiera revelar algo distinto.
Para Andrea Román la imagen comienza desde una experiencia personal. La fotografía se vuelve una forma de procesar, pero también de abrirse a otras posibilidades: viajar, explorar, imaginar nuevas formas de vida.
¿Qué decidimos mirar?
Si fotografiar es decidir, entonces cada práctica revela una forma distinta de atención.
En Ariadna Polo observar implica habitar los espacios. Entender cómo se sienten, cómo se recorren, cómo el tiempo se manifiesta en ellos.
En Olga Laniado Dan la decisión pasa por desacelerar. Trabajar en análogo implica aceptar el error, soltar el control y confiar en el proceso.
Mientras tanto, Gerardo Torres se mueve en el espacio público. La calle se vuelve un lugar donde observar implica convivir, construir cercanía, compartir el mismo tiempo que la imagen.



¿Para quién es la imagen?
La fotografía también se define en su relación con lxs demás.
En el trabajo de Thelma la imagen se vuelve afecto y posicionamiento. Documentar es acompañar, construir memoria, sostener vínculos.
Ruhalher quien adornó el metro de la ciudad de México con su visión particular nos dejó claro, los cuerpos aparecen desde otro lugar: libres, presentes, fuera de la lógica de validación. La fotografía funciona como un espacio de dignidad y afirmación.
Aquí la imagen deja de ser individual. Se vuelve un encuentro real, un espacio para la otredad.
¿Qué pasa cuando la imagen no alcanza?
Hay prácticas donde la fotografía no busca explicar, sino acercarse a lo que no termina de resolverse.
Alberto Pinto nos dice que la imagen se mueve entre lo visible y lo que se escapa. Más que momentos, aparecen estados. Algo que no se define del todo, pero permanece.
En el caso de Astor Thorne, esa búsqueda ocurre desde la intensidad. La música, la energía, lo que sucede en segundos. Fotografiar se vuelve reaccionar.
Diego Moreno, quizás uno de lxs fotógrafxs más representativxs de la imagen contemporánea comenta que la imagen es una forma de confrontar. La identidad, la memoria, la cultura. No se trata de encajar, sino de construir desde lo que incomoda.
En éstos trabajos, la fotografía deja de ser suficiente, pero se complementa.
¿Qué pasa con el tiempo?
Hay algo que atraviesa todas estas prácticas: el tiempo.
En el trabajo de Tony Solis quien durante años ha desarrollado una estética peculiar, la imagen no congela un instante perfecto. Construye un universo donde el tiempo se adapta a quienes están dentro de él, la creatividad fluye sin cuadro, su fotografía habla de momentos y de su entorno.
Tal vez la fotografía no puede sostener todo lo que antes prometía, pero ha ganado otras cualidades, se ha salido del cuadro y ha generado comunidades que siguen sumando a cada práctica.
Quizá ahí está la ironía.
Pasamos tanto tiempo buscando ese “instante preciso”, cuando en realidad lo único que tenemos es la posibilidad de detener algo, aun sabiendo que no va a ser suficiente.
No es un fracaso. De hecho es exactamente lo que hace que la fotografía siga ocurriendo.
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