EL PROYECTO PROPONE ROMPER LAS RELACIONES VERTICALES NORTE-SUR PARA ENSAYAR DIÁLOGOS HORIZONTALES, SUR-SUR, DONDE NADIE “SALVA” A NADIE Y TODAS LAS PARTES SE RECONOCEN COMO ENTES EXPRESIVOS
Detrás están Helena Rojas, originaria de Chiapas, y Rodrigo De Noriega , quienes decidieron reunir caminos que antes caminaban por separado. Viajes, moda, diseño artesanal, arte, música, investigación y comunidad encontraron un punto de encuentro desde una pregunta común. ¿Qué pasa cuando dejamos de mirar al sur como periferia y empezamos a escucharlo como origen?
El sur no como geografía, sino como postura
En Ecos del Sur, el “sur” no es solo un punto cardinal. Es una posición ontológica. Un lugar desde donde se habla, se crea y se resiste. Un sur global atravesado por pueblos originarios, comunidades históricamente segregadas y saberes que han sido sistemáticamente invisibilizados, no por falta de valor, sino por exceso de hegemonía.
El nombre surge de una clase sobre sonoridad en la vida cotidiana. El eco como fenómeno físico, sí, pero también como metáfora cultural, lo que se emite nunca vuelve igual. Se amplifica, se contamina de otrxs cuerpxs, de otras voces, de otras experiencias. Bajo esa lógica, Ecos del Sur propone romper las relaciones verticales norte-sur para ensayar diálogos horizontales, sur-sur, donde nadie “salva” a nadie y todas las partes se reconocen como entes expresivos.
El eco como estructura viva
Más que un concepto bonito, el eco funciona como columna vertebral del proyecto. Tiene cuatro momentos que se activan constantemente y sin jerarquías fijas.
Todo comienza con la emisión. La fuente. Colaboraciones con creativxs, artesanxs, diseñadorxs emergentes, comunidades originarias y personas que entienden la creación como una forma de decir algo en el mundo.
Luego viene la reflexión. Las ideas chocan, se cruzan y se interpretan en canales transdisciplinarios, moda que dialoga con arte, gastronomía que conversa con territorio, diseño que se deja atravesar por lo performativo y lo político.
El retorno no es inmediato ni superficial. Es ontológico. Propone otros imaginarios, cuestiona lo hegemónico y deja pequeñas fracturas en el pensamiento colectivo e individual. Cambios sutiles que, con el tiempo, se vuelven decisivos.
Finalmente, la percepción. El eco final. No como cierre, sino como nuevo punto de partida. Aquí se resignifican los consumos, las identidades y las formas de crear. Nadie se queda fijo en un rol. A veces se emite, a veces se refleja, a veces se retorna.
Moda sin prisa, sin salvadores y sin megatiendas
Uno de los terrenos donde Ecos del Sur pisa con especial cuidado es la moda. No desde el espectáculo, sino desde el proceso. Aquí no hay interés en replicar lógicas de fast fashion ni en vestir el discurso decolonial para volverlo tendencia.
El foco está en proyectos lentos, sostenibles y situados. Talleres pequeños que no buscan ser “rescatados”, sino reactivados desde la colaboración real. Drops limitados, básicos bien hechos, materiales duraderos como piel y acero inoxidable, y precios que no traicionan el origen del objeto.
El cuerpo a cuerpo sigue importando
Ecos del Sur elige lo físico como prioridad. Los pop-ups no son solo puntos de venta, sino espacios de encuentro. Lugares para conversar, tocar materiales, escuchar procesos y desarmar la relación automática entre comprar y consumir.
En su primera activación convivieron proyectos como Steph Orozco con prendas genderless de upcycling ajustables y sin tallas fijas; Juxta, una cooperativa de mujeres que invierte la lógica tradicional al elegir ellas mismas a los diseñadores con quienes colaboran; y Crevette, con arreglos florales que parecen trenzas, cabellos y gestos escultóricos que dignifican un gremio en expansión.
La idea es clara. Hacer varios pop-ups al año, sin calendarizar de forma rígida, y construir comunidad con creadorxs y artesanxs que cuestionan los modelos dominantes. Desde recomendaciones visibles hasta carruseles que amplifican perfiles, todo suma si genera vínculo.
Viajar para entender, no para consumir
Otra de las rutas que traza Ecos del Sur son los viajes inmersivos. Senderos Telar, su piloto en Chiapas, no promete experiencias exóticas ni itinerarios forzados. Propone algo más complejo y honesto basado en el tiempo, la escucha y el contexto.
Durante seis noches y siete días, lxs participantes atraviesan sesiones de sensibilización sobre textiles tradicionales, apropiación cultural y extractivismo, visitan estudios de diseño y arte, además se adentran en comunidades como Zinacantán, Chamula y Amatenango del Valle para comprender procesos artesanales desde la profundidad cultural.
La gastronomía también es territorio. Desde propuestas como Kulanti hasta encuentros con cocineras como Claudia Ruiz Santis. Todo se complementa con espacios clave como el Centro de Textiles del Mundo Maya o la Galería MUY.
El público es diverso. Estudiantes de diseño, interioristas, creativxs, incluso dueñxs de antros. Porque entender el sur no debería ser una especialización, sino una responsabilidad compartida.
Lo que viene: Expansión sin prisa y sin rigidez
Ecos del Sur no se plantea como una estructura cerrada. Su visión a futuro incluye pop-ups, viajes, gastronomía en distintos estados, conversatorios, ponencias y colaboraciones abiertas a cualquiera que quiera activar algo desde esta red.
No hay obsesión por la venta ni por el crecimiento acelerado. La prioridad es la expresión, la comunidad y el juego creativo. Un espacio donde el styling puede ser radical, los sueños individuales tienen lugar y los cambios sistémicos se piensan sin fórmulas prefabricadas.
Las alianzas están sobre la mesa. Desde colaboraciones editoriales hasta proyectos corporativos que estén dispuestos a desaprender y a ensayar modelos horizontales reales.
Porque al final, Ecos del Sur no quiere hablar más fuerte. Quiere resonar mejor.
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Texto: María Fernanda Carmona
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Lunes 19/01 2026
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