CADA PIEZA DIALOGA CON PREGUNTAS MÁS AMPLIAS: ¿QUÉ SIGNIFICA CREAR DESDE UN TERRITORIO HISTÓRICAMENTE COLONIZADO? ¿CÓMO SE NEGOCIA LA VISIBILIDAD SIN PERDER AUTONOMÍA? ¿QUÉ HERENCIAS DEBEN PRESERVARSE Y CUÁLES TRANSFORMARSE?
Hablar de moda latinoamericana en 2026 ya no es una cuestión de representación estética, sino de posicionamiento cultural. Durante décadas, la narrativa dominante redujo la producción del sur global a exotismo, artesanía folklorizada o inspiración periférica para los grandes centros de poder. Sin embargo, el discurso ha cambiado. Exposiciones como Moda Hoy! Diseño de moda latinoamericanx y latinx, presentada en el Museo Franz Mayer, evidencian que la conversación ya no gira en torno a si la moda latinoamericana existe, sino a cómo se define desde dentro.
La muestra, adaptación de una primera edición realizada en Nueva York por el FIT (Fashion Institute of Technology), evita deliberadamente la estructura cronológica. No propone una línea del tiempo ni una sucesión de tendencias. En cambio, organiza el discurso a partir de ejes temáticos como política, sostenibilidad, herencias indígenas, migración y género. Esta decisión implica dejar de entender la moda latinoamericana como una suma de momentos aislados para concebirla como un movimiento cultural sólido y en constante transformación.
Herencias invisibilizadas, la moda latinoamericana no empezó ayer
En conversación con el curador Abraham Villavicencio surge una idea clave, el diseño latinoamericano no es un fenómeno reciente. Antes de que el mercado global comenzara a mirar hacia América Latina como territorio emergente, ya existían casas pioneras y diseñadorxs que sentaron bases sólidas para el desarrollo de una identidad propia, como Ramón Valdiosera o Macario Jiménez. Recordar estos antecedentes es fundamental para desmontar la narrativa del “descubrimiento” que suele acompañar a lxs creadorxs latinxs.
Nombres como Óscar de la Renta o Carolina Herrera suelen asociarse a la industria estadounidense; sin embargo, sus trayectorias están atravesadas por herencias culturales latinas. Esta contradicción revela un fenómeno constante, la absorción de identidades periféricas dentro de sistemas centrales que diluyen su origen. La exposición propone recuperar esas herencias y devolverles contexto.
Hablar de moda latinoamericana implica también aceptar su complejidad. No es una estética homogénea ni un imaginario compartido. Latinoamérica es pluralidad étnica, lingüística y política. Es una red de culturas vivas que continúan produciendo conocimiento, técnica y pensamiento contemporáneo.
En ese sentido, la muestra pone en diálogo propuestas como las colaboraciones de Ricardo Seco con artesanxs wixárika, el trabajo sostenido de Carla Fernández con comunidades textiles en Chiapas o la reinterpretación de técnicas andinas en piezas de Juan de la Paz. Lejos de apropiaciones superficiales, estas prácticas evidencian que el conocimiento ancestral no es ornamento, sino cultura activa.
Migración e identidad: Cuando el símbolo cambia de territorio
Esta reflexión se conecta directamente con la noción de diáspora. Las migraciones latinoamericanas han transformado las identidades culturales en múltiples territorios. Lo latino no es un punto geográfico fijo, sino una experiencia que se desplaza.
En la primera edición de la muestra en Nueva York, el discurso enfatizaba la cohesión de la comunidad Latinx dentro de Estados Unidos y desafiaba el estereotipo de que la moda latinoamericana es exclusivamente veraniega o tropical.
En México, el significado cambia. Una pieza que en otro país puede leerse como símbolo de representación o resistencia, aquí se siente más cercana, más cotidiana, incluso más propia. Esto ocurre porque la identidad no se interpreta igual en todos los lugares, sino que se construye según el contexto en el que se vive. Lo que en un territorio funciona como afirmación de presencia, en otro puede percibirse como parte natural de la cultura. La manera en que entendemos un símbolo siempre depende del lugar desde donde lo miramos.
La exposición subraya que Latinoamérica no es una categoría cerrada, sino un campo en constante reconfiguración. La moda, en este sentido, actúa como dispositivo de memoria y proyección futura, porque narra migraciones, preserva códigos culturales y los resignifica en nuevos espacios.
Sostenibilidad como ética, no como tendencia
Uno de los ejes más contundentes de la exposición es la sostenibilidad. Sin embargo, el planteamiento va más allá de la innovación material o el uso de biomateriales. La discusión se amplía hacia la sostenibilidad económica y ética.
En América Latina, muchos procesos creativos están vinculados a colaboraciones comunitarias y a saberes ancestrales que han sobrevivido siglos. Reconocer esas técnicas implica también reconocer a las personas que las sostienen.
Proyectos como los de Gabriela Hearst, que vinculan producción artesanal con estándares internacionales de lujo responsable, o propuestas como Escvdo y Caralarga, que trabajan con cooperativas y reutilización textil, evidencian que la sostenibilidad puede ser una estructura integral y no un recurso discursivo.
La respuesta, según el enfoque curatorial, radica en procesos horizontales, pagos justos y visibilización de todas las manos involucradas en la creación de una prenda. La sostenibilidad deja de ser únicamente una categoría ambiental y se convierte en un posicionamiento político.
Este desplazamiento ético es relevante en un contexto dominado por la hiperproducción y la obsolescencia programada. Frente a la lógica de lo desechable, la exposición sugiere la posibilidad de una prenda como legado. En muchas culturas latinoamericanas, la ropa no es consumo efímero, sino herencia. Esa relación afectiva y prolongada con el objeto desafía el ritmo acelerado del sistema de moda global.
Cuerpo, género y transformación
La moda latinoamericana contemporánea no es ajena a los debates impulsados por los feminismos y las disidencias. Al contrario, participa activamente en ellos. Diseñadoras como María Ponce proponen siluetas que monumentalizan el cuerpo y cuestionan la obsesión por estilizarlo bajo parámetros normativos. Por su parte, Bárbara Sánchez Kane articula una crítica directa al machismo mediante la apropiación y desestabilización de códigos asociados a la masculinidad.
Asimismo, propuestas como las de Iván Ávalos o Mancandy exploran la neutralidad de género desde la construcción misma de la prenda, mientras que Kris Goyri celebra formas tradicionalmente asociadas a lo femenino sin reducirlas a fragilidad
En estas propuestas, la prenda funciona como dispositivo de transformación. El cuerpo no es un soporte pasivo; es un territorio en disputa. La posibilidad de romper el binarismo se manifiesta no solo en el discurso, sino en la materialidad misma de las piezas. La moda, así entendida, no adorna la identidad.
Un movimiento en construcción
Este cruce entre estética y política atraviesa toda la exposición. Cada pieza dialoga con preguntas más amplias: ¿Qué significa crear desde un territorio históricamente colonizado? ¿Cómo se negocia la visibilidad sin perder autonomía? ¿Qué herencias deben preservarse y cuáles transformarse?
La exposición no ofrece respuestas cerradas. Su mayor aporte es plantear la moda latinoamericana como campo de pensamiento crítico. La región ya no se presenta como margen que busca validación externa, sino como productor de discurso propio.
Pensar la moda latinoamericana como movimiento implica reconocer que está en constante construcción. No es una etiqueta ni una tendencia de temporada. Es una red de prácticas que dialogan con la historia, la migración, la sostenibilidad, la identidad y el poder.
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Visitar Moda Hoy! es una oportunidad para mirar de cerca esas narrativas. Para detenerse frente a las piezas de diseñadores como Joss Ramirez, Willy Chavarría, LUAR, Steph Orozco, entre otrxs y entender que cada prenda es resultado de un entramado cultural, político y afectivo. La invitación no es solo a observar moda, sino a reconocer las múltiples capas de identidad, memoria y transformación que la atraviesan.
Más que una exposición, este espacio funciona e invita a la reflexión colectiva. Y acercarse a ella implica asumir una pregunta abierta ¿Desde dónde estamos mirando la moda latinoamericana hoy?
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