EL DISEÑO CONSIDERA PRINCIPALMENTE EL IMPULSO ESTÉTICO A CREAR OBJETOS PERO, ¿QUÉ HAY DE LA POSIBILIDAD DE DETONAR IMPULSOS SEXUALES?

Entendemos un estímulo como cualquier factor que puede desencadenar un cambio físico o conductual; como una señal externa o interna capaz de provocar una reacción en un organismo. En psicología es cualquier cosa que influya efectivamente sobre los aparatos sensitivos de un organismo viviente, incluyendo fenómenos físicos internos y externos del cuerpo y que generan una respuesta o impulso. En esta acción/reacción, un impulso para la sexualidad, de acuerdo con esta definición, sería una respuesta a distintos estímulos orientados a la búsqueda de una posible pareja para la reproducción o una respuesta placentera en nuestro sistema nervioso.

Cuando leo sobre sexualidad como una construcción social de un impulso biológico, una construcción multidimensional y dinámica, mediada por la biología, los roles de género y las relaciones de poder y por factores tales como la edad y la condición social y económica, me pregunto hasta qué grado influye el diseño en la sexualidad y la sexualidad en el diseño. Me vienen a la mente figuras fálicas y botellas de refresco con forma de torsos de mujer. 

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Pensemos en los espacios habitables, que, a excepción de fetiches y preferencias sexuales, es donde sucede esta relación estímulo – impulso – sexualidad. Silvia C. Carpallo cita a Magaly Grosso Cabrera, en su texto La arquitectura y el diseño de interiores influyen en nuestra sexualidad, quien dice que “el entorno definitivamente afecta nuestro desarrollo sexual”. ‘El espacio afecta “nuestro ánimo y disposición a través de los detalles decorativos y sus ubicaciones. Si no nos sentimos cómodos con nuestro entorno, se ve reflejado en nuestra actitud, disposición y desempeño.’  

Con este ejemplo podemos ver que tanto el espacio, las formas, y los colores, elementos presentes en el diseño, tienen un papel fundamental en el desempeño sexual, y para despertar (o no) el deseo. De esta forma tenemos una habitación acondicionada que estimule el romance o el cuarto de juegos mejor equipado que estimule el morbo; hasta la discreción arquitectónica en forma de marquesinas y setos en las fachadas de los hoteles de paso que estimulan el tabú.

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Para dejar de lado el tema de la arquitectura sexual y seguir con nuestra reflexión, la obra El Archisutra (Bolívar, 2017), un manual de diseño sexual para arquitectos y a quien C. Carpallo usa de referencia, nos recuerda que: “los edificios deberían diseñarse alrededor de la vida humana», y no hay que olvidar que «el sexo desempeña un papel importante en la sociedad y en la vida cotidiana”. El diseño no solo debe adaptarse al individuo, sino a la forma en la que se relaciona, también sexualmente.

Si regresamos a las definiciones de estímulo, impulso y sexualidad, nos encontramos con que son los sentidos los captadores de estas señales externas. El diseñador Jipson Lee (ganador de TED Talent Search) con su Teoría de diseño para los 5 sentidos, responde a su pregunta de  ¿por qué el sexo es tan bueno?, mediante un gráfico muy útil y unos cuantos ejemplos con el objetivo de hacer consciencia de las maravillosas experiencias multisensoriales. Con la teoría de que la actividad ideal es aquella en la que los cinco sentidos obtienen la puntuación más alta, nos encotramos con que la actividad que más se acerca a este ideal sensorial, es el sexo. Jepsen menciona ‘que hasta ahora los diseñadores se enfocan en un solo sentido, en ‘diseñar bonito’ que satisface al sentido de la vista y tal vez al tacto lo que significa que hemos ignorado al resto de los sentidos’. Pero, ¿qué pasa cuando sobre explotamos y exageramos los estímulos originales o básicos?

Estímulos supernormales

Arturo Troncoso, Psicólogo de la Universidad del Desarrollo, explica que “un estímulo supernormal o súper-estímulo, es una versión exagerada de un estímulo para el que ya existe una tendencia de respuesta en nuestro cerebro […]  este tipo de estímulo generalmente posee de manera exagerada atributos que son clave en la respuesta que nos genera en el cerebro, como lo sería por ejemplo el azúcar en los alimentos artificiales, el color y brillo de una fruta en un comercial, o las proporciones de un/a modelo de ropa que han sido modificadas por cirugía estética”. La pornografía, la comida chatarra o las redes sociales, son ejemplos de estímulos supernormales. 

En su canal de Facebook, Jaime Altozano, mientras explicaba la verdad sobre la música Pop, citó el trabajo experimental de Nicolás Tinbergen, etólogo y premio Nobel de Medicina; quien ya hablaba de estímulos supernormales.

Él se dio cuenta de que podía fabricar objetos artificiales que provocaran en animales reacciones instintivas más fuertes que sus reacciones naturales, de tal manera que alteró la reacción instintiva de un grupo de peces, de aves y de insectos obteniendo como resultado que los peces falsos podían sobrepasar el poder de los estímulos naturales; los machos ignoraban a otros machos reales para atacar a peces falsos de madera que tenían un vientre pintado de un color rojo más brillante y llamativo que el natural. Las aves preferían incubar huevos de yeso que a sus propios huevos y que una especie de mariposa macho se sentía más atraída a un carrusel artificial que a su propia hembra. Los estímulos de esos animales estaban preparados para el mundo natural no para objetos que la tecnología humana podría producir disparando estos estímulos.  

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El uso acelerado de la computación, los dispositivos móviles y el internet, disparó la cantidad de estímulos supernormales, a los que estábamos expuestos. Nos tocó la transición de lo analógico a lo digital, el uso de las redes sociales se volvió una de las actividades principales del día a día y vivir la era de la hiper sexualización digital, una era de sexualidad supernormal como medio de reproducción de estímulos artificiales, basta con googlear la palabra porno para obtener cerca de 1,280,000,000 de resultados, sin contar las miles de cuentas en Twitter con contenido para adultos.

Vivimos una era de relaciones sociales e interpersonales digitales por medio de apps de ligue (Tinder, Grindr y Bumble encabezan la lista), de experiencias sexuales a distancia gracias a los streamings en vivo y pago por evento, de avances tecnológicos en materia de estimulación sexual asistida: diseñadoras industriales, ingenieras  y ‘mujeres inteligentes que crean objetos sexuales fenomenales’ como Dame Labs; ingenieros desarrollando  juguetes sexuales para parejas como We Vibes; marcas y tiendas con distribución masiva y global para profesionales del porno gay, como Fort Troff que diseñan desde lencería, joyería y objetos motorizados,  hasta mobiliario y adecuaciones arquitectónicas; páginas porno desarrollando apps para jugar en pareja incluso a distancia o hacer rutinas sexuales para ponerte en forma como BangFit de PornHub; clubs de strippers en realidad virtual y medidores de intensidad orgásmica.  

Vamos a un punto en el que la línea entre lo real y lo virtual va a desaparecer, y de pronto habrá personas, actividades y espacios, cuyas caras reales, voces, o imágenes no conoceremos pero que de igual forma  tendrán la influencia y la importancia en nuestra vida, de una persona, actividad y espacio real. 

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Sin importar la aplicación del diseño en el lugar en el que se genere el intercambio de estímulos/impulsos, en los objetos sexuales conocidos y por conocer, en las relaciones sexuales físicas o virtuales y en los estímulos normales y supernormales, concordarán conmigo que este mes (o cualquier otro), al dejar un poco de lado nuestra sociedad de consumo; lo más rico es vivir la sexualidad de manera responsable, tolerante, diversa y sin transgredir la integridad de los demás. Feliz San Valentín. 


  • TEXTO: Bob J. Barraza

Fecha de Publicación:
Jueves 11/02 2021



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