SEGÚN UN ESTUDIO PUBLICADO EN THE LANCET PLANETARY HEALTH EN 2021, REALIZADO CON 10,000 JÓVENES ENTRE 16 Y 25 AÑOS EN 10 PAÍSES (INCLUIDO MÉXICO), EL 59% AFIRMÓ ESTAR MUY O EXTREMADAMENTE PREOCUPADX POR EL CAMBIO CLIMÁTICO, Y EL 75% CONSIDERA QUE EL “FUTURO ES ATERRADOR”

Inicias tu día y revisas las noticias, ves incendios forestales en lugares donde antes llovía sin cesar, y lluvias que desbordan ríos. Tomas tu café mientras piensas si el vaso es compostable. Te culpas. Te enojas. Y no sabes bien contra quién. ¿El gobierno? ¿Las empresas? ¿Tú? Bienvenidx al mundo de la Ecoansiedad (spoiler, no estás solx).

¿Qué es la Ecoansiedad?

El término “Ecoansiedad” fue acuñado por la Asociación Americana de Psicología (APA) y se refiere al miedo crónico al desastre ambiental. No es un diagnóstico clínico oficial, pero sí un estado emocional cada vez más reconocido por profesionales de la salud mental. Se manifiesta como ansiedad, tristeza, enojo, culpa, y una sensación de impotencia frente al deterioro del planeta.

Según un estudio publicado en The Lancet Planetary Health en 2021, realizado con 10,000 jóvenes entre 16 y 25 años en 10 países (incluido México), el 59% afirmó estar muy o extremadamente preocupadx por el cambio climático, y el 75% considera que el “futuro es aterrador”. No es para menos: el colapso climático ya no es un pronóstico futurista, sino una experiencia cotidiana.

Datos que queman: los hechos detrás del miedo

La angustia no es irracional: está respaldada por realidades que duelen. Aquí algunos datos duros que alimentan este sentir colectivo:

En 2018 durante Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, las Naciones Unidas declararon que el mundo tiene sólo 12 años para frenar el desgaste del Planeta y evitar consecuencias irreversibles. ¡Tic Tac! Nos quedan 5 años.

En 2023, la temperatura global promedio superó por primera vez el umbral de 1.5°C sobre los niveles preindustriales durante un periodo de 12 meses, esto lo confirmó la Organización Meteorológica Mundial.

Por si fuera poco, de acuerdo con el Informe de Brecha de Emisiones 2023 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el mundo va camino a un aumento de entre 2.5°C y 2.9°C si no se implementan políticas más ambiciosas.

Por supuesto, México no está exento: en los últimos 30 años, ha perdido más de 30% de su cobertura forestal original, mientras que el estrés hídrico afecta ya al 50% del país, según cifras de la SEMARNAT.

En este contexto, la ecoansiedad no solo es una respuesta emocional, sino una reacción profundamente lógica ante un sistema que sigue extrayendo, quemando, tirando. Ante las miles de noticias apocalípticas como terremotos, tsumamis, incendios, etc, lxs jóvenes no dudan en cuestionarse ¿Por qué estudiar para un futuro que no tendré?

Entre la culpa y la acción: ¿cómo se siente vivir con ecoansiedad?

La ecoansiedad es una paradoja: se siente individual, pero es estructural. La experimentas solx en tu cuarto mientras ves un documental de Greta Thunberg, pero es compartida por millones que también se preguntan si tener hijxs es ético o si llevar tuppers y termos realmente hará la diferencia. Esto sin contar que aunque los termos y demás alternativas eran para no consumir más plásticos, el capitalismo volteó la estrategia y ahora tenemos a personas comprando 5 o más productos con el mismo uso para tener variedad de colores o diseños. ¿Cómo vencer a este enemigo que usa nuestras armas para atacarnos?

Muchxs jóvenes la describen como una especie de duelo sin cuerpo. Una tristeza por lo que se pierde —especies, estaciones, certezas— y una rabia contenida ante la lentitud de la respuesta global. La culpa personal (no reciclé, viajé en avión, comí carne) muchas veces reemplaza el enojo que debería dirigirse a la acción.

¿Y ahora qué? El cuidado como resistencia

Aquí te compartimos nuestros mejores tips para sacudir tu ecoansiedad y seguir accionando tu amor por el Planeta.

Infórmate

El primer paso justo lo estás tomando en este momento. Lee, pregunta e investiga sobre la problemática ambiental que existe. Obtén información de fuentes profesionales expertas en el tema. No te abrumes con información mediocre o en formatos que te crean más ansiedad de la que ya tienes.

Puede ser que encuentres un poco de alivio teniendo información confiable y creíble para saber por dónde puedes empezar a trabajar.

Actívate

Toma el control y acciona tu pasión. Una de las mejores medicinas para la ecoansiedad es hacer algo al respecto. Ayudar a los demás tiene beneficios psicológicos. Encuentra el o los temas que te interesen más y busca proyectos que te ayuden a acercarte y conocer. Además de vivir una experiencia de primera mano, va a resultar muy educativo para ti.

Te recomendamos empezar con acciones simples. Prueba practicar los “Lunes sin Carne”, empieza un huerto en tu jardín, separa tu basura. Desarrollar un plan que te permita sentirse más en control de los problemas que más te preocupen.

Crea un vínculo más fuerte con la naturaleza

Suena como algo simple, pero pasar más tiempo al aire libre o con la naturaleza puede ayudarte a reducir tu nivel de ansiedad y mejorar tu conexión personal positiva con el medio ambiente. Te recomendamos también tener flores, plantas o algún otro elemento natural en tus espacios interiores con los que puedas interactuar. Tocar, oler, cuidar a la naturaleza puede reducir tu estrés.

Mantente optimista

Sin darse cuenta, puede ser que la sobre saturación en redes sociales y medios acerca del medio ambiente estén aumentando tu sentimiento de impotencia. Ver esta información una y otra vez puede causar estrés, especialmente si es inexacta, sesgada o agresiva. Revalúa de donde estás alimentando a tu mente. Reduce tu exposición a medios de comunicación y se muy crítico de quién o qué tiene acceso a ti.

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La ecoansiedad no se cura ignorándola. Se transforma colectivamente. Hablar de ella es el primer paso, y el segundo es recordar que no estamos solxs. En los últimos años han surgido redes de apoyo, eco-terapeutas, grupos de escucha, movimientos climáticos interseccionales y organizaciones lideradas por jóvenes en todos los continentes. El cuidado emocional ha empezado a reconocerse como parte de la lucha ambiental.

En palabras de la ecofilósofa Joanna Macy:

“Sentir el dolor del mundo es un acto de profunda conexión, no de debilidad.”

¿Tú qué opinas?


Fecha de Publicación:
Miércoles 9/04 2025