LA PALABRA “SEGURIDAD” SUELE REDUCIRSE A VALLAS, REVISIONES O PRESENCIA POLICIAL. PERO EN REALIDAD ES UN SISTEMA COMPLEJO, CASI INVISIBLE CUANDO FUNCIONA BIEN, Y BRUTALMENTE EVIDENTE CUANDO FALLA

El primer aniversario de lo ocurrido en el festival AXE Ceremonia no es solo un recordatorio de una tragedia, sino una grieta abierta en la conversación sobre cómo habitamos los espacios masivos de entretenimiento en México.

En 2025, durante el desarrollo del festival en el Parque Bicentenario de la Ciudad de México, una serie de fallas logísticas y de seguridad derivó en momentos de caos, personas lesionadas y una experiencia marcada por la incertidumbre. Aunque las autoridades y organizadores ofrecieron versiones y ajustes posteriores, lo que quedó fue una sensación compartida, la música no debería implicar riesgo.

La magnitud de la industria… y de su responsabilidad

Hablar de festivales en México es tocar temas de una maquinaria cultural y económica de gran escala. De acuerdo con datos de la Secretaría de Turismo (SECTUR), el turismo de eventos y espectáculos representa un componente clave en la derrama económica nacional, con millones de asistentes movilizándose cada año para conciertos y festivales.

A nivel global, el mercado de la música en vivo superó los 30 mil millones de dólares en ingresos en 2023, según reportes de la International Federation of the Phonographic Industry (IFPI) y de firmas de análisis como PwC. México no es ajeno a ese crecimiento. Eventos como Vive Latino, Corona Capital o el propio Ceremonia convocan a decenas de miles de personas en un solo fin de semana.

Pero esa escala también multiplica el riesgo. Más gente no solo significa más energía colectiva; significa más variables que pueden salir mal.

¿Qué significa realmente una industria del entretenimiento segura?

La palabra “seguridad” suele reducirse a vallas, revisiones o presencia policial. Pero en realidad es un sistema complejo, casi invisible cuando funciona bien, y brutalmente evidente cuando falla.

Una industria del entretenimiento segura implica:

  • Planeación de aforos realistas: Respetar la capacidad del espacio no es negociable. La sobreventa o saturación aumenta exponencialmente los riesgos de avalanchas, deshidratación y pánico colectivo.
  • Infraestructura certificada: Escenarios, estructuras, salidas de emergencia y señalización deben cumplir normas técnicas verificables. En México, esto se rige por reglamentos de protección civil locales, pero su aplicación puede ser desigual.
  • Protocolos de emergencia claros y ensayados: No basta con tenerlos en papel. El personal debe saber ejecutarlos bajo presión.
  • Acceso a servicios médicos suficientes: La Cruz Roja Mexicana recomienda puntos de atención proporcionales al número de asistentes, con tiempos de respuesta inmediatos.
  • Comunicación efectiva en tiempo real: Cuando algo ocurre, la información salva. Pantallas, audio y personal capacitado pueden evitar que la incertidumbre se convierta en caos.
  • Condiciones básicas de bienestar: Agua potable accesible, zonas de descanso, control de temperaturas, rutas de evacuación libres. Parece elemental, pero muchas tragedias comienzan en lo aparentemente menor.

Entre la experiencia y el límite

En los últimos años, los festivales han evolucionado hacia experiencias inmersivas con múltiples escenarios, activaciones, zonas VIP, instalaciones artísticas. Una ciudad efímera dentro de otra ciudad.

Pero en esa expansión a veces se diluye la prioridad fundamental, la integridad de quienes asisten.

El equilibrio es delicado. Un festival no es solo logística, es emoción organizada. Pero cuando la emoción se desborda sin estructura, el resultado puede ser peligroso.

Lo que dejó Ceremonia: Memoria, exigencia y vigilancia

A un año, la conversación no debería quedarse en la indignación momentánea. Las tragedias en espacios de entretenimiento, en México y el mundo, han demostrado que el olvido es el mejor aliado de la repetición.

Casos internacionales como el de Astroworld en 2021, donde murieron 10 personas en Houston, evidencian que incluso en industrias altamente reguladas, los fallos pueden ser fatales si no hay supervisión constante y responsabilidad compartida.

En México, la Ley General de Protección Civil establece lineamientos para la gestión de riesgos en eventos masivos. Sin embargo, especialistas han señalado que el problema no siempre radica en la ausencia de normas, sino en su aplicación irregular y en la falta de auditorías independientes.

¿Quién cuida a quienes van a cuidar el momento?

La seguridad en festivales no es solo tarea de organizadores. Es un ecosistema donde participan autoridades, patrocinadores, proveedores y también el público. Pero la responsabilidad principal recae en quienes diseñan y ejecutan el evento.

Porque al final, un festival es la promesa de vivir algo colectivo, intenso, irrepetible. Y esa promesa se rompe cuando el espacio no está preparado para sostenerla.

A un año del AXE Ceremonia, la pregunta sigue flotando como un beat que no termina de apagarse:
¿Estamos construyendo una industria que entiende que cuidar también es parte del espectáculo? La respuesta no debería esperar a otra tragedia para afinarse.


  • Texto: Redacción Coolhuntermx

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Lunes 30/03 2026