Foto por Octavio López

Foto por Octavio López


EN MUCHAS HISTORIAS SOBRE COMUNIDADES Y TERRITORIO, EL CONFLICTO SUELE OCUPAR EL CENTRO. MARCHAS, DENUNCIAS, DISCURSOS POLÍTICOS. BOCA VIEJA TOMA OTRA RUTA. EN LUGAR DE NARRAR LA LUCHA DESDE LA CONFRONTACIÓN DIRECTA, EL DOCUMENTAL DECIDE MIRAR LO COTIDIANO, LAS MANOS QUE EMPUJAN UNA LANCHA HACIA LA MAR, LAS CONVERSACIONES BAJO EL SOL, LXS PESCADORES QUE CALCULAN EL VIENTO ANTES DE ENTRAR AL AGUA, QUE PIDEN PERMISO PARA ALIMENTARSE DE SU FAUNA

Este documental es como una marea que avanza lento y nos obliga a detenernos; a sentir la arena que arrastra bajo nuestros pies. Durante 85 minutos nos acerca a la mirada de lxs pobladores de Boca Vieja, un pueblo pesquero de Coyula, Oaxaca.

Boca Vieja es el primer largometraje del cineasta oaxaqueño Yovegami Ascona Mora y forma parte de la programación de Ambulante 2026. La gira de documentales seguirá activa hasta el 21 de mayo, con un recorrido que reúne cine, reflexión y comunidad en distintas ciudades del país.

Sus próximas paradas serán Querétaro (19–26 de marzo), Michoacán (16–26 de abril), Morelos (23–26 de abril) y Baja California (14–21 de mayo). En cada sede, el público es invitado a reunirse alrededor del cine documental y de las múltiples miradas que emergen desde distintos territorios.

En Boca Vieja la vida avanza con la lógica de la mar —como ellxs le llaman—; ciclos de abundancia, temporadas difíciles y reconstrucciones silenciosas después de cada tormenta.

Sin embargo, lo que comienza como un retrato íntimo de la vida comunitaria pronto abre una pregunta más compleja: ¿qué ocurre cuando un territorio habitado durante generaciones es declarado Área Natural Protegida? La respuesta, como sugiere el documental, no es tan simple como parece.

Mirar con los verdaderos ojos de la memoria

Para entender Boca Vieja, hay que comenzar por el origen de su director. La película no nació como un proyecto distante ni como una investigación externa. Primero fue un regreso.

El documental surge del deseo de Yovegami Ascona Mora de reconectarse con el pueblo de su madre, un lugar que visitó muchas veces durante su infancia. Ahí aprendió a admirar la valentía de lxs pescadorxs y a descubrir lo sabrosa que puede ser la vida en la mar. Durante años, sus trabajos habían girado alrededor del pueblo de su padre, donde él nació. Esta vez decidió mirar hacia el otro lado de su historia familiar.

Esa conexión personal, sin embargo, no se traduce en nostalgia fácil. Al contrario, la película está atravesada por una mirada curiosa, casi infantil, que observa cada gesto con paciencia. Quizá por eso el documental transmite una cercanía difícil de fabricar.

La cámara no se impone; se integra. Permanece ahí hasta que se vuelve parte del paisaje. En la postproducción no se eliminaron los momentos en que la gente saluda al lente o pregunta a Yovegami qué está haciendo. Durante esos 85 minutos, la película te permite sentirte unx habitante más de Boca Vieja.

La película en realidad fue el resultado de un viaje para reconectarme con ese pueblo. Ese era el pretexto, volver y entender esa parte de mi raíz materna. Antes de ser cineasta, soy ese niño curioso que iba al pueblo a ver el mar, a ver a sus tíos y a sus primos. Luego fui con una cámara, pero nunca separé esas dos miradas.”

La defensa del territorio también se vive

En muchas historias sobre comunidades y territorio, el conflicto suele ocupar el centro. Marchas, denuncias, discursos políticos. Boca Vieja toma otra ruta. En lugar de narrar la lucha desde la confrontación directa, el documental decide mirar lo cotidiano, las manos que empujan una lancha hacia la mar, las conversaciones bajo el sol, lxs pescadores que calculan el viento antes de entrar al agua, que piden permiso para alimentarse de su fauna.

“Quería hacer una película que celebrara la vida en el mar, porque una forma de defender un territorio también es habitarlo y disfrutarlo.”

En ese sentido, la resistencia aparece en gestos mínimos. La comunidad se defiende viviendo. No como consigna, sino como práctica diaria.

La mar como personaje

Si algo domina la película, es la presencia del océano. No como paisaje turístico, sino como una fuerza viva que determina cada decisión de quienes habitan la costa.

Lxs pescadores hablan del mar con una mezcla de respeto y familiaridad. Algunxs dicen que el agua de mar está bendita, que la mar es mujer, preciosa. Otrxs aseguran que antes de entrar hay que pedir permiso, que no es traicionera, sino tú por darle la espalda.

Esa relación revela una dualidad constante, el mar alimenta, pero también puede volverse peligroso.

“Para mostrar la abundancia o el disfrute también hay que mostrar la otra parte. Por eso quise construir una película cíclica, donde se vieran momentos de abundancia y momentos en los que casi no hay qué comer”.

El documental avanza mientras se pesca, cae la tormenta, se organiza la reconstrucción. Hay alegría, pérdida, renacimiento. Nada permanece quieto.

Comunidad frente a la incertidumbre

En Boca Vieja, la vida nunca ha sido sencilla. El territorio ha sido codiciado durante décadas por su ubicación estratégica y por la belleza de sus playas. Hace alrededor de 40 años, varios pueblos de la costa de Huatulco fueron desplazados debido a proyectos turísticos. Boca Vieja fue uno de los pocos que resistieron.

“Hay un orgullo muy fuerte de pertenecer a este lugar, de cuidarlo y de seguir aquí. Si le preguntas a un pescador o a un niño de diez años, ambos te dicen que quieren permanecer en esta tierra”.

Ese arraigo explica por qué la comunidad continúa viviendo en un territorio atravesado por huracanes, lluvias intensas y constantes presiones externas. La respuesta, en muchos casos, es sencilla, porque ahí está su historia. Ahí sus ancestros pelearon, bloquearon el camino a extranjeros que buscaban lo que mejor saben hacer, enriquecerse con algo que no les pertenece, que nunca entenderán porque su ambición capitalista les ciega y les quita la sensibilidad para sentir la brisa marina.

La paradoja de las áreas naturales protegidas

El documental cierra con una información que, en apariencia, podría parecer positiva. El territorio fue declarado Área Natural Protegida. Para muchxs espectadores, esa noticia podría interpretarse como una victoria ambiental. Sin embargo, la realidad que enfrenta la comunidad es más compleja.

El decreto llegó sin que lxs habitantes lo supieran. Y aunque en teoría busca conservar el ecosistema, también abre una incertidumbre sobre el futuro del territorio.

“Hace décadas se decretaron zonas protegidas en otros lugares y después esos territorios terminaron llenos de hoteles. Tal vez no pase pronto, pero en 30 o 40 años podría estar en manos de otros intereses.”

La película no ofrece respuestas definitivas.
Pero deja una pregunta flotando en el aire salado. ¿Puede una política de conservación convertirse también en una forma silenciosa de desplazamiento?

El cine regresando a la comunidad

Después de su estreno, Boca Vieja regresó al lugar donde todo comenzó. El equipo organizó una proyección en el propio pueblo. Nadie esperaba lo que sucedió después. Llegaron casi 500 personas. Las sillas no alcanzaron, la pantalla quedó pequeña y la función se convirtió en una celebración colectiva.

La noche terminó con tamales, mezcal y conversaciones que se extendieron mucho después de que terminara la proyección. Tal vez ese momento resume lo que significa realmente el documental, una historia que vuelve a quienes la hicieron posible.

Un nuevo cine mexicano que nace desde los territorios

La presencia de Boca Vieja en Ambulante también forma parte de un fenómeno más amplio, el surgimiento de nuevas voces cinematográficas fuera del centro del país.

Durante décadas, hacer cine en regiones como Oaxaca parecía casi imposible sin pasar por las estructuras tradicionales de formación. Hoy el panorama comienza a cambiar.

“Es importante celebrar este tipo de cine, porque nos permite hablar de temas cercanos a nuestros territorios. Durante mucho tiempo parecía impensable hacer cine desde el sur de México. Ahora hay nuevas miradas que están contando historias desde sus propios lugares.”

Historias que, como Boca Vieja, no buscan explicar el mundo desde lejos, exótizandolo, sino observarlo desde adentro.

Una invitación a mirar el territorio con otros ojos

Más que un documental sobre una playa o un pueblo pesquero, Boca Vieja es una película sobre la relación entre las personas y el lugar que habitan. Sobre lo que significa defender un territorio sin discursos grandilocuentes. Sobre la fragilidad de los ecosistemas y las decisiones políticas que los atraviesan. Sobre comunidades que continúan viviendo donde siempre han estado, incluso cuando los futuros se vuelven inciertos.

Si quieres descubrir una de las miradas más sensibles del nuevo cine mexicano y reflexionar sobre las complejas tensiones entre conservación ambiental, comunidad y territorio, no te pierdas Boca Vieja durante su recorrido por el festival Ambulante.

A veces el cine no cambia el mundo.
Pero sí logra algo igual de importante, hacernos mirar dos veces aquello que creíamos entender, aceptar y hasta celebrar.


Fecha de Publicación:
Martes 17/03 2026