SE ESTIMA QUE EL 81% DE LXS NIÑXS YA TIENE PRESENCIA EN INTERNET ANTES DE LOS SEIS MESES DE EDAD. ES DECIR, HAY PERSONAS CUYA IDENTIDAD DIGITAL EXISTE ANTES QUE SU MEMORIA

Pareciera que hay algo hipnótico en ver a alguien doblar ropa mientras su bebé balbucea fuera de cuadro. Algo casi ritual en observar desayunos perfectamente encuadrados, rutinas de skincare entre juguetes de plástico, o confesiones sobre el cansancio materno que llegan en formato vertical. Las mommy bloggers no solo narran una vida, también la editan, la curan, la convierten en una especie de museo cotidiano donde lo doméstico se vuelve espectáculo. Y nosotrxs, millones, entramos a mirar. Pero ¿por qué?

El espejo emocional que consumimos

El fenómeno no es menor. Lo que hoy llamamos mommy bloggers o momfluencers forma parte de una economía más amplia, la del sharenting. Se trata de ese hábito de compartir la vida de lxs hijxs en internet. No es anecdótico, es masivo. Según el proyecto EU Kids Online, el 89% de las familias publica contenido de sus hijxs al menos una vez al mes . Y en muchos casos, la presencia digital comienza antes de que lx niñx pueda siquiera hablar. Como dirían en los Simpsons: ¿es que nadie piensa en lxs niñxs?

Ver a otras madres criar se ha convertido en una experiencia de consumo emocional. No solo observamos, también proyectamos. Buscamos validación, comparación, consuelo o incluso aspiración. Al fin y al cabo, la maternidad es algo totalmente humado, pero muchas veces históricamente se presentó privada y muchas veces solitaria. Ahora es colectiva, compartida, comentada. Un arma de doble filo, ¿no?

Y ahí aparecen figuras como Nicole Agnesi, Andy Benvides o Renata Haro, que no solo muestran la maternidad, sino que la construye como relato. Su contenido no es únicamente de sus hijxs es sobre identidad. Sobre quién se es cuando se es madre en internet. Desde los beneficios económicos que contrae hasta los peligros que han llevado a muchas a tapar los rostros de lxs niñxs.

La infancia como narrativa… y como algoritmo

Pero lo que parece íntimo también es estructural. Las plataformas premian este tipo de contenido. Videos con niñxs generan más interacción, más comentarios, más permanencia. Hay una economía detrás.

Un estudio sobre contenido infantil en TikTok encontró que ciertos tipos de exposición aumentan significativamente los “likes” y la interacción, incluyendo comentarios centrados en la apariencia de lxs menores. En otras palabras, la infancia no solo se muestra, se optimiza. ¿En qué momento la vida de unx niñx deja de ser vida y se convierte en contenido?

Algunas cifras tensan aún más el panorama. Se estima que el 81% de lxs niñxs ya tiene presencia en internet antes de los seis meses de edad. Es decir, hay personas cuya identidad digital existe antes que su memoria.

Lo que significa crecer siendo visto

Para las infancias, esto no es solo exposición, es archivo. Todo lo que se publica construye una huella digital que puede persistir años, incluso décadas. Esa acumulación de datos puede derivar en problemas como acoso escolar, uso indebido de información personal o conflictos con la propia identidad en el futuro.

Porque crecer ya no es solo recordar, es enfrentarse a versiones de uno mismo que nunca se eligieron.

Además, el tema del consentimiento es delicado. La mayoría de lxs niñxs no decide aparecer en redes. Y cuando crecen, pueden no reconocerse en esa narrativa. Expertxs insisten en que los derechos de imagen y privacidad pertenecen a lxs menores, no a lxs padres.

¿Por qué seguimos mirando?

Quizá porque estas historias están diseñadas para tocarnos donde somos más vulnerables. La maternidad digital mezcla ternura con espectáculo, intimidad con estrategia. Nos hace sentir cerca.

Hay también algo aspiracional. Esta la idea de que la vida puede organizarse, embellecerse, monetizarse incluso desde el caos. Que el cansancio puede editarse.

Pero también hay algo más oscuro y es una normalización. Ver tanto contenido de este tipo hace que la exposición deje de parecer exposición. Que compartir deje de sentirse como una decisión ética y se convierta en un gesto automático.

El Día de las Madres, entre el homenaje y la pantalla

En fechas como el Día de las Madres, este tipo de contenido se intensifica. Las redes se llenan de videos, cartas, homenajes, rutinas, “un día conmigo siendo mamá”. Consumimos maternidad como si fuera una categoría cultural más, como si pudiera encapsularse en clips de 30 segundos.

Y sí, hay belleza en eso. Hay comunidad. Hay verdad. Pero también hay una pregunta que sigue:

¿Qué significa amar a alguien en una era donde amar también puede implicar exhibir?

Quizá el futuro de la maternidad digital no esté en dejar de compartir, sino en aprender a hacerlo con conciencia. En entender que cada publicación no solo cuenta una historia, sino que construye una identidad ajena.

Porque mientras seguimos mirando, hay alguien creciendo dentro de esa pantalla. Nuevamente: ¿Qué nadie piensa en lxs niñxs?

Juguete Urbano Tamaulipas, Ciudad de México 2019. © MACIA Estudio. Proyecto desarrollado en colaboración con niñxs de Tlatelolco.


  • Texto: María Fernanda Carmona

  • Fotos: Cortesía

Fecha de Publicación:
Lunes 4/05 2026