Mundial 2026 y calendario escolar adelantado: La conversación que México no estaba teniendo sobre cuidados, trabajo y niñeces
Obra de Estefanía Sánchez
NO ES SOLO FUTBOL. SON MÁS DE 29 MILLONES DE ESTUDIANTES, FAMILIAS REORGANIZANDO SU VIDA Y UNA CIUDAD QUE EMPIEZA A PREGUNTARSE PARA QUIÉN SE ESTÁ PREPARANDO REALMENTE
Las ciudades que reciben un Mundial suelen vender la misma promesa; modernidad, turismo, inversión, prestigio internacional. Durante unas semanas, el país entero parece entrar en modo vitrina. Las calles se limpian más rápido, las cámaras internacionales llegan y los gobiernos hablan de “oportunidad histórica”.
Pero ahora hay cosas que rara vez aparecen en las postales oficiales, son las madres que no saben con quién dejar a sus hijxs, lxs trabajadores que no pueden modificar horarios y las familias que más que disfrutar este evento, por ser ciudadanxs de uno de los países anfitriones, lo están padeciendo.
Eso es exactamente lo que comenzó a ocurrir en México tras el anuncio de la Secretaría de Educación Pública sobre modificar el calendario escolar 2025-2026 debido al Mundial y a las olas de calor. La propuesta contempla que el ciclo termine el 5 de junio de 2026, más de un mes antes de la fecha originalmente prevista, el 15 de julio.
La medida impactaría a más de 29 millones de estudiantes de educación básica y media superior en todo el país. Y aunque el discurso oficial insiste en que se garantizarán los contenidos académicos mediante semanas posteriores de reforzamiento, el anuncio detonó una conversación mucho más profunda que el simple ajuste de fechas. Porque el problema no es únicamente educativo. Es social.
La escuela también es un sistema de cuidados
En México, la escuela cumple funciones que van mucho más allá del aprendizaje. Para millones de familias, representa la única estructura estable de cuidado durante las jornadas laborales de lxs madres y padres.
Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México se mantiene entre los países donde más horas se trabajan al año. Y al mismo tiempo, más de la mitad de la población ocupada vive en condiciones de informalidad laboral, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Eso significa algo brutalmente simple, millones de personas no pueden trabajar desde casa, pagar guarderías privadas o reorganizar horarios con facilidad.
Por eso, adelantar el fin del ciclo escolar no se siente como vacaciones para todxs. Para muchas familias se parece más a una emergencia logística.
La discusión explotó todavía más proque la jefa de Gobierno, Clara Brugada, pidió colaboración ciudadana para facilitar la movilidad y la experiencia turística durante el Mundial. Aunque el mensaje buscaba ordenar la ciudad frente al megaevento, muchas personas interpretaron algo más incómodo, la sensación de que la vida cotidiana debía hacerse a un lado para que el espectáculo internacional funcionara sin fricciones.
El Mundial cambia ciudades. A veces también las rompe
La historia de otros países anfitriones demuestra que estos eventos transforman mucho más que estadios.
En Río de Janeiro, durante el Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016, organizaciones sociales denunciaron desplazamientos de comunidades enteras, encarecimiento acelerado de rentas y megaproyectos urbanos que beneficiaron más al turismo que a lxs residentes.
En Johannesburgo, tras el Mundial de 2010, varios estadios construidos con inversiones millonarias terminaron subutilizados, mientras persistían desigualdades económicas en las comunidades cercanas.
Y en Doha, sede del Mundial 2022, el foco internacional terminó apuntando hacia las condiciones laborales, el costo humano de la infraestructura y la transformación extrema de la ciudad para adaptarse al turismo global.
El patrón suele repetirse, las ciudades comienzan a operar como escenarios temporales diseñados para ser consumidos visualmente. La prioridad cambia. Lx visitante se vuelve el centro.
Algunos estados, como Jalisco, ya anunciaron que buscarán mantener sus calendarios originales, mientras otros gobiernos pidieron reconsiderar la medida.
Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum declaró que la propuesta todavía está bajo revisión tras la ola de críticas públicas. Y quizá eso es lo más importante de todo, el debate dejó de tratar únicamente sobre futbol.
Ahora la conversación gira alrededor de algo que México arrastra desde hace años y rara vez enfrenta de manera frontal y es la ausencia de un sistema sólido de cuidados. Porque cuando la escuela cambia de calendario, quienes absorben el impacto suelen ser las mismas personas de siempre. Principalmente mujeres. Madres. Abuelas. Hermanas mayores.
El balón todavía no rueda y la ciudad ya empezó a sentirse distinta
El Mundial 2026 promete turismo récord, estadios llenos y millones de ojos puestos sobre México. Pero antes de que empiece el torneo ya nos preguntamos ¿hasta dónde debe modificarse la vida cotidiana de una ciudad para que el mundo la disfrute?
Porque una cosa es organizar un megaevento internacional. Y otra muy distinta es construir una ciudad donde sus propios habitantes sientan que deben apartarse para que la experiencia turística funcione mejor.