MUCHAS DE LAS HISTORIAS NO TIENEN QUE VER REALMENTE CON UN BALÓN. Y, SIN EMBARGO, MUCHAS EXISTEN GRACIAS A ÉL. EL MUNDIAL ES UNA RADIOGRAFÍA DEL PLANETA. UNA DONDE APARECEN NUESTROS PREJUICIOS, NUESTRAS VIRTUDES, NUESTRAS CONTRADICCIONES Y NUESTRAS FORMAS DE CONVIVIR
¿Cómo terminé interesándome en 22 personas corriendo detrás de una pelota? Voy a empezar confesando algo: a mí no me gusta el fútbol.
No crecí esperando los domingos para ver partidos. No tengo una colección de camisetas. No sé qué es un fuera de lugar. Si me preguntas quién juega en determinada posición, probablemente no tenga idea, yo ubicó a Paco Memo, que al parecer lo descongelan en cada Mundial, a Cristiano y a Messi (por obvias razones) y se acabó.
Y sin embargo, aquí estoy, viendo el Mundial. No porque de pronto me haya convertido en una apasionada. Lo veo porque si no lo hago siento que me estoy perdiendo una parte enorme de la conversación cultural contemporánea. Me da FOMO.
Mientras medio planeta habla de un gol, una polémica, un jugador viral o una celebración, yo quiero entender qué está pasando. Porque el fútbol nunca ha sido solamente fútbol. Es política, migración, identidad, clase social, racismo, turismo, masculinidad, cultura pop y la lista puede seguir.
Mientras lees este texto, el Mundial de 2026 se está convirtiendo en el torneo más grande de la historia. Participan 48 selecciones, se disputan 104 partidos y la FIFA estima que más de 6.5 millones de personas asistirán a los estadios en México, Estados Unidos y Canadá. En sus primeros días ya había superado el millón de asistentes presenciales, una cifra que pocas industrias culturales pueden alcanzar en tan poco tiempo. Y puede no gustarte el deporte, lo que trajo para el día a día de los mexicanxs, pero tampoco se puede ser ciegx y negar que sí es muy importante.
El fútbol es un fenómeno cultural
Hay quienes creen que el Mundial trata sobre quién levanta una copa dorada al final del verano. Pero si fuera únicamente eso, nadie recordaría el torneo cuatro años después, es más, ni se hubiera repetido después de la primera edición.
Lo que permanece son las narrativas. Ahora los memes. Las historias de migración que aparecen cuando una selección reúne jugadores nacidos en distintos países. El Mundial es una gigantesca obra colectiva en tiempo real.
Por eso artistas, fotógrafxs, diseñadorxs, cineastas, músicos y escritores llevan décadas obsesionadxs con el fútbol. No porque les interesen los sistemas tácticos, sino porque entienden que pocas cosas revelan tanto sobre una sociedad como aquello que la hace emocionarse.
Si alguien cree que exagero cuando digo que el fútbol rebasa los límites del deporte, basta recordar La guerra del fútbol, la célebre recopilación de crónicas del periodista polaco Ryszard Kapuściński. El libro toma como punto de partida el conflicto armado de 1969 entre Honduras y El Salvador. Aunque las causas reales estaban relacionadas con conflictos territoriales, desigualdad económica y migración, la escalada de tensión coincidió con tres partidos eliminatorios rumbo al Mundial de México 1970 y esa fue la gota que derramó el vaso. La guerra dejó miles de muertos y decenas de miles de desplazados. El fútbol no provocó el conflicto, pero se convirtió en el escenario donde una crisis mucho más profunda encontró una forma visible de explotar.
Pocas expresiones culturales tienen la capacidad de funcionar como catalizador de algo tan grande.
Y pocas cosas producen tantos personajes improbables, sobre todo en países con altas tasas de desigualdad. Pienso en Josimar Dias, mejor conocido como Vozinha, portero de Cabo Verde. Tiene 40 años. Antes de convertirse en una de las figuras virales del Mundial trabajaba como electricista. Frente a España realizó siete atajadas y consiguió un empate histórico para una selección cuya población apenas supera las 530 mil personas. De pronto, un hombre proveniente de un archipiélago africano más pequeño que muchas ciudades latinoamericanas estaba ocupando titulares internacionales.
A veces el Mundial parece una versión extraña de Los Juegos del Hambre. Las grandes potencias económicas concentran recursos, infraestructura y ligas multimillonarias. Sin embargo, durante unas semanas, países con presupuestos infinitamente menores pueden mirar a “los gigantes“ a los ojos y recordar que el talento no siempre sigue el mismo mapa que el dinero.
También es un espejo y sí hay que mirar dos veces el reflejo
Y aquí viene la contradicción. El fútbol habla de comunidad mientras mueve miles de millones de dólares.
Habla de unidad mientras convive con racismo, xenofobia y discriminación. Habla de pasión popular mientras algunas experiencias mundialistas cuestan más que una vivienda.
El fútbol es hermoso porque es humano. Y precisamente por eso está lleno de contradicciones, sobre todo cuando los intereses comerciales se meten.
Lo vimos con Julián Quiñones. A pesar de su rol como figura clave en el primer partido de la Selección Mexicana, las redes volvieron a llenarse de comentarios racistas en torno a su nacionalización. El Mundial no borra prejuicios, al contrario los deja sin filtro frente a millones de personas.
Pero también ocurre lo contrario. Aficionados noruegos se volvieron virales al organizarse y hacer un performance como vikingos remando. Las imágenes circularon como una puesta en escena cultural dentro de las gradas. El fútbol también es eso, una teatralización global de identidad.
Y mientras unxs representan cultura, otrxs dejan una escena distinta después del festejo. Vemos calles llenas de basura, espacios públicos saturados, residuos que muestran otra relación con lo colectivo.
El espejo nunca elige. Solo devuelve.
¿Qué tiene que ver el Mundial con los derechos humanos?
Más de lo que parece. Cada vez que un Mundial llega a una ciudad aparecen preguntas sobre vivienda, movilidad, trabajo, seguridad, acceso al espacio público y libertad de expresión.
Pero eso es el pan de cada día. En México, por ejemplo, colectivos de madres buscadoras han aprovechado la atención mediática que genera el entorno mundialista para recordar una realidad que no se detiene aunque el país esté en el foco global y destejando. Hablo de las más de 130 mil personas desaparecidas según cifras oficiales.
Mientras el mundo mira estadios llenos, ellas sostienen fotografías que deberían ser imposibles de sostener en cualquier sociedad funcional.
El contraste es brutal. El Mundial ilumina ciudades, pero también ilumina ausencias. Y esa tensión es incómoda, pero necesaria.
También aparecen preguntas sobre género. Durante estas semanas se volvió viral algo que jamás habría esperado encontrar en una conversación mundialista. Las mujeres coreanas del movimiento feminista 4B advirtieron a las mexicanas en TikTok que no idealizaran a los hombres surcoreanos solamente por consumir K-dramas o cultura pop coreana. Las creadoras hablaban de temas mucho más complejos relacionados a desigualdad de género, expectativas sobre el matrimonio, roles tradicionales y tensiones sociales que existen actualmente en Corea del Sur.
¿Hay Mundial femenil?
¿Por qué cuando decimos “Mundial” seguimos pensando en hombres?
La Copa Mundial Femenina existe desde 1991. La edición de 2023 en Australia y Nueva Zelanda rompió récords, pues hubo más de dos millones de asistentes a estadios y audiencias globales de decenas de millones. La final entre España e Inglaterra confirmó que el interés masivo ya existe.
El problema no es la audiencia, es la estructura. El Mundial masculino concentra miles de millones en derechos de transmisión, patrocinios e infraestructura global. El femenil opera todavía con una escala económica mucho menor, aunque el crecimiento es constante.
El otro día, mientras veía el México vs Corea, me pregunté qué pasaría si ambos torneos ocurrieran al mismo tiempo. No en calendarios distintos. Sino compartiendo sedes, visibilidad y narrativa global. No como gesto simbólico o una cuota, sino como decisión estructural.
El Mundial también tiene huella ecológica
Mover millones de personas entre tres países implica una logística enorme. Aviones, hoteles, consumo energético, residuos, infraestructura temporal y nuevamente, la lista puede seguir.
La FIFA estima más de 6.5 millones de asistentes para el Mundial 2026. Un solo vuelo redondo entre Ciudad de México y Nueva York puede generar alrededor de una tonelada de CO₂ por persona. Multiplicado por millones de viajes, el impacto climático es enorme.
Los megaeventos deportivos ya no pueden medirse solo en goles. También en emisiones.
Y luego están las cosas que no esperaba
Durante el partido entre Japón y Túnez, aficionadxs japoneses repartieron bolsas de basura para que lxs espectadores recogieran residuos en el estadio. La escena se volvió viral porque Japón ya había hecho algo similar en otros torneos, donde incluso limpiaban estadios completos después de los partidos. No es perfección, es cultura cívica.
También descubrí algo que no esperaba ver nunca dentro de este universo, hablo del fútbol para personas ciegas. La Colectiva de Mujeres Futbolistas Ciegas tiene a decenas de mujeres que llevan años desarrollando una disciplina que todavía pelea por ocupar espacio dentro del deporte adaptado en México. Lo hacen guiadas por la voz, siguiendo el movimiento del balón a través del oído y transformando cada partido en una coordinación precisa entre escucha, intuición y estrategia.
Hoy, ese esfuerzo está cerca de marcar un momento histórico.
¿Y por qué debería importarnos?
Simple y sencillamente porque es un laboratorio social. Mientras aquí hablamos de crisis, millones de visitantes lo describen como una de las mejores sedes del torneo, destacando su energía urbana, su vida pública y su capacidad de convertir cualquier calle en celebración colectiva.
El contraste también es parte del fenómeno. Quizá esa es la razón por la que sigo viendo partidos aunque no me guste particularmente el fútbol. Muchas de las historias no tienen que ver realmente con un balón. Y, sin embargo, muchas existen gracias a él. El Mundial es una radiografía del planeta. Una donde aparecen nuestros prejuicios, nuestras virtudes, nuestras contradicciones y nuestras formas de convivir. El fútbol nunca fue únicamente fútbol.
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Texto: María Fernanda Carmona
Fotos: Cortesía
Fecha de Publicación:
Martes 23/06 2026
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